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EL C E R E B R O Alma DE ESPAÑA i las orillas del Tormes, y después de asistir a la romería de lá Virgen de la Salud, cruzamos los pueb os de San Muñoz, Velvís, A l dehuela y Tejares. E l agua cae fuerte y seguida, levantando de la tierra una niebla pegajosa y fría, que se mete en los huesos. A lo lejos negrean los encinares. Cerca, los viñedos adquieren tonos morados. Los montes se cubren de sombras. Por la carretera encharcada subimos a caballo. E l espíritu se recoge en la luz gris de la tarde. Por un camino de tomillares, entré las revueltas del robledal, llegamos a un chozo de pastores salmantinos. Ladra el mastín, y las ovejas, al inquietarse por el ruido de las herraduras en el carrascal, rios saludan con el retintín de sus esquilas. Én la misma abertura del chozo, al pie de unos zu rrones, hay una niña trajeada charramente a usanza del país. En el hato flota algo sobrenatural y bíblico. Los gañanes cuidan con mimo a las ovejas. Los corderillos juegan con los muchachos medio desnudos. E l perro lame las manos de los hombres. Una fuente cercana canta dulcemente en la paz de lá noche que llega. Desde este chozo, salmantino se dominan multitud dé pueblos: Perómatos, Santa Olalla, Castilleja... En el horizonte se dibujan los cabezos de la serranía. Se descorren las nubes y en el cielo brillan los primeros luceros. E n el valle se hace sombra. E l alma se ensancha, sueña. Camino del puerto de Béjar merece anotar la cena de ceboilas y un poco de carnero que nos han preparado en un mesón dé Aldeanueva. Contemplando luego las ruinosas murallas, junto a la puerta del Pico nos encontramos con un antiguo amigo, montado al revés en una perezosa bestia y envuelto en una capa parda. Nos habla de la vieja ciudad, de su industria de panos y tejidos, de la casa de los Zúñigas, así como del donaire y gracejo de las hermosas tejedoras, cuya fama corre desde Alba de Tormes a Plasencia. Guiados por semejante IGUIENDO S SALAMANCA. FACHADA D E LA UNIVERSIDAD