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rSm rX UuZTen J TA CORRIDA ffs ¿SolíJ oá P DEL DE OREROS. -Odio toros del marqués de Albayda para Manolo Bienvenida, D L ¿gT rt a v El Estudiante. Los diestros navegaron aligar faena com Ut a hy PW diferentes ocasiones. Solórzanopasade Meta, a suprnnero. El Estudiante, en un pase natumi con la- izquierda. Fotos Pórtela. 7 MONTEPÍO P A R A LAS D E R E C H A S Con ser mucho lo que está haciendo la derecha auténtica, coiv ser infinitamente más de lo que podía esperarse de su apatía, casi centenaria, todavía conviene recordarla a menudo, tema s y principios que de puro elementales corren el riesgo de quedar olvidados o, por lo menos, de no ser tenidos en cuenta. lo que ellos merecen y las circunstancias aconsejan. E n primer lugar hay que predicar la íe en los ideales. El desistimiento de todo lo que puedan ser móviles mezquinos e interesados, aunque sólo fuera en apariencia. H a y que olvidar las conveniencias propias para pensar en la felicidad común, de la que, al fin y al cabo, es parte la nuestra. H a y- que poner todos los días el pensamiento en alto y hacer verdaderos esfuerzos espirituales por olvidar el yo tan dañino cuando se trata de campañas por un ideal, sea el que fuere. Para ello lo primero de todo es tener fe. Sin ella nadie es capaz de nada, grande, de nada serio, de nada duradero. L a fe en la causa, religiosa o política, es lo único que puede hacernos sacrificar las ideas por el ideal y aceptar un denominador común, un programa mínimo, aunque no sea enteramente el que anhelamos cada cual, porque se necesitan los esfuerzos de todos para reconquistar el tiempo y el trabajo perdidos. E l que no tenga fe, que no siga. Que se quedé en su casa o que se refugie enfrente, porque en una masa así, en estas circunstancias, los egoístas estorban y los descreídos y tibios son un peso muerto, que no vale la pena de acarrear. Y ya en el camino, es menester que nos hagamos una consideración, que tiene su i m portancia. E n las épocas de crisis de la c i v i lización la vida humana pierde valor en el mercado de Iqs sucesos. E n plena paz, en plena prosperidad, una vida es algo sagrado y considerable. E s respetable y respetada. E n los momentos turbios de la vida de los pueblos, y mucho m á s en las horas trágicas del mundo, como éstas que vivimos, las vidas pierden categoría quizá porque el espectáculo que nos vemos obligados a presenciar no justifica el esfuerzo que hay que hacer para conservarlas. Nadie puede negar que hoy se leen noticias de asesinatos y cataclismos con otro espíritu que hace veinte años. Y o ya sé que desde el punto de vista cristiano una vida siempre es sagrada, y sólo Dios tiene derecho sobre ella. Pero conviene que recordemos que, sobre tener el derecho que nos concede nuestra religión a dedicarla íntegra a la defensa de nuestros ideales, cuando son justos y lícitos, hay dos razones que nos deben empujar a arriesgarla cuando sea necesario con m á s esplendidez y menos cobardía que nunca: una de ellas, el poco respeto que inspira a los demás, síntoma, como he dicho, del regreso a la barbarie, que suele ser periódico en la historia de los pueblos, y la otra, que se podría condensar en la frase castiza y contundente de: ¡P a r a lo que hay que v e r! Y como los hombres de orden y de sentimientos religiosos, tendremos siempre frente de los que no piensan de esta manera, la desventaja de ese respeto innato a la vida ajena, lo menos que podemos hacer para compensar esa inferioridad en la l u cha es desprendernos un poco del instinto animal de conservación a todo trance, que es el embrión de todas las cobardías, y poner nuestra vida al servicio del ideal con todas sus consecuencias. Porque, además, si es cierto que vida no hay m á s que una, también lo es que el decoro y la dignidad humana son únicos y conservar aquélla a costa del martirio constante de éstos podría ser práctico, pero es despreciable. E l pasado alegre y confiado que nos ha traído a este triste presente y nos pone frente a un incierto porvenir, está lleno de cobardías, de egoísmos y de claudicaciones. Si las derechas han de ocupar en la vida pública española el puesto que merecen y que ansian, es preciso que recuerden a diario en toda su actuación que sólo con fe, con desinterés y con valor se llega donde ellas quieren. L a fe en los ideales renace por momentos, que para ello nada hay tan eficaz como verlos perseguidos injustamente y con saña sectaria. E l desinterés es m á s difícil de conseguir, pero también puede ayudar a ello la convicción, que por días será más honda, de que sólo renunciando a todo en aras del ideal, se l o g r a r á salvar algo. Y creo que estas pequeñas consideraciones que he apuntado trabajan ya en el ánimo de las gentes por la fuerza de los hechos y acabarán por convencerles de que a la postre, como dijo quien entendía de esto, los pueblos no mueren nunca por débiles, sino por viles. HONORIO MUXSA MAURA ASPECTOS DE U N A S O C I E D A D M O R 1 BUNDA El círculo mágico E n las épocas en que reinaba la elegante frivolidad, cuando un grupo reducido de personas unía a l prestigio de sus nombres las cualidades de la elegancia y de refinamiento, se formaba a su alrededor una aureola tan luminosa que bien pudiéramos llamarla el círculo mágico Y aunque el fenómeno no tiene ahora mayor trascendencia, vale la pena, quizá, dedicarle unas líneas por el mero hecho de que desaparece del mundo social. U n grupo reducido y selecto siempre es envidiable y envidiado- -aun en los pueMos menos envidiosos- pero la dificultad estriba en que el círculo sea en verdad tan selecto como lo pretenda ser o cual se lo imaginan los que no tienen acceso a él. Claro es que no hablamos aquí de los innumerables grupos, que han existido- en todo tiempo, formados por personas de gustos afines, ya fuesen literarios, artísticos, musicales o p o l í t i c o s etc. no; a los que yo aludo no tienen por requisito esencial ni la inteligencia, ni el talento, ni el cultivo de las bellas artes, ni siquiera una finalidad determinada; sólo requieren cierto refinamiento y gusto; cierta elegancia de. presentación y un empaque convincente que le dé la apariencia de superioridad. Es el arte de hacer creer a los dertiás que el círculo es m á g i c o el arte de la suprema ilusión: el espejismo. 1 r;
 // Cambio Nodo4-Sevilla