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THUILLIER- E N F E R M O Nos io dijo el telégrafo, con su laudemónica crueldad; después cartas y noticias por teléfono amenguan l a gravedad de las primeras noticias. A E m i l i o Thuillier le ha dado en V i g o un ataque- de hemiplejía. E s en el lado izquierdo- -interiormente en el lado derecho- -no ha podido ser tocado el centro del lenguaje, y el gran actor conserva intacto el más precioso de los instrumentos de su arte. No hay inmediato peligro de muerte; pero aunque parezca cruel, no es esto lo que nos interesa. E l arte tiene u n egoísmo absolutista. Aunque es todo amor, es sólo amor para sí mismo, y, así, del artista no importa tanto la vida de su vida, lá v i d a de su carne, como la vida de su arte. Pero también el arte de Emilio T h u i llier volverá; ya los médicos hablan de una posible y rápida reabsorción. Se, ha dicho m á s de una vez que el cáncer es la enfermedad de los emotivos; yo, que adoro a los médicos y la Medicina- -por el estudio del cuerpo se aprende el alma, aunque no crea en ella el galeno, y acaba por saberse todo- yo, digo, me atrevo a pensar, con fundamento menos vago, que la enfermedad de la emoción es la hemiplejía. E l corazón generoso y valiente aguanta todas las sacudidas, pero envía un caudal de sangre qué no pueden soportar las arterias. E l corazón del emotivo es como una flor más fuerte que su estambre; como una rosa que no cabe ya engarzada en las débiles garras del capullo; como un fruto jugoso que pesa más que l a rama. ¿P o r cuántas emociones no habrá pasado el alma de artista sentimental, sensible sensitiva, como en el verso perfecto y sin huesos del poeta máximo, y el corazón apasionado del gran E m i l i o Thuillier, galán por antonomasia, en- vidia y. admiración de los hombres é ilusionado amor de las mujeres? E l ataque no supo escoger su. hora. Pudo sorprenderle en la actividad nocturna y no en el reposo matinal; debió abatirle con un sonoro verso de amores en la boca, según derribó al gran Pepe Lassalle, batuta en mano, al recoger el último acorde de una sinfonía. Como el torero, a pleno sol, ya que todos los artistas, por el imperio de su arte, debieran poder decir como VespaSiano: U n emperador debe morir de pie Pero nadie hable de morir, sino de renacer, y bien lo merece- -y así lo necesitamos- -el arte de Emilio Thuillier. Porque Emilio es, con Francisco Mórano, humano y violento; con Enrique Borras, fogoso e intenso; con Ricardo Calvo, poético, armonioso y musical, por no citar m á s que a los vivos, de una estirpe de actores que no acrece, que no se repite y que no se renueva. L a zona de sus posibilidades interpretativas es amplia y multiforme; tiene la máscara que ríe y la máscara que llora; muy español y muy cosmopolita, elegante y f a n f a r r ó n madrileño de todas las clases sociales, desde el marqués benaventino de Lo cursi hasta el popular Juan José, de Dicenta; andaluz, obrero y campesino, flor de madrigal p i caro en el Salvador de Malvaloca; francés con Cyrano, con el marqués de Priola y con Numa Roitmenstain, francés de muchas Francias, a ú n acierta con la gracia italiana de Petrucchio al través de la genial visión de un inglés. Hemos de verle todavía llenando con la prestancia de su arte nuestra escena; pero habrá de alejarse de ella con un paréntesis de espera. E s sólo un eclipse, del que h a b r á de volver con toda su l u z pero los amigos y los admiradores de su arte, todos los buenos aficionados al teatro, tenemos el deber de alumbrarle con nuestros elogios el cono de sombra donde padece su nostalgia. Y o escribo estas líneas torpes y emocionadas pensando en un solo premio para ellas: que E m i l i o Thuillier pueda leerlas; que pueda escribirme de su puño y letra hablándome de ellas; lo espero, lo sé, y una esperanza fuerte me dice que no son el responso de mi tristeza, sino el augurio de mi admiración. FELIPE S A S S O N E Tres ll tds O l í BET Guayaquil riquísima galleta a! cacao Deliciosa para los. niños; PUBUCIfS m X -fcada v BOMBÓN ve c 1 unca igualada KISS- KISS DELICIOSO OLIBET, menta, anís c h o c o l a t e limón.
 // Cambio Nodo4-Sevilla