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AL EBRO ¡Augusto Ibero! ¡Sacrosanto río que a toda la Península das nombre! j Tú que, al correr con sonoroso brío, templas tu acento como voz dé hombre, presta las notas de tu acento al míoF No quiso el cielo que, tu linfa clara llevando al mar Mediterráneo, fueses linde que incomunica y que separa; y anheló que, en victorias y en reveses, catalanes al par que aragoneses pidieran que tu curso fecundara, a un lado y a otro lado, uvas y riñeses: vino y pan en la mesa y en el ara. Y ansió que confundieses en tu lecho la lluvia jue ambas cuencas riega y baña; mas no quiso que, el álveo hallan- do estrechó, sacaras fuera, como el Tajo, el pecho, para anunciar, la destrucción de España, En tus cristales, límpidos y azules, al dorar el Montjuich como el Moncayo, del sol que nace o que se pone, el rayo copia las barras de sangrientos gules. Las barras que, por gala o por denuedo, bajo el timbre condal de Barcelona, trazara Carlos y ostentó Wifredo; las que del. rico Turia en la ribera don Jaime coronó con su corona e hizo bordar en la inmortal Señera, en cuya tela tremolante explaya sus heráldicas alas el murciélago que al revolar junto la curva playa, no osando aventurarse sobre el piélago fué en su casco cimera y atalaya; héroe de la aventura de 11 a. que, el sol buscando u. i nrn 1 u n O í a n l e u i n aln. t. t t y las mismas que un llevó hasta la. ciudad partewopea, que en el risueño golfo se retrata, donde el Vesubio, como roja tea, su púrpura inflamó con su. escarlata. E l templo del Pilar humilde besas mientras, en torno ele su fuste, el viento alza arremolina las pavesas del muro, ayer reparo y hoy cimiento, que es informe y perenne monumento de la fe y la constancia aragonesas. Y mientras gozas al tender sumisa la tablazón bruñida y transparenté que se riza y desriza sonriente, al copiar de la Virgen la sonrisa, el alinde que azoga tus espejos, cuando hacia el mar contra tu gusto corres, se anima con los vividos reflejos de los deslumbradores azulejos que esmaltan sus cimborrios y sus torres. Si, aunque río y no mar quiso que fueras la voluntad suprema y providente, intentasen que en mar te convirtieras el rencor, amargando tu corriente, y el odio, separando tus riberas, tú no renegarás, sagrado río, de tu limpia y excelsa ejecutoria, y, al encresparte, indómito y bravio, serás, cual siempre en. el solar natío, amor, firmeza, integridad y gloria. Y sí alguien, olvidado de su historia, como nave que corta sus amarras, quiere lanzarse al mar ancho y profundo... ¡no lo ha de hacer sin mutilar las barras que el gran Fernando, en Aragón segundo, dio a la princesa de Castilla en arras, cuando ésta en dote le ofreciera un mundo M A N U E L D E SA N D O V A L (Dibujo de Máximo Ramos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla