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C R Ó N I C A DE PARÍS. (Dibujos de Carlos S. de Tejado. SON UNOS PICAROS S O N unos picaros los últimos sombreros que las modistas han lanzado en el momento que escribo estas líneas. N o se enseñarán al público hasta que se presenten en los hipódromos; pero yo los he visto antes de que estuviesen incluidos, y quiero comunicar- a ustedes que su aire es raro, bonito y provocativo. L o s bretones de ala levantada toda alrededor se ponen de lado, cosa y a normal, pero además muy echados hacia atrás; se hacen de ioile lisa y se bordan en tono diferente; como adorno, un lazo gracioso, jj Luego veo una cloche de ala ancha levantada por delante; a l rededor lleva una banda de crespón azul, blanco y r o j o l a paja negra de este modelo es tan fina, que a través de ella se ve el pelo. D e raso beic e es el fondo de una g o r r i t a encajada sobre- una oreja; el resto es de alitas marrón muy alborotadas; otra copa cubierta de encajes se une al ala, de paja negro- laca. L a s gorritas de flores se diferencian de las conocidas en que se adornan con flores distintas de las que cubren el sombrero; por ejemplo, un sombrero de blenets se adorna con un ramo de amapolas; otro de. hojas, con un grupo de rosas L u i s X V I o de jacintos amarillos. A h o r a imagínense el modelo más imprevisto y a l a vez más seductor; se trata de una forma cuya copa, no estando separada del ala, parece fundirse con e l l a a l a derecha cae sin pasar de l a oreja, y a la izquierda se levanta con altivez y se une a la copa con un ramo át. myosotis de tonos suaves que se destacan sobre la paja negra; este sombrero no se coloca torcido hasta el punto que pensamos en la moda del año 1900. U n a sombrerera que no es de. las más conocidas conseguirá que pronto se hable de ella gracias a una idea genial. E n el momento en que las modistas se esfuerzan en crear para complacer a sus clientes, pudiéndose transformar los conjuntos de varias maneras, estaba indicado realizar, la misma evolución en los sombreros. L a sombrerera aludida hace lo. siguiente: sobre una forma de ala c h i quita coloca una banda de taf fetos c i ñ e n d o l a copa; cose algunos broches automáticos, y así cambia fácilmente el. adorno; un día pondrá l a coronita de flores, otro colocará plumas, después lazos. Y por último, un cordón trenzado. N o es preciso decir que estos if adornos van cosidos a su correspondiente banda de taffetas provista de broches automáticos correspondientes a los que tiene el sombrero. E l mismo sistema permite poner a un sombrera azul marino un lazo azul con lunares blancos, otro verde almendra y un tercero escocés. Estos lazos, muy sencillos, se colocan a l a izquierda y caen negligentemente sobre el pelo. P a r a dar mayor interés a estas novedades, nuestra sombrerera posee un juego de corbatas haciendo juego con los lazos; es seguro que esta prueba de ingenio obtendrá general aprobación, porque las señoras encontrarán la. economía unida al buen gusto. E l fieltro masculino tardará en. renacer de sus cenizas, porque cada día se afirma más l a feminidad absoluta. A l aparecer el canotier, cuyo abuelo usaron sólo los hombres, se puede: comprobar que los adornos le transforman; lleva detrás una peineta de flores o un lazo de terciopelo en el costado. -V e o que los gorritos de punto, indispensables para los deportes de invierno, han d e j a d o tan grato recuerdo, 1 v TEJIDO ESCOCES AZUL Y BLANCO V CON LINGERIE BLANCA BOROADA EN AZUL. (MODELO FRANCIS)
 // Cambio Nodo4-Sevilla