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A E C. M A R T E S 14 D E J U N I O DE 19 32. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 41. los aplausos, por el ruedo, los toreros monte ra en mano. Siempre que hay un lucido tercio de quites se cree, generalmente, que el toro es notable y que, por lo tanto, la faena va a ser también excepcional, y cuando la faena no es excepcional, sino sosa v vulgarcilla, y pesada y vacilante, como lo fué la de Ortega, la desilusión alcanza proporciones máximas. Pero si nos paramos a analizar las grandes cosas- de toro y toreros, del primer tercio, no definen bien al toro, que puede parecer lo que no es. Porque fué un terció lucidísimo, pero sin que se viera al toro perfectamente toreado. E l gran quite de Marcial, precioso y digno de los arrebatadores aplausos que le siguieron, es un quite dé abaniqueo que Marcial lo hace maravillosamente, aun en los toros que no son buenos y no pasan. E l quite asombroso de Fél i x Rodríguez lo remató airosamente por el lado izquierdo, y el toro se fué, y eii este tercio, por la maestría de los toreros, el toro equivocó un poquito. Añádase que. el. toro en los medios, donde le tomó Ortega, no estaba a gusto y empezó a gazapéar y a embestir sin embestida, sosamente, gazaponamente. Y al toro que gazapea, aunque haya sido muy noble y muy bravo, no se le puede hacer la. faena esperada por el primer tercio lucido. Situado el momento del toro, añádase que Ortega, quizá algo equivocado también, no tuvo su aplomo, su serenidad, ni su seguridad al pisar los terrenos, y tenemos la gran desilusión del público, que esperaba la faena cumbre y sólo vio faena defensiva después de los primeros fallidos intentos, pues ni con la derecha ni con la izquierda mano logró Ortega satisfacción, y le vimos vacilante, algo desconcertado y algo así como de no saber qué hacer con el toro. E l coche de un torero le custodian los guardias. Son los mismos guardias que hace unos días luchaban con el público que con el mismo torero en alto quería interrumpir la circulación. ¿Tan pronto se han olvidado de su ídolo? A Lagartijo después de una vida gloriosa, símbolo de toreros, la tarde de su despedida le apedrearon. N o hemos adelantado nada. -fí. Carrocharlo. E N VISTA A L E G R E ACIONES Y OT 1 CÍ ASÍ TAURINAS E n M a d r i d Marcial es el más grande... E n V i s t a A l e g r e R i c a r d o González, Palomino y Toreri. T o r o s en Algeciras. E n otras plazas. N o v i l l a d a s Otras noticias. EN MADRID chable no consiguió destacar la. faena. U n a estocada algo contraria acabó con el toro. A l decir algo contraria no lo marcamos como defecto, sino todo lo contrario; porque han de saber los que no lo sepan que cuando las suertes se marcan al lado contrario es qu ela reunión se ha verificado con exceso. Hubo aplausos abundantes. E l otro toro de FélixRodríguez es de los que ponen en trance difícil a ím torero. E l toro, desde el segundo puyazo empezó a caerse, pero de tal manera que no había toro. ¡Qué hace el torero? si no torea, malo; si torea, no se le da importancia. Pero algo hay que hacer. Félix Rodríguez quiso hacer faena. E l toro era efectivamente muy bueno. Toro de faena. Pero se caía y no podía hacerse faena porque faltaba toro y no se estimaba. Trance difícil para el torero. L o más adecuado, a mi juicio, es una faena breve, por alto, cuidando de que el toro no caiga, porque cada caída trae deslucimiento, aunque se esté toreando muy bien. Félix mató de media estocada y descabelló, y aunque hizo cosas buenas, no se lo estimaron por la causa señalada. Domingo Ortega tuvo una tarde desagradable. Pero no es así como damos idea de lo que aconteció. Mejor se reflejará su actuación diciendo que causó en el público una grandesilusión. A su primer toro, sin fuerza ni presencia, por la abecerrada cabeza, le macheteó y le mató de dos pinchazos, media estocada, y recurrió al descabello. Su labor desagradó. E l toro no pasaba, el toro no era para lucirse, pero Ortega no tuvo aquella voluntad de vencer de otras. tardes. Donde esto se vio más claro fué en el último toro. Este fué el toro de la gran desilusión del público, porque el toro, equívoco, no era lo que parecía o había parecido ser en el primer tercio. E l toro embistió muy bien. Por el lado izquierdo le dio Ortega muy buenos lances. Marcial hizo el quite de la mariposa y fué un clamor. Félix Rodríguez toreó por faroles, de rodillas, y así remató gallardamente, vistosamente, y fué otro clamor. Andaban por banderillas y aún estaban por los tendidos Marcial es el más grande... Madrid 13. E n la plaza apenas se oía el pasodoble musical de funeral al toro muerto. Otros ruidos humanos le tapaban. Pero los pañuelos despejaron la atmósfera y entonces oímoá que el pasodoble decía: Marciaaal es el más grandeee... Marcial daba la vuelta al ruedo con pago de saludos al aplauso frenético, en una mano el capote y en la otra la oreja del toro de la llanada de San Fernando, según se va a la Ciudad Rodrigo, a mano izquierda. Cuando por segunda vez salía el torero a los medios, empujado por el aire de los aplausos, todavía el pasodoble decía sin cansarse: Marciaal es él más grandeee... Y o había oído este pasodoble otras vecesen las gramolas de los cafés. Y me pareció una música ruidosa y sin sentido. Pero en la pla za de toros, con el público de pie en los tendidos, la mulillas al galope, el surco del toro de la oreja cortada, y el torerocon su cortejo de palmas, el pasodoble era un acierto. Y es que, indudablemente, el pasodoble de los toreros se inspiró en la plaza y para la plaza se escribió. ¿Qué había pasado? Rompió plaza un toro de D. Antonio Pérez, de San Fernando, y embistió tan bien al capoté del peón que le salió al paso, que Marcial, sin tantearle apenas, le vio tan claro que le toreó muy bien. Bonito quite de Lalanda, bonito quite de Fél i x Rodríguez, y como los toros no están igual en el primer puyazo que en el tercerro, cuando le tocó el turno a Ortega ya no estaba el toro para bonito quite. E l toro bravo y noble, se vio frente a la muleta de M a r cial. A los pocos pases eí toro perseguía la muleta que la mano izquierda extendía en abanico, mientras el resto del cuerpo quedaba inmóvil. U n giro de pies y otra vez la mano izquierda, como si solamente este brazo tuviera articulación. Luego, rodilla en tierra, un pase por bajo, con la mano derecha, perfecto desde su iniciación hasta el remate. Y- y a la plaza tenía ese ruido preliminar con que se embala el éxito. Y así valiente, seguro, con seguridad de técnica, como el que tiene el triunfo amarrado y no le quiere soltar, empuña muleta y acero y adora de rodillas al toro, que le mira asombrado con esos ojos grandes y tristes de los toros que parecen conocer su destino. Pincha el torero en una banderilla, al parecer, y luego da un gran estocada de las mejores esto cadas que diera Lalanda. Y el toro muere rápidamente y es entonces cuando entendemos el pasodoble incomprendido en el café. E l otro toro, el cuarto, que hizo una pelea, desigual, recargando en algunos puyazos, y Quedándose en los capotes, cuando Marcial le daba con la roja muleta en la cara, cabeceaba sin mover uña pata y retiraba la cabeza con pesadumbre, como si ya no tuviera ganas de fiesta. Y después de quebrantarle así un poquito le mató de dos pinchazos, una estocada y un descabello seguido de aplausos. Noble y bravo para los caballos fué también el toro segundo, aunque un poquito tardo en las embestidas de la gente de a pie. Félix Rodríguez intentó la pelea en los primeros pases, pero no logró- nonerse a tono contí. temple del toro, y sin hacer nada repro- s Ricardo González, Palomino y Toreri E l buen cartel preparado en esta plaza el domingo llevó gente casi para llenarla, a pesar de que la tarde, lluviosa y, desagradable, invitaba al retraimiento. N o fué del todo. mala la novillada de Z a- ballos. Los bichos eran desiguales en presentación y resultaron también buenos en cuanto a bravura, p ero en general se dejaron torear sin grandes dificultades. Ricardo González sigue paseando su mala estrella por estas plazas de segunda categoría y sólo de vez en vez muestra algo, de aquel arte suyo tan fino, sobre todo con el capote que le dio tan justa reputación. E s tuvo en su primero de la tarde, que mansurroneaba bastante, muy voluntarioso, se hizo aplaudir con el capote y toreó con inteligencia y con muchos deseos con la muleta, pero sin pod r sacar partido de su enemigo, al que despachó de un pinchazo sin soltar, media caidilla y cuatro intentos. Se le aplaudió con algunas aisladas protestas. Tuvo que matar el tercero por el accidente que sufrió Toreri y estuvo sin decisión, aunque mató pronto. También en el cuarto, grande y mogón, anduvo con muchas precauciones y estuvo mal con el estoque. Palomino toreó muy bien en un quite a su primero, al que puso dos pares de banderillas muy valiente, oyendo grandes aplau- sos. Con la muleta estuvo muy valentón, concurso de ias 1.000 peseras INTERESA A TODOS CONOCER LAS BASES D E ESTE CONCURSO A L C O N C U R S O D E L A S 1.000 PESETAS P U E D E N ACUDIR T O D O S SIN G A S T O NI ESFUERZO Véase miague y ro T o d a la correspondencia destinada a este concurso deberá dirigirse poniendo en el sobre P a r a el concurso de Blanco y Negro
 // Cambio Nodo4-Sevilla