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MADRID- SEVILLA 15. P E D E 3 932. í UN I O NUMERO DIARIO DO. S 1 M O ILUSTRAV 1 GE 9.170 OCTAVO AÑO S U E L T O 10 C E N T S NUMERO REDACCIÓN: PRADO D E SAN. SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES S ANUNCIOS, MU ÓZ OLIVE, CERCANA A I E T U A N S E V H X A EL DEBATE SOBRE LAS DENUNCIAS D E L S E Ñ O R GIL ROBLES DERIVA E N U N A VOTACIÓN DE CONFIANZA PEDIDA POR E L SEÑOR AZAÑA El señor Lerroux vota con la mayoría En la sesión secreta del miércoles quedó absolutamente probado y confirmado que el Sr. March, el perseguido, es el hombre que había negado su dinero a la revolución, y se le acusa por hechos notorios anteriores a la demanda de su dinero. Quedaron sin réplica, evidentes y abrumadoras, algunas revelaciones acerca de la forma, de los procedimientos y recursos empleados en la persecución, sobre todo la gestión tenacísima y chocante del Sr. Galarza, como fiscal de la República, como director de Seguridad- y como vocal de la comisión de Responsabilidades en pos del Sr. March. Todo esto, cosa juzgada, con sentencia firme por el tribunal de la opinión pública. Sobre, esto no habrá que volver, ni se ha vuelto, ni lo podía cambiar, ni lo ha cantbiadp la sesión de ayer. Pendiente de examen y juicio para la sesión de ayer, quedó un asunto incidental, pero gravísimo, de la sesión secreta. El suplicatorio contra el Sr. Calvo Sótelo era un pie forzado en el proceso del Sr. March. Contra el Sr. March no se podía ir sin complicar en el proceso al- ministro que le- adjudicó el Monopolio. Y el defensor del señor Calvo Sotelo, después de justificar la gestión acertada, y honesta de su defendido, pasó, a la ofensiva con un argumento enorme. Si el Monopolio que firmó el Sr. Calvo Sotelo es justificable, ¿qué habría que hacer con el Monopolio concedido por los dos ministros de Hacienda de la República? El Sr. Gil Robles mantuvo amplió y razonó, en el debate de. ayer las gravísimas denuncias dé la sesión secreta, y en pie han aued ado. sin réplica eficaz y sin refutación. El Sr. Prieto, defendiéndose con. un habilísimo discurso de contrataque, presentando un manjar sabroso al apetito de. la mayoría con una semblanza siniestra del señor March, se desentendió de los cargos que debía recoger, y sólo se detuvo en algún detalle para dar explicaciones que no afectan al fondo de la cuestión, a las irregularidades denunciadas. Nuestro juicio sobre el asunto es el que se le escapó. al Sr. Sánchez Román. Este gran jurista, interviniendo con ingenuidad, un poco a lo Cannprodón, y tirando el sentido jurídico a la escupidera, colocó los puntos sobre las íes. ¿Cuestión de legalidad? ¡Qué tontería! En el caso del Sr. March, como en todos, la República tiene que hacer lo contrario que la Monarquía. Lo que hizo el. Sr. Prieto es lo que había que hacer, fuese como fuese, de cualquier manera. Desenfado, desahogo, arbitrariedad, para deshacer y substituir de cualquier manera un Monopolio y desalo jar a un enemigo que pudo, si lo hubiera deseado, ser amigo y acreedor de la República. Esto es lo que hay en el asunto; cosa venial para el criterio ambiente. Insistió el Sr. Gil Robles en sus cargos y razonamientos, y como quedaban sin respuesta, endosó las denuncias a la iniciativa de las Cortes. Allá las Cortes, a desentenderse o a proceder. El Sr. Prieto respondió dignamente: Quería que se le fiscalizase; aceptaba el trámite de una comisión depuradora. Y aquí vino la parte trascendental y lamentable de la jornada. El presidente del Consejo interpuso la cuestión de Gabinete. El acuerdo de fiscalizar y depurar las denuncias sería la crisis total. Fué un gran error, porque el acuerdo, aceptado y aun solicitado por el ministro, y votado por una mayoría incondicional, no sólo no prejuzgaba la gestión del Gobierno, sino que más bien significaba una actitud airosa y un convencimiento absolutorio. La intempestiva cuestión de confianza tiene otras interpretaciones. Pero el error más grave fué del Sr. Lerroux. El Sr. Azaña hacía del chitan sobre las denuncias sólo una cuestión de. Gobierno. El Sr. Lerroux, una cuestión de Régimen. Declaraba en peligro la República por la depuración de las irregularidades. No es cosa de llorarlo. del presidente de la Cámara, iniciaría el debate en forma de interpelación. A todo esto, y en rápida gradación, sej iba caldcando el ambiente en la Cámara. E n el momento de levantarse el Sr. Gil Robles; para hacer su discurso, los pasillos se despoblaron y la atención estuvo concentrada en el salón de sesiones durante las cuatro horas, y media q u e d u r ó el interesantísimo) debate. Juicios, comentarios y actitudes después de la votación de confianza a! Gobierno E n otro lugar, y en amplio extracto, relatamos lo acontecido en el salón de sesiones. Terminado el debate hubo gran nerviosidad entre los diputados que, en avalancha, salían del hemiciclo. Se comentaban los i n cidentes de la discusión en forma acalorada, según el temperamento y l a situación política de los opinantes. Pocas veces la pasión ha llegado a tales extremos, como, al t é r mino de la sesión de ayer. Los diputados gubernamentales se mostraban satisfechísimos del triunfo que, a su entender, habían alcanzado los señores Prieto, Carner y Azaña. Decían que las acusaciones del Sr. G i l Robles habían sido pulverizadas por los ministros de Hacienda y Obras Públicas, y alababan la vista política del presidente del Consejo, al no. consentir, que se nombrara una comisión depuradora, pues entonces los ministros señalados hubieran quedado días y días bajo el peso de una acusación; vista política demostrada además con l a petición de confianza a l a Cámara. Decían también, sin duda poco duchos en las lides parlamentarias, que. era preciso sancionar l a conducta del Sr. G i l Robles, con un acuerdo de l a Cámara. Los radicales aplaudieron al Sr. Lerroux cuando éste apareció en los pasillos. Decían que D Alejandro había salvado con su generosidad un momento dificilísimo del G o bierno y añadían que, sobre todas las amarguras infringidas a su jefe por los actuales gobernantes, estaba el grande y sincero amor que aquél tenía al régimen republicano. Uno de los radicales de mayor significa ción agregaba que la actitud del Sr. Lerroux era la obligada en los momentos actuales de peligro evidente; pero que era mal camino el de contundir al Gobierno con la República. De ese modo se imposibilitaría siempre cualquier labor fiscalizadora de los grupos republicanos de oposición. Los diputados agrarios elogiaban sin reservas el discurso del Sr. G i l Robles, de enorme fuerza dialéctica y su rectificación espontánea y gallarda. Decían que ni uno solo de les argumentos empleados por el señor G i l Robles había sido contestado desde el banco azul. Aseguraban que el mismo señ o r P r i e t o había reconocido las infracciones habidas en todo el trámite de la gestión di recta y del concurso y que el éxito del se ñor Prieto se debió, no a l a refutación de las denuncias de orden legal formuladas por el Sr. G i l Robles, sino a que tuvo la habilidad de emplazar, la cuestión en el terreno m á s propicio para el é x i t o en el del odio que l a C á m a r a siente hacia el S r M a r c h Entendía asimismo que en pie las denuncias y sin posibilidad de que se examinen por una comisión depuradora, el Gobierno podría tener Antes de Ja sesión Durante la sección de ruegos y preguntas en la tarde dexayer los pasillos de la Cámara se hallaban animadísimos. Se preveía entre los diputados un debate apasionado y apasionante, alrededor de la interpelación para dar estado parlamentario a las denuncias formuladas por el G i l Robles en l a sesión secreta del jueves anterior. Socialistas y radicales- socialistas y azañistas descontaban el triunfo que habría de conseguir el Sr. Prieto al contestar las acusaciones; los radicales se mostraban reservados y esperaban el desarrollo de los acontecimientos, si bien entendían que el asunto, por su importancia, necesitaba de todos los esclarecimientos; y. los agrarios, amigos y correligionarios del Sr. G i l Robles, tenían el temor de que fueran las que fuesen las incidencias de la discusión, ésta terminara con una apoteosis del Gobierno. A l llegar el Sr. Prieto a la Cámara fué rodeado por numerosos diputados y periodistas. D i j o ante ellos que había visto al señor Béstéiró para, saber en qué momento pensaba situar la interpelación acerca del M o nopolio de Tabacos en las plazas de soberanía de Marruecos. Y o le he rogado- -añadió el ministro- -que dé, al debate la máxima amplitud, pues deseo que hablen todos los que lo soliciten, sin cortapisas de ninguna clase. Luego me limitaré yo a hacer una defensa escueta y breve. Momentos después D Miguel Maura, a quierf se suponía con el propósito de defender la proposición, incidental, manifestó a los informadores que había desistido de ello. Deseaba conocer nuevos datos que el S r G i l Robles pensaba aportar al debate, y por eso creía más conveniente que su intervención se aplazara hasta conocer, lo que el diputado agrario pensaba decir. H i z o suponer ésto a: los informadores que estaba convenido ya que el Sr. G i l Robles explanara su interpelación, ...con, el fin de reproducir las denuncias que hiciera- en la sesión secreta. A s í era en efecto. E l Sr. G i l Robles dijo a los periodistas que, a ruegos