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ti o sí ci ó SI 0 s 1 aciona r les lo que ofrecen muchas obi; as, que no son otra cosa que imitaciones grotescas de productos artistico- patológicos, destinados a satisfacer el deporte morboso de minoría cultivadora de un esnobismo calculado. Tendencias no sentidas llevaron a varios escultores a realizar obra dé muñequería de cartón- piedra, que tendría su ambiente adecuado en feria pueblerina y no en certamen nacional. L a insinceridad dé nuestro tiempo produce el espectáculo l a mentable de que las consideraciones expuestas y otras muchas que podrían ser agregadas dícense al oído por gentes que a continuación, al actuar en la Prensa, en conferencias y en otras manifestaciones- publicas del pensamiento, se desdicen, halagando afanes turbios de modernidad para ganar concepto de avanzados; técnica de hábil cuquería, encubridora de ambiciones desligadas de toda probidad y sen- ido moral... E n la sala primera ofrécense, mezcladas con obras de arte decorativo, esculturas que, en su mayor parte, afirman claramente la tolerancia del Jurado de admisión. Un Cristo en cruz de un seudo primitivismo lamentable, un Don Quijote caricaturizado s i n f o r tuna, y otras obras, m á s bien de tallista mediocre que de escultor, producen impresión penosa al visitante que penetra en la sala. No obstante, una obra de Asorcy, el gran imaginero gallego, titulada Doloroso, salva el conjunto escultórico del recinto. Esta escultura en madera, obra de gran volumen, no se halla a la altura de otras producciones del artista. Algunas desproporciones y una confusión extraña en los pliegues de los r. mplio paños, unido a una policromía no muy entonada, rebajan el. valor de la obra. E l rostro- -trozr fundamental, por j e r a r q u í a anatómica y por afortunada solución -es ciertamente excelente, desde el punto de vista del sentim: to del dolor. E n la sala segunda, La camisa, talla en madrea, de Ortells, es figurita deliciosa, en la que el artista acertó a lar a la materia blandura de barro y morbidez de carne. U n a cabeza en m á r m o l de TorreTsunza. es ejemplar de fino barroquismo, expresivo y afortunado. Merece citarse con loa una delicada cábecita de niño- -bronce- de González G i l E l escultor animalista L u i s Benedito nos ofrece un pequeño bronce, cordialmente modelado, con el título de Ciervo herido. Esté artista conoce a fondo su especialidad. Disecador de bien ganado prestigio, dedicó muchos momentos a la observación de la r Escultura L a sección de Escultura ofrece un tolerable tono medio, en cuanto a calidad, y en tocante a orientaciones. Ello equivale en los- artistas a un alto en la marcha para otear el horizonte ante el temor de haber perdido el rumbo. Y a van siendo demasiados años los i n vertidos en ensayar ciertas orientaciones, que ni siquiera son nuevas, lo que supone embotamiento de la sensibilidad, pérdida de emoción y un repetir fórmulas sin contenido espiritual. Consiguientemente, l a actividad genuinamente artística- -auténtica actividad creadora- -conviértese en simple actividad automática, que vale tanto como, mera repetición decadentista. H a y que cambiar de rumbo en busca de tierras m á s p r ó vidas que compensen la esterilidad de las cultivadas hasta ahora. Causa profunda pena, la contemplación de obras de escultores bien dotados, que trabajan contrariando su propio impulso cordial ante el temor de ser tildados de anticuados; más lamentable a ú n el espectácu- Pérez Comendador, Desnudo de mujer Mármol. Soriano Monte gut. Mi madre