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Á B C. J U E V E S 9 DE ¿UNÍO DE 19 33. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 17. dor le acusó ante la Comisión. N o hubo tal cosa. L o que hizo fué rogar al Sr. Galarza que se inhibiera en. vista de las acusaciones que se hacían contra él. L a prueba está en que el 25 de febrero, en la reunión que tuvo la comisión de Responsabilidades, y después de la declaración ante ella del Sr. March, el presidente, Sr. Cordero, aseguró que en la, declaración del encartado había rudos ata- ques contra el miembro de la Comisión se- ñor Galarza, de modo que queda demostrado, que la propia Comisión se dio por enterada de estas acusaciones. Subraya el hecho de que el Sr. Galarza no haya desmentido una sola palabra de cuanto el orador dijo referente al diálogo sostenido con el policía Honorio Inglés. E l Sr. R O Y O V I L L A N O V A hace uso de lá palabra y manifiesta que la petición de suplicatorios no es un trámite, sino una garantía que equivale al antejuicio. U n suplicatorio, que es la garantía que tiene el diputado no se puede arrancar precipitadamente y sin motivo. Añade que en la comisión de Responsabilidades preguntó que de qué se acusaba al Sr. March, y íe respondieron que de cohecho. Replicó entonces que el cohecho es un delito de dos, como el matrimonio, y que, por lo tanto, debía haber un cohechado. L a contestación que recibió fué la de que lo era el Sr. Calvo Sotelo. A eso no voy- -añade el Sr. Royo V i l l a nova- por que para acusar al Sr. M a r c h ha habido necesidad de acusar al Sr. Calvo Sotelo, sin causa de ninguna clase. Y por eso yo vengo aquí a defenderlo, porque, si bien fui su enemigo político, mi conciencia me ordena ampararlo cuando le veo víctima de una injusticia. S i el Sr. Calvo Sotelo hubiera usado su cargo para lucrarse, es indudable que habría tenido la ocasión con el Monopolio de Petróleos. Usó para el M o nopolio de Tabacos los mismos procedimientos que para el Monopolio de Petróleos, y la República se aprovecha de este segundo negocio, de tal manera, que el Sr. B ujeda. en el Congreso de Abogados ha podido decir que es un espléndido recurso de la H a cienda pública. Añade que, con respecto a la calificación del delito, que es absolutamente absurda, porque no hay delito de inducción a l a prevaricación, ya- que el prevaricar es sólo de funcionario público. 1 asunto, a menos que la Cámara en pleno lo atraiga a su fuero para examinarlo con toda clase de garantías. Demuestra que 110 hubo prevaricación n i cohecho y dice que es lástima que el Sr. Jiménez Ásúa, maestro de Derecho, según los socialistas, no intervenga para ilustrar a la Cámara. Luego de una breve intervención de un diputado catedrático de Derecho, que se manifiesta absolutamente de acuerdo con la teoría del Sr. Rey Mora, éste pide a la Cámara serenidad en un asunto que puede constituir una gran injusticia, qué puede ser aprovechado por los enemigos de la República para combatirla. S e suspende la sesión A l llegar a este punto son las nueve de l a noche, y como aún 110 se ha salido de la cuestión previa, o sea la del voto particular del Sr. Rey M o r a n i siquiera se ha tocado el asunto de fondo, el Sr. Besteiro, entre las manifestaciones encontradas de los diputados, propone que l a sesión se suspenda por una hora. A s í se acuerda. E n los pasillos. Comentarios A l suspenderse la sesión los diputados, que daban muestras de gran nerviosidad, sostu, vieron discusiones muy acaloradas. E l Sr. M a u r a dijo ante un grupo de periodistas que la sesión le había dado una impresión desagradable. E s t a s e s i ó n- -d i j o es una vergüenza, un asco. D o n Melquíades Alvarez manifestó que el diputado que dio muestras de un gran sentido jurídico fué el Sr. Rey M o r a a quien no le contestaron uno serlo de los argumentos que empleó para demostrar lo ilegal del procedimiento y lo absurdo de l a calificación. E l conde de Romanones, que permaneció en su escaño hasta que la sesión fué suspendida, dio una definición muy pintoresca de lo que es una sesión secreta. Dirigiéndose a. los periodistas los supuso perfectamente enterados de cuanto se había dicho en el salón de sesiones. -E n efecto- -le contestó uno de aquél l o s- lo sabemos todo. -S í- -d i j o el conde- esto del secretores una ilusión. U n a sesión secreta es una sesión pública, en la que se fuma. S e reanuda la sesión. Continúa la discusión del voto particular del señor R e y M o r a L a sesión se reanuda a las diez- -y media d é l a noche, con gran animación en la Cámara. Minutos a. ntes de dicha hora, los pasillos están llenos, y entre los primeros d i putados que acuden figura el Sr. M a r c h al que acompañan algunos amigos y diputados. E l Sr. B E S T E I R O concede la palabra al Sr. Royo Villanova, pero el derecho de p r i macía se lo disputa 1 Sr. G A L A R Z A quien asegura que durante la sesión de la tarde pidió la palabra antes que el Sr. Royo. Este no quiere discutir, y el Sr. G A L A R Z A refuta las opiniones sustentadas por el S r Rey M o r a y estima que el voto de éste es improcedente, puesto que no se trata de derechos, sino de ética, es decir de un asunto que atañe a la honorabilidad de la Cámara en general. Pide que el suplicatorio sea concedido, por tener la seguridad de que existen fundamentos para ello. Manifiesta que no dimitió el cargo de vocal de la comisión de Responsabilidades porque la misma Comisión se lo pidió reiteradamente. Señala que la comisión de Suplicatorios que concedió el del Sr. Calvo Sotelo es Ja misma que en el caso del Sr. M a r c l i pide mayores esclarecimientos, y pasa a hacer historia de todo lo actuado en este asunto por la comisión de Responsabilidades, desde qué empezó el trámite, r 1 E l Sr. R E Y M O R A rebate los argumentos del Sr. Galarza. Dice que no hay paridad entre el caso del Sr. Calvo Sotelo, cuando se concedió su suplicatorio, y. el actual del Sr. March. Entonces se trataba de un caso político, es decir del golpe de Estado del 13 de septiembre, y este hecho, entraba de lleno en los límites de la Comisión, que no tenía por qué pedir mayores esclarecimientos, dada l a índole de las dificultades que se acumularían en el caso de entrar en todos los detalles de aquel suceso histórico. E n cambio, en el caso del Sr. March, no se trata de un hecho político, sino en unos cargos que se basan en indicios de prevaricación. Estos hechos hay que demostrarlos, y por eso, todos los esclarecimientos han de parecer pocos para enjuiciar con garantía. Afirma que en la comisión de Responsabilidades no han aparecido de un modo oficial las famosas cartas a que constantemente alude el Sr. Galarza, y si son. conocidas por algunos miembros de la Comisión lo serían con carácter particular. Asegura que si de esas cartas hubieran tenido conocimiento otros miembros de la Comisión la actitud de ellos hubiera sido bien distinta. (E l Sr. Galarza le interrumpe para decir que la comisión de Responsabilidades envió a l a de Suplicatorios cuantas pruebas estimó pertinentes, y si no envió más fué porque no se las pidieron. Interviene el Sr. P É R E Z M A D R I G A L Recuerda el caso del señor marqués de Salamanca, que fué acusado por los miembros del mismo Gobierno, y no se explica cómo esta Cámara se muestra tan sensible cuando se trata de acusar a un hombre de nefasta historia durante la Monarquía y que quiere continuarla en la República. Ataca duramente al Sr. March. Dice que a él le bastó oír las exculpaciones del acusado ante la comisión de Responsabilidades y leer las actas notariales que presentaba para convencerse de que había motivos suficientes para procesarle. Estas palabras promueven un regular escándalo, pues el. Sr. R E Y M O R A increpa al orador, diciéndole que ahora sostiene absolutamente cosa distinta a aquella que expresó ante la Comisión. E l Sr. P É R E Z M A D R I G A L Eso no puede probarlo su señoría. E l Sr. R E Y M O R A Se lo probaré. en todas partes. Y voy a refrescar la memoria, de su señoría, porque yo recuerdo que cuando terminó de declarar el Sr. March su señoría dijo: S í e s necesario que pidamos a la comisión de Responsabilidades cuantas aclaraciones sean precisas, porque yo no entrego indefenso a este hombre. E l Sr. P É R E Z M A D R I G A L Pues me parece que el desmemoriado es su señoría. E l Sr. C O R D E R O B E L interviene nuevamente. Afirma que el Sr. Galarza dice una inexactitud cuando asegura que el ora- El señor R e y M o r a r. etira voto particular su Inmediatamente, el Sr. R E Y M O R A se levanta y- retira su voto particular, con lo que. se entra en el fondo del asunto. Intervención del señorGil R o b l e s Graves acusaciones del diputado agrario Después de un breve discurso del señor C O R D E R O presidente de la comisión de Responsabilidades, en el que hizo historia de lo actuado y defendió la gestión d i los vocales, interviene el Sr. G I L R O B L E S E n este momento alcanza su máxima i n tensidad. H a y una expectación extraordinaria y la Cámara escucha al diputado agrario en un absoluto silencio. E n el banco azul se encuentra todo el Gobierno. Comienza por sostener la teoría del señor Royo Villanova relativa a la inmunidad parlamentaria, y dice que se puede entrar en el fondo del asunto porque la Cámara tiene jurisdicción sobrada para ello. Por un mismo hecho no puede haber dos delitos distintos: cohecho y prevaricación. Ambos se excluyen. H a y cohecho si el funcionario dicta resolución injusta por dádiva o merced con lucro personal. A u n siendo cierto que el Sr. M a r c h entregara dinero a La Correspondencia Militar, no se puede decir por, 1 Antonidta, la coqueta Este divertido cuento, de López R u b i o una página recortable; EL HOMBRE MALO. CELIA D I C E por E l e n a Fortún; P E G A S P A R A REÍR. Estos son, entre otros, algunos de los originales que el próximo domingo publica Genáe M e n u d a Véase este suplemento infantil de BLANCO Y NEGRO
 // Cambio Nodo4-Sevilla