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LUDO DE LA NOVELA, P O R EMILIA P A R D O (CONTINUACIÓN) BAZAN Y a con la copita de verde licor delante, el afrancesado alemán dijo, sobándose su roja barba: -Crea usted que yo estaba a mil leguas... Fué Nordis el que me recogió en su coche, y pensamos... no, si hasta la ocurrencia fué de Nordis... pasar un instante por los elementos, para ver cómo adelantaba el cuadro del Salón, qué es de punta, aunque ese veleta de. Loriesse ha dado ahora, en la flor de rebajarlo sin piedad... Pues, nada, subimos... y en vez de encontrar, a ¡Viodal trabajando. -en la Crucifixión, ¿qué dirá usted que hacia? Raspaba con un cuchillo la cabeza de la Samaritana... Felipe María se estremeció por segunda vez... -Le reprendimos... la cabeza era preciosa! ¡y un parér cido con Rosario! Una mirada de voluptuosidad y de. aspiración ideal, todo reunido... ¡no me pregunte usted cómo, ese es el secreto del arte! Yo, por costumbre ya, por el maldito oficio, le hice la pregunta sacramental: ¿Qué hay de nuevo? Y al instante me soltó el escopetazo: M i sobrina se casa con Felipe María Flaviani. Mire usted, yo tenía mis barruntos... no precisamente- de boda, pero de flirtación... y como Rosario es una mujer de esas por quienes no es de extrañar que arda Troya. lo creí... ¡Lo creería cualquiera! Lo único en que me he fijado... pero después, ¡eh! no la echo de adivino... es en que Viodal hablaba como exaltado, como mortificado, con un tono raro y violento... ¡Pero Nordis... encontró una explicación plausible! Por mi parte me guardé bien de preguntarle a Viodal s i la noticia era reservada. Temí que dijese que sí y perder un bo. nito eco sensacional. ¡Siempre el picaro oficio... Cuando salimos, consulté a Nordis, que me trató de inocente, jurándome que Viodal sólo deseaba publicidad y reclamo. Como todos los artistas añadió. Y no hubo más? -Aquel día, no. Hago mi eco, sale, estalla como una bomba... y. al otro día, estando yo al remo, -j pataplum! Viodal entra como un bólido. Que. me. maten- -pensé- -si no tenemos rectificación. Aguantemos el chubasco. ¡Pero, sí, buena rectificación te dé Dios! Retractación es lo que se pedía. ¡H a propalado usted una falsedad! Pero, querido artista- -dije encomendándome mentalmente al santo Job- ¿no ha sido usted mismo quien... ¡Por Dios, una chanza! No le hacía a usted tan poco perspicaz... Y o sí que no le hacía a usted tan bromista... E n resumen, Dauff, es preciso, ¿lo entiende usted? que La Actualidad desmienta rotundamente esa paparrucha... ¿Usted cree que La Actualidad es algún molino de viento? ¡Bonito se pondrá el director! Sin cuidado me tiene; o se desdicen ustedes, o les desmiente yb... Diremos que se ha deshecho la boda. No, señor; que jamás se pensó en ella... Francamente... estuve por mandarle a escardar cebollino... que es lo que se merecía; pero el oficio le tiene a uno ya tan curtido y tan flexibilizado, que opté por calmarle, asegurándole que rectificaríamos, y rogándole sólo que me de- jase buscar una fórmula conciliadora para mi amor propio y para la infalibilidad del diario... ¡Vaya un lance -exclamó Felipe, fiándose en la. locuacidad del cronista para saber lo demás. ¡Un lance! Dos- lances dirá usted... porque apenas acababa de volver las espaldad el pintor, cuando, ¡paf! me cae encima el otro... mi colega de Oriente... ¡y qué apremiante venía! Sólo que éste, al menos, alegaba razones... rio era como el otro, que después de que tuvo la culpa... ¡A h! ¡Miraya es un mozo de chispa! -Miraya vale mucho- -asintió Felipe, que tenía el alma pendiente de los labios de Dauff. i- ¡O h! ¡Ese sí! Pues traía la misma pretensión... Que. desmintiésemos... Pero fundada... Y. Dauff sonrió con una especie de guiño de inteligencia. w 0 -Sí, fundada... -prosiguió, viendo que Felipe no respondía sino con otra sonrisa- He visto, claro, y he comprendido cómo la noticia tenia que molestarle a usted. Usted está en un casó distinto de todo el mundo. Debo añadir que La. Actualidad se encuentra dispuesta a hacerle a usted la campaña, no de frente, porque, al fin, es preciso guardar miramientos a Rusia, donde se nos lee mucho, pero con habilidad y bajo cuerda... Yo me encargaré de amansar al director... La Actualidad, en tres meses, populariza una causa en Europa... Felipe no respiraba casi. Y a distinguía la. luz que iluminaba aquel negro caos. ¿Y sabe usted- que es un chico muy simpático ese Miraya? -insistió Dauff- Tiene talento. Conoce nuestra literatura... ¡pero a fondo! Se sabe mis Ecos de memoria. Me aseguró que trataba de adaptarse a ese estilo en El Porvenir Daciano, un periódico del cual es lástima no entender ni la letra... Así y todo, traduciremos algo de su amigo de usted, Miraya. -Después de la entrevista con Miraya, ha comprendido usted bien que... -murmuró Felipe, fingiendo paladear a su vez un sorbo de bitter. -He interpretado- -declaró con suficiencia Dauff- Bastaron pocas palabras... A l buen entendedor... Miraya me suplicó que fuese siempre muy cauto en las noticias referentes al ilustre señor Felipe María de Leonato, porque su condición de hijo de Monarca reinante le exponía a calumnias y complots de todo género. L a boda- -añadió- -es, sin duda, un canard... ¡Y tanto- -respondí- pero el autor del canard es el tío de la novia: y acaba de estar aquí para rogar que la desmintamos. ¿Lo está usted viedo? -gritó Miraya, contentísimo- Sí; pero una cosaes que lo. vea y otra que me lo explique. E l proceder de Viodal es raro, cuando menos. Felipe debe de tener la clave. -Le aseguro que no- -afirmó Felipe, en tono natural: No he visto a Viodal hace lo menos... ocho días; y cuando estuve en el taller por última vez, no hablamos nada qué importase. Habrá sido una genialidad de artista. -De artista... o de hombre... -indicó Dauff- porque le tenía trastornado él meollo su sobrina... Cuando, uno es psicólogo. y perro viejo... esas cosas... Reprimióse con esfuerzo Felipe. Dauff prosiguió: -En fin, ¡me está costando una famosa jaqueca la- tal noticia! Por- eso me sobresalté al encontrarle. Creí que también usted venía a hostigarme para que desmienta... y como hace días que batallo con el director... y no adelanto una pulgada... Tres acometidas le he dado... por cierto que en una de ellas estaba allí- en. su, despacho el conde de Nordis, que me defendió, que salió garante de mi veracidad... y nada, que La Actualidad no es ningún zarandillo, que no v á l e l a pena, que ya se desmentirá por sí misma la noticia si es falsa, que peor para Viodal si gasta bromas necias, y que así se mirarán antes de contar a un periodista una grilla y comprometer a un periódico serio... -Este es el conflicto, y gracias que no lo agrave usted... No olvide que La Actualidad es la lanza de Aquiles... ¡Podemos hacer subir el papel Leonato... Un cuarto de hora después, parado Felipe ante el escaparate de Goupil, como si admirase las curiosas estampas, sólo pensaba en lo que ya creía evidente: la complicación traída por los celos de Viodal y mezcladas con ella las maniobras de Miraya y del. conde de Nordis... ¡Pero Rosario! ¿Qué papel jugaba en esta intriga Rosario? ¿Era cómplice de su tío? ¿Le había dado ella la noticia de su boda? ¿Era ella también la que le encargaba de desmentirla? Y si era inocente, ¿cómo guardaba silencio, cómo no enviaba dos renglones, cómo se parapetaba tras de su encerrona, cómo despedía a Felipe en la puerta? (Se continuará. 1 20
 // Cambio Nodo4-Sevilla