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V L a certeza de l a afirmación es evidente. E l genio de Goya consiguió reflejar con su arte supremo los rasgos característicos del vasto panorama histórico que las circunstancias pusieron ál alcance de su inteligencia; el de Una sociedad que agonizaba y el de otra naciente, con todas las convulsiones y estremecimientos que estos críticos y agitados períodos de transición llevan anejos, agravados por una guerra de invasión y por el levantamiento en masa de un pueblo que se revuelve heroico. Quiso el azar que algunos meses después de su nacimiento muriese el primer Borbón, lo cual hizo que Goya fuese contemporáneo de los cinco primeros Reyes de la dinastía, así como del intruso B o n a p a r t e siendo testigo, a partir de sus años mozos, de toda aquella turbulenta época que tuvo a la nación en constante lucha. E l arte deja de serlo cuando sólo plasma lo material y corpó reol Ha de animar sus concepciones un soplo de vida espiritual. E l talento sorprendente de Goya y la magia cautivadora de su arte admiran, aparte de las maravillas de la técnica, por el grado de espiritualidad que comunicó a sus obras. Pero entiéndase que el talento. es, fruto íue cuando germina en un cerebro no encuentra su madurez sino con el transcurso del tiempo. Una vez logradas todas las producciones, aun las desproporción más modesta, ostentan los rasgos del genio creador. E l culto que se profesa a Goya se extiende a toda España, pues aunque pintaba e scenas y personajes de Madrid sus obras eran nacionalesmuchas tienen el valor de verdaderos documentos históricos, y ofrecen mayor interés aquellas en que la ironía sutil deja adivinar lo que le fué vedado poner de manifiesto al pincel. Prueba clarísima de que ese culto se acrecienta con el transcurso del tiempo es el monumento que, debido al cincel del inspirado escultor Juan Cristóbal se ha de levantar muy en breve en el lugar más apropiado de Madrid, o sea en la vecindad del río, junto al arranque mismo de las alamedas de la Florida y entre las dos ermitas. L a idea del monumento, así como la elección de sitio para ser emplazado, fué del propio Juan Cristóbal, lo cual une al mérito de la espontaneidad el no tenerse que sujetar a. las bases de un concurso, dejando que la inspiración se desenvuelva libremente, en la seguridad de que ha de ser el público el único e inapelable juzgador. E n fin de cuentas, puesto que lo qué pudiéramos calificar de oficial no le estorbó para nada, Goya no hizo sino buscar constantemente el contacto directo con el pueblo. E n el pueblo encontró también el más leal y fervoroso sancionador de sus méritos. Esto sin contar también que en el caso presente se trata de un artista que, aunque f D E T A L L E D E L MONUMENTO. (FOTOS DUQUE. rosa de Sepúlveda y que pesa unas siete toneladas, mide dos metros, y otros dos el pedestal, que necesariamente, y por razones de perspectiva, ha de. ser colocado con alguna elevación so. bre el suelo. Y esto, tan sobriamente d e s c r i t o tan sencillo por su factura, es lo que constituye el monumento en el que Juan Cristóbal ha trabajado con fe y con ahinco d u r a n t e tres años. Todo el difícil problema artístico, que el escultor ha cqnse. guido resolver victoriosamente, consistía en dar vida al inmenso bloque, transmitir e s p i r i t u a l i d a d a la enorme cabezota y poner en l a expresión del semblante el gesto entre irónico, ¡tumbón y malhumorado del hijo de Fuendetodos, con la boca apretada y el entrecejo duro, como si quisiera concentrar su mirada p a r a escudriñar más a su placer, Ese gesto de Goya, que él también reprodujo cuando se retrató a sí mismo, ha sido tortura para los artistas. Fracaso para los que, sin dar con él, se encontraron con la caricatura; v i c t o r i a en cambio, para los afortunados. Entre ellos Vicente López, Benllhtre, Llaneces y a h o r a J u a n Cristóbal... Otro acierto que es. preciso apuntar consiste en la calidad y el color dé la piedra. E l matiz, ligeramente rosado, ha de entonar admirablemente en aquel paraje, junto a los verdes obscuros de los álamos y entre los santuarios grises. Destacará, ademas, suavemente sobre el fondo, constituido por el muro de la vía férrea, y no creo aventurado predecir que este monumento conseguirá hacerse popular en seguida y hasta llegar a. ser de los más populares de Madrid. Por lo detnás, y perdóneseme que como madrileño- -en. esta ocasión satisfecho- -insista en ello, no se podía imaginar un emplazamiento lilas adecuado. Allí, en la Florida, que fué también teatro de sus aventurillas, y a la que las gentes siguen acudiendo con alborozado júbilo los días festivos, con o sin verbena, es donde únicamente podía ser colocada su cabeza, para ser vista por el pueblo, del que sigue siendo ídolo, y presidir al propio tiempo sus fiestas. Tampoco estarán lejos de él las linajudas damas, contemporáneas suyas, que retrató en los angelitos de los frescos y a las que tan mordazmente fustigó cuando las retrataba. E l Ayuntamiento y sú alcalde actual, don Pedro Rico, han dado todo género de facilidades a Juan Cristóbal para convertir en realidad su afortunada idea, sin que esto quiera decir que cualquier otro Ayuntamiento y otro alcalde no hubieran hecho otro tanto tratándose de una manifestación artística que consagra la más pura y sentida de las afecciones madrileñas. cí 7 L joven- -excederá en muy Poco de la treintena- tiene ya una brillante carrera de triunfos, conquistados en buena lid, puesto que antes de cumplir los veinte años obtuvo en Madrid una segunda medalla (la primera vez que expuso) y después, en 1922, también en la Exposición Nacional, consiguió la primera medalla, preciada recompensa qué alcanzó asimismo en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, Quien acertó a interpretar a Cervantes interpretará igualmente a Goya, y si, llevado del fervor cervantino, uno aquí a las dos. figuras, es pofque recuerdo, como recordarán muchos, la hermosa talla policromada en que Juan Cristóbal reprodujo- -con destino al ¡Cuerpo de Inválidos- -el busto del escritor alcalaíno, busto que figuró en la solemne conmemoración que hace dos años dedicó el Círculo de Bellas Artes al Día de Cervantes. Otras muchas obras del joven escultor granadino, que, especialmente en los retratos, ha alcanzado lá finura de expresión y la exquisitez en el gesto, de los grandes maestros italianos, son garantía desacierto: pero si esto ttp fuera suficiente, ahí está el monumento mismo, que muy pronto podrá ser admirado por este pueblo de Madrid, de tan certero instinto y tan comprensivo, al que va especialmente dedicado. Se emplazará, como he dicho antes, entre las dos ermitas- ue vienen a distar entre sí unos treinta metros- en el lugar que se señala en el plano adjunto, acomodándose el trazado del paseo y de los jardines a las necesidades de índole estética y urbana. Tendrá el monumento poco más de cuatro metros de altura. L a cabeza, que es de piedra A. R A M Í R E Z TOME
 // Cambio Nodo4-Sevilla