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A B C. D O M I N G O 12 DE JUNIO DE 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 31. CUATRO PISTOLEROS ASALTAN UN AUTO H I R I E N D O D E D O S TJROS A l SU OCUPANTE, A OU 1 EN ROBAN CU A- j RENTA MIL PESETAS j El suceso. C ó m o ocurrió el atraco. El L o s atracadores se fugan. E n L o que dice el chofer. la casa de socorro. E l relato de la víctima. herido, a una clínica. Y le hicieron un nuevo disparo a nivel de la tetilla. derecha. Entonces les hizo entrega de la cartera, que contenía treinta mil pesetas. E l Sr. Alvarez les pidió los documentos ue contenía la cartera, pues los. consideraa muy importantes, y los pistoleros le contestaron -Descuide usted, jjue ya se los enviáremos 1 L a audacia de los pistoleros ha plegado ya a un extremo realmente inverosímil. E l hecho ocurrido ayer mañana, camino del M a tadero, ha causado gran impresión en la ciudad, que clama, unánime, por un rápido y enérgico remedio a este estado, caótico en que se desenvuelve la vida sevillana, donde todo desenfreno ha tomado asiento. Urge poner coto a tanto desmán. N o se puede contemplar impasible cómo una y otra vez maniobran en la impunidad quienes se han propuesto acabar con Sevilla. Sería triste llegar al convencimiento de que no hay más régimen tutelar que- el de que cada ciudadano se tome la justicia por su mano. L o s atracadores se fugan Uno de los atracadores, tomó el volante y puso el coche en marcha. A l llegar cerca del cortijo de Maestrescuela sacaron al atracado y al chofer, los dejaron en el camino y siguieron en el auto hasta que se perdieron de vista. E l suceso A las nueve y media de la mañana marchaba desde l a Ciudad Jardín hacia el Matadero, en su auto, SE. -9006, el cabecero. de partido D Juan Alvarez Rueda, de cincuenta y tres años, con domicilio en la calle Oriente número 103, letra E Iba guiando el coche el chofer Antonio Diéguez. E n el camino salieron al encuentro del auto cuatro individuos, quienes dispararon dos tiros sobre el Sr. Alvarez, le quitaron cuarenta m i l pesetas y se llevaron el auto, dejando al atracado y al chofer en medio del camino. E n la casa de socorro E l chofer, Antonio Diéguez, cogió a su jefe y como pudo le llevó hasta la Gran Plaza. En este sitio tomó un. auto de alquiler y le llevó a la casa de socorro del prado de San Sebastián. E n el Prado, D Juan Alvarez fué asistido por el médico de guardia, D Antonio L e a l practicante, Sr. L a r a y alumno, señor Rodríguez Velasco. L a víctima de este suceso presentaba una herida por arma de fuego en la región hipogástrica, con orificio de salida, y otra herida de la misma naturaleza a nivel de la teFilla derecha, penetrante y sin salida. P r o nóstico, grave. E l Sr. Alvarez quedó instalado en una de las salas del Equipo Quirúrgico. chacho, que conducía un carrillo de manos. Añade que el chofer frenó, para evitar el inminente atropello, pero el del carrillo, pintado como se ha dicho, de verde, siguió maniobrando para impedir la marcha del coche hasta que atravesó el carro en. el camino, abandonándolo. Refiere la víctima que apenas hecha esta operación aparecieron tres hombres, pistola en mano. E l del carrillo sacó también la suya, dirigiéndose los cuatro hacia el auto. Entraron, uno por cada portezuela, obligando los del baquet al chofer a pasar junto al Sr. Alvarez. Toda la operación se hizo dentro del vehículo, por lo que, aunque hubiese pasado gente por las cercanías, hubiera sido, difícil eme se apercibiesen de la ocurrencia. E l relato de cómo se apoderaron del d i nero coincide con el que. hacemos anteriormente. Por lo que respecta al chofer, el Sr. A l v a rez dice que lo tuvieron constantemente encañonado y, por tanto no l e fué posible defenderse. U n a vez que los ladrones tuvieron en su poder las cuarenta mil pesetas, el que estaba al volante ipuso en marcha el coche- -el motor no se había parado- -y se encaminó hacia el cortijo dé Maestrescuela, en cuyas cercanías detuvo el vehículo, colocando en el suelo a la víctima y obligando al chofer a que permaneciese vuelto de espaldas hasta que desapareciesen. E l herido pidió a. los atracadores que lo llevasen a la casa de socorro, a lo que le con. testaron que ya lo llevaría su chofer. También les pidió los documentos de l a cartera, y e l más viejo respondió que se los enviarían. U n a vez desaparecidos los malhechores, Antonio Diéguez levantó. del suelo a su principal a quien con gran trabajo llevó hasta la Gran Plaza, donde encontró un taxi que, a gran velocidad, condujo al herido a la casa de socorro del Prado. C ó m o ocurrió el atraco A poco de salir de l a Ciudad Jardín, el chofer vio que en medio del camino se. le atravesaba un sujeto con un carrillo de mano, de color verde. Trató el chofer de desviarse, pero el del carrillo se orientó en la nueva dirección del auto, al mismo tiempo que soltaba las varas del carro. Frenó el chofer y le d i j o ¿Qué haces con el carro? Y ese momento de l a parada lo aprovecharon el del carrillo y tres individuos más, que, pistolas en mano, se dirigieron, a los del auto. 1 Tres entraron dentro del coche con el señor Alvarez y uno entró con el chofer, obligándole después a salir. Los tres, una vez acomodados frente al atracado, pistolas en mano le conminaron para que les entregase el dinero que llevaba gncima. E l Sr. Alvarez, como es natural, trató de defenderse y les dio unos veinte duros en plata que llevaba en un bolsillo del pantalón. -E s o no nos basta- -dijo uno. -P u e s no tengo más. Y el que capitaneaba el grupo ordenó a uno de ellos: ¡Daie! Y disparó. Pronto la camisa del Sr. A l yarez quedó empapada en sangre. Aún pudo llevar la mano atrás, al bolsillo del pantalón, y sacó un sobre que contenía diez mil pesetas, dándoselas a los atracadores. Los pistoleros que, por lo visto, sabían el dinero que llevaba el atracado, le exigieron imperiosamente: ¡Trae ya todo el dinero que llevas! L o que dice el chofer E l chofer relata el suceso en la misma for. ma que el herido, y añade solamente que el que tomó el volante no era muy buen- conductor, ya que al poner en marcha el coche se le caló, y al tomar la primera curva lo hizo con tal inexperiencia que estuvieron a punto de volcar. E l Juzgado de guardia Inmediatamente se personó en la casa He socorro del Prado el Juzgado de guardia, compuesto por el juez de San Vicente, don Eduardo Pérez Sánchez, y el oficial señor Varas. Parece que el herido relató el hecho en la forma conocida y manifestó que no conocía a los atracadores, si bien los reconocería inmediatamente si le fueran presentados. E l carrillo de mano E l carrillo de manos utilizado por los atracadores fué robado hace quince días del a l quiler de la calle San Agustín. Quedó abandonado en el lugar del suceso. Un suceso análogo que ocurrió en la calle C o n d e de Ibarra E l chofer a la Jefatura Cuando el Sr. Alvarez quedó en el E q u i po Quirúrgico, el chofer, Antonio Diéguez, marchó a la Jefatura de Vigilancia donde relató lo ocurrido. Dio las señas de los individuos: éstos eran cuatro: dos de unos treinta años; uno, viejo, bajo de cuerpo, y otro, jovencillo. Los cuatro vestían mal, de azul el que guiaba, el coche. Se recuerda que hace algún tiempo ocii rrió un suceso análogo en la calle Conde de Ibarra, del que fué víctima un tratante en carnes, apellidado Carranza. A raíz de aquel suceso se curó en la casa de socorro del Prado un individuo que dijo no conocer a su agresor, presumiéndose que recibiese la herida al discutir el reparto de aquel dinero. Ahora se relacionan ambos sucesos. E l relato de Ja víctima Don Juan Alvarez, víctima del escandaloso atraco, ha relatado el suceso, diciendo que salió de su casa en el automóvil de su propiedad, matriculado con el número 9.006, V que conducía el chofer Antonio Diéguez, Hombre de absoluta confianza del herido. Caminó, como de costumbre, hacia el M a tadero, y a mitad del camino, desde la Ciudad Jardín, se colocó ante el coche un mu- E l herido a una clínica A petición del herido y de sus familiares los médicos de la casa de socorro autorizaron el traslado a la clínica de Santa Isabel, donde se continuará el proceso curativo. Por la tarde, el Sr. Alvarez se quejaba de fuertes dolores en el vientre. L a temperatura del herido era muy baja- Había perdido demasiada sangre por el tiempo que transcurrió desde que fué herido hasta que se le pudo llevar a la clínica del Prado.