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ISIiBSMSIllifllii W DOÑA CATALINA TJRQUIJO D E O R I O L E HIJO rnedallón. Una mano, b l a n c a y fina, se apoya en la butaca donde la señora se ha acomodado, mientras el. otro brazo alza en- alto la mano que sostiene el rostro. E n él brillan unos ojos negros, de intenso mirar, donde, el fuego de la voluntad luce aceradamente, y que son heraldos de- un- ¡alma bien templada y firme en sus resoluciones. E l pelo, también negro y algo rizoso, se peina sencillamente, separado en. dos crenchas idénticas por una. fina raya. Junto a su madre, el: hijo de la señora de Oriol es un alto muchacho de diez o doce años, de aspecto fuerte y decidido. Lleva al aire piernas y brazos, y su L traje, camisa y holgado pantalón, no. debe estorbarle para realizar proezas deportivas. L a cabeza, que en el cuadro es hermoso trozo de pintura, es aún casi infan- til, muy abiertos los ojos, todavía fáciles de asombrar; sensible la boca, que se aprieta seriamente, pero que sujeta lá risa con algún trabajo. Él pelo cae en espeso y abundante mechón sobre la frente, bajando casi hasta la fina línea de las cejas. Un brazo pasa tras la espalda materna, acobijado a tan seguro refugio; el otro cae sobre una pierna, abriendo los dedos con ese ademán especial de los chicos, cuyas manos no parecen conocer el reposo y están en él como en lugar inhóspito. L a señorita doña Gloría Villota. se muestra alta y erguida, semejando una belleza velazqueña, bajo la sombra de un árbol, en un paisaje frondoso y apacible, Un rico joyel redondo, donde chispean diamantes, cae sobre el raso negro del traje, y unos braSEÑORITA DOÑA GLORIA GONZÁLEZ VILLOTA
 // Cambio Nodo4-Sevilla