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nía prebabélico era precisamente choran español, el español puro que hizo a Cervantes, no que hizo Cervantes ¡el idioma del dolor español, no el idioma de Cervantes, como dicen en las conferencias hispanoamericanas. Lo primero y lo último que es preciso considerar en Larra es su tristeza, su desesperación, su asco, que le llevó, apoyándose en una contingencia amorosa, al suicidio. Lo habla logrado todo. Todo lo poco, lo nada jue se puede lograr en la vergonzante vida de las letras. La máxima popularidad periodística cuando el periodismo pareéis cosa aparte de la literatura, antes de que se pensara que ya los evangelistas fueron reporteros. Lo había logrado todo, menos que comprendieran su angustia. A los veintiocho años no cumplidos podía Considerar que no quedaba un solo paso que dar. A l g o peor aún: que como se hice Cbn los burros y los Caballos, le habían amarrado los pies, y sólo podría ya andar a saltos. En toda su labor periodística está vivo, latente, el desgarrón de esta obsesión. En diciembre de 1836, en Horas de invierno, se pregunta: j. Quién oye aquí? Todo le produce el mismo horror, 1 mismo asco de la desventura madrileña. En El pobrecito hablador escribe del café dünde se pasaba media vida, el redu- LA CASA NUMERO 3 cido, puerco y opaco café del Príncipe... Se afilaba, se hacía amarillo en la disidencia de todo. Podría repetir con Montaigne, y con más razón que Montaigne; Distingo este el principal miembro de mi lógica Su vida oscilaba entre el llanto y el bostezo. Por la mañana paseaba por la Carrera de San Jerónimo, Carretas y Montera. Saludaba a alguna damita halconera y hablaba con algún amigo. Si el amigo era tonto, nada. Si el amigo era inteligente, ya es sabido: no existía diálogo. La conversación de dos hombres inteligentes en España son dos monólogos sin concesiones Vuelta a casa. Almorzar, cambiarse de traje, y la calle de la Montera o el Prado otra ve 2. Los más elegantes paseaban a caballo desde Atocha a Recoletos. Claro qué siempre existia un recurso: ir después desde Recoletos a Atocha. La noche la podía pasar en un teatro o en un salón. En los salones se jugaba al ecarte y se bostezaba con algún disimulo. Fracasado en medio de su éxito. Fracasado en ciertas aspiraciones palatinas y sociales primero; en la amistad después, y en su matrimonio más tarde, hay un momento hombre, Ramón de Bastarra, nos decía a sus amigos en los últimos meses de su vida: Repetidme siempre que soy un magnífico escritor, decidme que mis versos son muy buenos... A vosotros no os cuesta nada... y a mí me hace muy feliz. Y eso y mucho más que eso pedía aquel pobre grande hombre de Fígaro a la mujer que tomó como pretexto y fin de desesperaciones vitales: Mírame a los ojos y devuélveme mis ojos pa ra que me convenza de que los tengo. Devuélveme mi amor, mi genio y mi fortuna, que se me borran en la soledad española. Dime que soy, que existo, que alguien ve cómo vfvo, pienso y amo No le supo decir nada de aquello Dolores A r m i j o aquella mujer que tenía un nombre que mejor le iba a Larra y un apellido que se nacía entonces sinónimo de España. No se lo supo decir aquella Dolores Armijo, aquella Dolores España que le puso una pistola en la mano un lunes de Carnaval. Así fué... y no podía haber sido de otro modo. A su muerte todo fué rencor, frialdad, estupidez. Da pena y sonrojo repasar las gacetillas de El Español, El Eco del Comercio, El Patriota o La Gaceta. Se le llamaba distinguido escritor cuando más. Si su nombre pasa entonces la frontera es para encontrar cosas D E L A CALLÉ D E SANTA CLARA, DONDE MURIÓ MARIANO JOSÉ tan divertidas, tan diDE LARRA. (FOTO DUQUE) vertidas... que hacen apretar los puños. Le en la vida de Larra en. que juega mucho más Voten? del s de marzo de 1837 dice: E l de lo que él se cree en la desastrosa aventuSr. Larra, literato español, tenia la manía ra con Dolores Armijo. Porque Dolores Arde creer que la Regente Cristina estaba enamijo era nada, más que una mujer hermosa. morada de él; la escribía frecuentemente, Y si a una mujer hermosa se le añade bonsin obtener nunca respuesta... dad, gentileza y talento, pues sigue posiblemente sin ser una gran cosa, y desde luego El señor conde de Larra decidió entonces sin ser absolutamente nada para la resolusuicidarse. Se le ha encontrado en su cuarto, ción de las grandes crisis de melancolía, del bañado en sangre, con una pistola en la fastidio acre y ocre de una sociedad torpe mano, ante el retrato de la Reina. y pueril, del enorme monstruo de contem ¡En fin... En su tumba escribieron: plar una desproporción manifiesta entre las Larra, o la amistad Siguen sin sentido esambiciones intelectuales y las posibilidades tas palabras. Hubieran podido escribir: reales. Larra, o la España sería más justo. Pero Dolores Armijo suponía en aquellos Tanto sugiere esta cuartilla encontrada, momentos todo. Cuando un hombre en las que apenas si me dló tiempo a hablar de ella. circunstancias de Larra pide su amor a una Es como todo lo que sugiere una vida, no mujer, no la pide sino que le devuelva a gri- dando jamás tiempo a vivirla. Cosas son estos dé pasión su propio yo. el yo que la ofretas de una profunda, eterna y digna tristeza. ce, el yo miserable y terrible que duda, que Porque aquella tristeza suya es la nuestra. Y tiembla y que parece caminar ciego y sordo no es una patética presunción. Es algo peor por la sordera y la ceguera del mundo en que todo eso: es agonizar a gritos sobre un que vive. mapa que se destifie; sobre un mar de asfalLarra la entrega su amor en última ins- to y seguro naufragio. tancia. Nunca se me olvidarán aquellas palabras que un excelente poeta, un excelente CÜSAR GONZÁLEZ- RUANO
 // Cambio Nodo4-Sevilla