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Crónicas le París. E I h a i le d e Los Todos convienen en que ha sido la mejor fiesta la season. H a sido, más a ú n una fiesta y un ejemplo. L a sociedad, en efecto, sobrecogida ñor los- tris: tes ecos de l a crisis mundial, recelaba abrir sus saiones para fiestas mundanas; el esnub i s m o de la purée, de que nos h a b l a r a monsieur De F o u q ü i e res, reinaba en absoluto, y las personas del gran m u n d o ú n i c a mente se encontraban en las carreras de caballos, en el polo de B a g a t e l l e s o e n las fiestas benéficas. Y nada m á s ni los cinco bailes con quedos d i versos representantes de la casa R o t s c h i l d acostumbraban a obsequiar a l a aristocracia francesa y a la sociedad cosmopolita, ni las Embajadas extranjeras, siempre espléndidas; ni los representantes del antiguo Jaubourg, abrían sus salones, como no fuera para algunas comidas y reuniones v e s p e r tinas. H a sido, pues, preciso que unos jóvenes de la m á s alta sociedad de P a r í s- ¡l o s siete! portadores de ilustres nombres- -se pusieran de ixuerdo para romper contra el esnobismo de moda. Y el éxito m á s rotundo les ha a c o m p a ñ a d o en s u plausible esfuerzo. Quiénes eran estos paladines e s f ó r zados de la. alegría del v i v i r de la elegancia y del buen gusto? H e aquí sus nombres: P r í n c i p e Carlos d A r e m b e r g- vizconde de L a Berandiére, barón R o l a n d de L E s p é s conde Guy de G a b r i a c c o n d e Guy de Pomereu, conde A n n a n d de L a R o chefoucauld y conde Luis de Saint- Genys. Gra. tr acierto de esto: siete jóvenes fué la elección del local; era éste el antiguo y suntuoso, hotel del Sportutg- Chtb, cuyos salones están decorados al estilo del Imperio, y cuyos jardines se extienden hasta la avenida Gabriel, cercana a los Campos Elíseos. L a noche espléndida que siguió al primer día de verano, contribuyó a que la escogida concurrencia se esplayara por los jardines. Fueron muchos los príncipes reñios qno contribuyeron con su presencia a dar mayor realce a la fiesta. Asistieron: Don Jaime, doña Beatriz y doña Cristina de Bort ó n el duque y la duquesa de Nemours, la princesa Genoveva de Orleáns, condesa de Chaponay y el conde de Cliaponay, el prín- siete qués de P a r í s la señora de D i Antener P a tino, nacida B o r b ó n la señora y señoritas de Verea, señores de Propper; de L a r r i v i é re, de Sanz- Limautour, de B é i s t e g u i nacida Lancia; de Anchorena, de M a r o n e n a c i d a A l c o r t a de F l o r e s (D. R a i b ó n) n a c i d a P é r e z C a b a 1 e r o, de 1 Ortiz Linares, de R i vera y otras. E l fa iibourg acudió en p k n o allí los duques de: Doudeauville, que no se prodigan en fiestas m u n d a n a s l a princesa de Aremberg, los duques de A y e n los príncipes de Beauvau- Crapu, l a princesa Margarita de Broglie, cuyo retrato acompaña esta; crónica, para dar idea de la belleza y elegancia de las concurrentes a la fiesta; duques de Maillé, de Brisac, de Bitaccia, de E l c h i u g e n de H a r court, p r í n c i p e s de Croy, de C h i m a y y Robert de Broglie. Entreda juventud se destacaban: el d u q u e de Santo Mauro, el de Luynes, el de Lesparre, el de Mpntebello, el príncipe de Hohenlohe, el duque de l a Tremoille. T a m b i é n figuraban, entre otros grandes: nombres, los M u r a r -p r í n c i p e s J Aquille y P a ú l- príncipes de Merode, príncipes U d i v a n i v duques de P o z z o di Los invitados se atuvieron estrictamente a lo s o l i c i t a d o por los siete anfitriones de l a fiesta: ellos fueron de frac; ellas, con primorosas toilettes blancas, a las que algunas ha- bían a ñ a d i d o c o m o complemento pequeñas pelucas blancas, estilo L u i s X V resultando un conjunto de elegancia incomparable. ¿T e n d r á imitadores la feliz iniciativa de los siete? Es probable, porque ya se anuncian otras fiestas, habiéndose celebrado algunas, entre las que se ha destacado la dada en su magnífica residencia por nuestros compatriotas los condes de Gamio, que se vio honrada con la presencia de D Jaime, doña Beatriz y doña Cristina de Borbón, y en la que triunfó con todo el prestigio de su arte personal e inimitable nuestra eximia compatriota Raquel Mcllcr, que lucía por primera vez sobre su elegante traje de volan- tes de encaje negro- -muy español y muy castizo- -la cruz de la Legión de Honor, con que el último Gobierno francés acaba de premiar sus. méritos de artista y sus inagotables sentimientos caritativos. B TgO. v La princesa Margarita de Broglie. cipe y la princesa Jorge de Grecia, l a princesa Sixto de B. orbón- Parma, el príncipe y la princesa Rene de B o r b ó n- P a r m a el principe y la princesa Felipe de Borbón, el príncipe y. la princesa Aage de Dinamarca y el príncipe A g a- K h a n y la bec um A g a Khan, su esposa. M u y numerosa fué también la asistencia de americanos, entre los que figuraban algunos que llevan ilustres títulos españoles y extranjeros; tales el príncipe y la princesa Dieírichstcin, nacida ella Mcchita Dose; la marquesa de Salamanca, los señores De Martínez de H o z el marqués y la marquesa de Jnncourt y sil hermana la condesa de Cuevas de V e r a la duquesa de Sanl ú c a r la condesa de J a Mejorada, la condesa Pierre de Á r c a n g u e s ¡a marquesa de San Carlos de Pedroso: los señores de C o r cuera, señorita de Patino, marquesa y mar- MONTE- CRISTQ
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