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el M o n a r c a se hace, hombre para sentir y pensar como hombre, que este yugo que le impone u n ministro, a. quien respeta, pero no ama, le pesa ya sobre los hombros; tal vez escuche críticas acerbas sobre el ministro tiránico de labios de cortesanos, y no ha de ser Gastón de Orleans, hermano del Rey, el que pone en su boca mayor comedimiento al hablar del cardenal- ministro; sin duda, habrá- oído algún día l a voz del pueblo, que se siente harto de cargas y guerras; y con todos los odios, los disgustos, las envidias y los sufrimientos ajenos construye arqueta donde ocultar sus propios disgustos y ambiciones. Piensa que si F r a n c i a y él R e y se ven libres del cardenal, volverán sus ojos hacia las manos fuertes que lograron romper las cadenas, y pondrán en ellas el despacho de gracias y mercedes. C i n q- M a r s empujado por su ambición y por las conveniencias de los señores con quienes conspira para derribar a íRiichelieu, va más. rJlá de su propósito primero. Y a rio ha de quedar L u i s X I I I sobre el trono de F r a n c i a sino que le dejará paso a su hermano el duque de Orleáns; ya ni la misma voz de l a patria, agobiada por guerras y tributos, llega a sus oídos, que no escuchan sino desvanecedoras promesas; las fronteras de la patria se abrirán a los españoles, pero él será primer ministro del M o n a r c a nuevo. Y este contrato, escrito de l a m a n o de C i n q- M a r s cae en poder del cardenal, que lo envía- al Rey. P o r u n a breve carta de su amiga, la princesa María, conoce C i n q- M a r s eme está descubierta la conspiración: V u e s t r o negocio se sabe en París tan bien como se sabe que el Sena pasa bajo el puente nuevo. P o r i n decisión o arrogancia se detiene aún un día en París, después de saberse descubierto, y cuando pretende huir es ya tarde. L o encuentran a la mañana siguiente oculto bajo una cama, en uña casa de los barrios pobres. E s más digna la actitud de su camarada y ¡A confidente D e T h o u comprometido, por amistad hacia él, en el complot; lo hallan en su domicilio, sin temor BLANCA D E ORLEANS. LOS OCIOS D E y sin arrogancia, y se V entrega con un gesto LUIS XIII de gracia caballeresca. Maá c u a n d o para estaba pronto a devolvérmelo, y que pasaC i n q- M a r s llega la horía muy bien sin ello, y que tan contento v i ra de expiar su detito, viría siendo S i n q- M a r s que M L e G r a n d se eleva a la dignidad Y y o le he dicho ique estando con ese del primer papel que humor c o n que él estaba me haría placer representa en la trano viniendo a verme Richelieu, o por más gedia, y lo hace como filósofo o porque, menos enamorado de a c t o r genial, c o n la juventud arrogante de Cinq- Mars, siente aplauso y emoción del también menos sus desplantes, le contesta público que asiste al al R e y estas breves palabras en disculpa del espectáculo o ha de esm o z o E s imposible ser joven y ser cocuchar luego el, relato medido del drama. L o s prisioE s imposible ser joven y ser conmedido, neros son conducidos a dice el ministro y lo ha de saber con mayor L y o n para que sean razón al cabo de poco tiempo. C i n q- M a r s juzgados en el mismo R I C H E L I E U (FOTO LÓPEZ BEAUBE) se enamora de una princesa palatina, María Jugar donde pensaban de Gonzaga, hermana de l a que luego h a dar muerte al ministro y alzarse contra el R e y la triste comitiva de retratarlo con amables palabras. P e r o la princesa María está baja, por aguas del Ródano, embarcada en faluchas, mientras v i colocada en tan alto lugar que no es accesible para u n segundón gilan las riberas compañías de caballos ligeros. E l 3 de septiemaun trepando sobre la amistad de un rey y de u n cardenal. M i bre de 1642 llegan al final de su viaje... esposo- -le dice María entre esperanzas, lanzadas como flechas por el arco de las pupilas- -ha de ser, al menos, duque y par de F r a n c i a E l segundón de T u r e n a quiere ser desde aquel momento duque y par de F r a n c i a pero su ambición, que pretende andar mucho por caminos dé travesía, se corta frente a la granítica v o luntad del ministro: -V o s no sois más que u n hidalgo elevado por el f a v o r- -l e d i c e- Y o no comprendo vuestra audacia al pretender tal cosa. Y si la princesa María piensa verdaderamente en. este matrimonio, ella es más loca que vos. Más tarde, cuando el R e y pretende que su favorito asista a las deliberaciones de su Consejo, Richelieu se opone. Eí joven Cinq- Mars, que al dejar sus tierras para venir a París no puede esperar tan próspera fortuna como la que lo aguarda en la corte de Francia, ve cada día ensanchado el horizonte de sus ambiciones, como los nautas que se arriesgan a salirse de los mares estrechos para descubrir mundos nuevos en el Océano. Y a no es la isla ansiada un día con lo que se contenta su ambición, sino el continente entero, y maldice esta nube q u e j e cierra las rutas del horizonte. C i n q- M a r s olvida los beneficios primeros para sólo acordarse de los agravios últimos. Acaso ha oído en algún momento, en que E l procesó es rápido y emocionante. D e T h o u sabe que C i n q M a r s lo acusó en sus declaraciones y sonríe y perdona; aunque no hay contra él más pruebas que la declaración de su amigo, se confiesa culpable porque desea m o r i r M e he preparado para bien morir- -dice- -y nunca volveré a encontrarme en parecida disposición Cuando llegan ante el cadalso, Cing- Mars saluda a l a muchedumbre con aquella gracia sonriente que le atraía, en mejores momentos, la simpatía de las damas; luego, sube las escaleras con paso firme y muere con la sonrisa en los labios. D e T h o u más humano y menos teatral, se turba ante l a vista de lai cabeza cortada de su a m i g o Y o soy hombre- -dice con emocionantei sencil l e z- -y confieso que me espanto de la muerte... ¡Q u é salto ha dado M L e G r a n d! dice por todo comentario Luis X I I I Y este comentario, de una frialdad desagradable, frialdad de frente sin vida, es justo... ¡Qué salto ha dado M L e G r a n d! Salto de estrella errante que sube hasta el cénit v se hunde en las tinieblas; salto sobre trampolín, para caer en las aguas oscuras del mar sin olas y sin orillas... A los diciséis años, capitán de ía guardia del R e y a los diecinueve, G r a n E c u y e r de F r a n c i a a los veintidós, reo de muerte... MARIANO T O M A S
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