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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E S I M O C TA Y O 10 GTS. N U M E R O DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VIGES IM O CTAVO 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E TUNIO D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A COLETTE, TENDERA Madame Colette h a abierto en París u n a perfumería. EL CAMINO D E L A 1 NMORTAL 1 D A D Sitges h a levantado un monumento a l a memoria de Santiago Husiñol. E L A M O R A LAS COSAS E l lamoso violinista K u b e l i k h a vendido, por reveses de fortuna, su violín, que le acompañaba hace veinticinco años. (Noticia de Viena. Es la noticia de toda Francia. Grave ejemplo para los escritores, dicen los periódicos sensatos. L a creadora de las Claudiuas, tan querida del público lector, abre una tienda para no verse obligada a escribir m á s libros que los que se le antojen. Y eso que su éxito no ha sido difícil. Madame Colette, especialmente cuando se llamaba Colette W i l l y antes de su divorcio, había dado al público lo que éste le pedía. Sabido es que los escritores de mayor calibre, como un Taine, un R e n á n o un Berg- son, no obtienen de sus obras otros éxitos quedos que no se cotizan en dinero. Las grandes ediciones eran para ella. Parece, que Colette debió de enriquecerse con la pluma. Sus libros son bombones, que los golosos de voluptuosidad deberían seguir disputándose por cientos de miles de ejemplares. Pues, tampoco. Los tiempos han cambiado. Resulta que para poder v i v i r con holgura de la plunía necesita madame Colette escribir copiosamente, a fecha fija, todo lo que le pide el editor, y ella no quiere fabricar en serie sus perversidades, sino una a una, y cuando se le ocurran. P a r a emanciparse de su editor, no ha hallado mejor medio que someterse a los caprichos de las compradoras de perfumes. E n rigor, no es lo mismo que Colette s e haga perfumista que Huysmans cartujo. N o se trata de cambiar de industria ni de. d i rección espiritual, sino de trasladarse de una a otra, rama de la misma industria. S i la gran Colette aprende a nuestra Celestina a tratar los rostros de mujeres con aceites: de estoraque y de jazmín, de limón, de pepitas, de violetas de menjuy, de alfócigos, de piñones, de granillo, de azofeifas, de neguilla, de aitramuzes, de arvejas y de carillas y de hierba pajarera no h a r á cosa muy diversa de la que solía al relatarnos las. travesuras de su Claudina. E n la gran unidad- de la industria francesa, lo mismo las atracciones del turismo y los hoteles, ferrocarriles y automóviles, que los casinos, las modistas, los restaurantes, los joyeros, las perfumerías, las trufas y. mostazas, los vinos aromados, las novelas. picantes y las exhibiciones teatrales de desnudos, todo os uno y lo mismo y a lo mismo tiende. Siempre se trata de la explotación deliberada del ansia de la Humanidad en provecho económico de Francia. A l cambiar la producción de novelas eróticas por la venta de perfumes, no se desnaturaliza la célebre escritora. Pero lo que ello muestra es que los lectores de libros franceses van perdiendo el deseo de los que halagan sus. debilidades. Empiezan a prefer i r los cuentos medievales de un Chéon o de. un Claudel. Quizá se están dando cuen. ta, m á s o menos obscuramente, de que cuando se halaga desenfrenadamente el instinto amoroso no es el amor lo que se produce, sino el hastío y el cansancio, y que, en cambio, en aquella Edad- Media en. que e l amor era l o p r o h i b i d o lo catastrófico, o trágico, surgía, sin querer, de todas partes, y hasta los monaguillos de la misa de. nuestro romance: P o r decir amén, amén, decían amor, amor. RAMIRO D E M A E Z T U Y a tiene el ilustre artista catalán lo que fallaba a su. gloria para parecer definitiva: una piedra modelada yor un escultor de talento. L a Humanidad no ha intentado nada más eficaz para defender a sus hijos predilectos del olvido. Todo lo demás, incluso la obra del hombre eminente al que pretendemos honrar, es vulnerable a l a doble acción del tiempo y del gusto colectivo. L a s bibliotecas y los museos tienen la frialdad silenciosa de las tumbas. E s preciso que el mármol, con su apariencia indestructible, supla la endeblez de los otros homenajes. Pero es el límite de l a gloria. Más afortunado que otros hombres ilustres, Santiago Rusiñol lo tuvo todo pronto. E s el privilegio de los prestigios locales. S u región los destaca y los impone. Pero E s paña hizo mucho por el esclarecido catalán. L e prestó el vehículo de nuestro idioma para internarse en ese vasto dominio, que pocos desdeñan sinceramente, que llamamos, sin i n tención despectiva, popularidad. Confinado en la lengua materna, él artista, catalán 110 hubiera podido comunicarse con. el mundo más que por medio de sus pinceles, y eso, acaso, no le hubiera satisfecho. Castilla ha sido siempre hospitalaria y generosa. Cuando Santiago vino a Madrid, su personalidad literaria era la de un amateur distinguido al que se. le franquean todas las puertas, porque es simpático y rico. Y o recuerdo aquellos tiempos con emoción. Enrique Borras, qué es la hidalguía personificada, solía invitarnos a comer todos los domingos en su cuarto del teatro de la Comedia. E n torno de la mesa del eminente actor nos sentábamos Santiago, Palomero, Miguel Utillo, Dicenta, Luis Tabeada y yo. Algunas veces aportaba por allí D Miguel de Unamuno, que era ya entonces la inteligencia m á s original y poderosa de nuestro país. Rusiñol se había hecho ya el tipo físico, de traza e indumento, que le caracterizó toda su vida, asociando reminiscencias renacentistas, a su silueta de bohemio de Mnntparliasse. Hablaba poco y nunca en daño ajeno, cualidad estimable y rara entre escritores y artistas. N o er. a vanidoso y dudo de que creyese que su obra podría sobrevivirle. Santiago daba la impresión del hombre que trabaja por divertir el ánimo entre las nobles ilusiones del arte, sin preocuparse de la posteridad. ¿Q u é idea se habría hecho del universo moral? L o ignoro. E n su obra apenas asomaba la filosofía, Fuerte, rico, dueño de un hogar modelo, festejado por. sus paisanos y querido de sus amigos Rusiñol no pudo entrar é n relaciones, i.i siquiera transitoriamente, c o n l a amargura. H a y hombres a quienes el destino les- concede lo que merece. A otris. se lo rehusa- todo y a los m á s no. les otorga sino la parte mínima de lo que ambicionan. Santiago Rusiñol fué de lo. primeros; J o g r ó lo que qni o y piulo conquisiar un- prestigio m á s brillante que sonoro. Ahora acaba de recibir lo que le faltaba y de las manos que, más le halagaron y m á s gratas debían serle: las de sus paisanos... M AKVtt BUENO Admiradores del virtuoso, melómanos y, escritores ultrasensibles, sienten, ante la noticia, una emoción romántieb- poético- sentimcntal- -otra serenata de Toseíli- que de seguro no ha experimentado Kubelik. Nadie le han quitado su violín; lo vendió él eu 10.000 libras esterlinas, con esa indiferencia que sienten los bohemios, por exagerada y saludable confianza en sí mismos, cuando los azota la adversidad. Y es que la adversidad, cuando no viene en forma de enfermedad, de locura o de muerte, nada puede quitarle al hombre. N i la inteligencia, que no se adquiere ni se presta; n i el amor, que es pena y placer sólo para quien lo siente, y al ex- tinguirse ya no es nada; ni el honor, que u n o mismo se da y uno mismo se quita. Kubelik; l e h a pedido a su violín, con el, que obtuvo días de gloria, lo único que el violín podía darle: dinero. L a gloria le seguirá sonríen- do, y el violín- -que 110 es una mujer- -no sonará entre otras manos como entre las suyas. E n cambio, sus manos- -a quien nadie puede quitarle la destreza- -seguirán tañendo otro, violín prestado; sobran violines en el mundo, y su espíritu de artista segui- r deleitándose a! escucharse a sí mismo. a r Porque el hombre de verdad, todo lo que en él vale lo lleva en sí mismo, y sus. satisfacciones van siempre de dentro afuera, y la adversidad sólo puede quitarle cosas. Todo consiste, para su felicidad, en que no sienta ese fetichismo por las cosas que ata lamentablemente a los hombres a los bienes terrenales. Ese amor por el mueble, por el instrumento, por el bibelote, por el atavío, que. e acompañó machos años, y a los cuales h a concedido, por ceguera de su idolatría, una condición humana de persona viva. Pero como no están vivas, no deben importar, que sólo importa para nuestro amor lo que vive, personas y animales, y no la- cosa inanimada. A m o r a la vida, bien, y deseo de vivirla i n tensamente; amor a la vida, pero- no a la casa donde vive; amor al. arte, pero no al instrumento en que se cultiva; amor a las letras, pero no a nuestro papel y a nuestra pluma. liste convencimiento, que sin duda tiene K u belik, puede ser la base de la felicidad verdadera. S i mucho me apuran, hasta en lo que se refiere a las personas, cantando con la indiferencia del flamenco andaluz: yo Y o m i r o a quien bien m e mira, 11 b a c a r i c i o n i halago. a a q u e l que por m i suspira con un s u s p i r o le p a g o Que podamos sentirnos absoluta y completamente felices mientras no nos quiten nuestro peine y nuestro cepillo. de dientes, que es lo que no dia vendido Kubelik, feliz con las diez mil libras esterlinas de su violín y feliz cuando se gaste la última. Desnudo nací, desnudo me hallo; ni pierdo ni gano que dice ni refrán y puede repetir siempre el hombre fuerte. Acaso sea. lo que m á s con- viene en estos gelatinosos tiempos que corremos, y en todos los tiempos convieno, segúrf el Omnia mectim porto de uno de los siete sabios griegos. FELirE SASSONE
 // Cambio Nodo4-Sevilla