Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
su vida, se cree que falleció eti Deva, el za incomparable, y en la plaza llegaba, casi 13 de febrero de 1 S 00. a la lucha cuerpo a cuerpo con el toro, esquivando el peligro con un arte tan soCuando Martincho se creía dueño del berano qué hasta sus mismos compañero público, que aplaudía enardecido sus bruquedaban sorprendidos ante bregas tan extales atrevimientos, aparece José Cándido traordinarias y prodigiosas. dispuesto a competir con él y disputarle víDuró su actuación unos diez años, dutores y ovaciones. N o consiguió desplarante los cuales tuvo eclipsados a todos los zarlo en el terreno del valor, porque eso era lidiadores, a pesar dé. que figuraba entre imposible; pero le superó en, agilidad y ellos Costillares, estrella de. primera magadornó los lances con. gracia y distinción, nitud, que precisamente había recibido de sin dejar por eso de lucir su intrepidez sus manos la alternativa. en suertes que creó y que merecieron la L a muchedumbre, ávida y ganosa de emoadmiración de cuantos las presenciaron. ciones fuertes, aplaudía delirante: y entuAunque practicaba bien la de recibir, era siasmada los varoniles arrojos de el Africatai su deseo de distinguirse que cuenta el no con preferencia a las primorosas y delicompetente escritor D, José de la Tijera cadas labores artísticas del inventor del voque se presentó en Cádiz un limeño anunlapié. ciando que mataría los toros, citándolos, Hombre pundonoroso, no quiso descendándoles salida con la mano izquierda, sin der de la altura en que su trabajo le había más engaño que un sombrero ancho, como colocado, y antes qué sus poderosas faculahora se hace con la muleta, y, al realizar tades laquearan se retiró en pleno éxito, el encuentro, clavarles un puñal en el sisin esperar a que se iniciara él desvío de tio del descabello. L a plaza se llenó de una sus admiradores. muchedumbre ansiosa de ver tan rara noNadie creía que Bellón pudiera tener suvedad; pero el americano fué cogido y atrocesión, y, sin embargo, surgió en la persona pellado al intentar consumarla. Cándido, que de Martín Barcáizte ui (Martincho) Gui. se hallaba entre los espectadores, y que japuzcoan de. nacimiento- aunque algunos más había tenido noticias de aquella mahan afirmado que era navarro, pasó en el nera extraña de matar, cogió el sombrero MANUEL, B E L L O N (E L A F R I C A N O) campo gran parte de su juventud, siendo y el puñal y la ejecuta con soberana limpastor de finado manso y bravo en la gapieza. L a repitió muchas veces, porque, a nadería de D. Antonio Mendialdua. solo, sino que al revolverse el cornúpeto pesar de que con ello infringía los que yá buscando el bulto, Martincho, con un ca- se podían considerar como cánones del arte, De tipo más rusticó qué el Africano, era, pote, lo engañaba, trastornándole con re- la gente, entusiasmada, la solicitaba, con incomo él, fuerte, acerado, vigorosísimo y nervudo. Aunque parezca exagerado, le ga- cortes y quiebros, hasta hacerle caer tan sistencia. jadeante y rendido que podía sentarse sonaba en arrojé y temeridad. Nació en la Otra suerte, pero ésta ya inventada por bre él impunemente. No hay que decir el dehesa, y desde n ño fué el pastoreo su únifrenesí y la locura que se apoderaba del él, como algunqs afirman, por más de que ca ocupación, viviendo siempre entre el gapúblico cuando contemplaba tan brutales el erudito conde de las Navas consigna que nado vacunó. Andaba alrededor de los tola aprendió de su maestro Lorenzo Manuel ros bravos con la misma confianza qué lé arrestos. inspiraban los mansos, sin que la idea del También parece cosa de cuento la mane- (Lorencilto) agrandó su celebridad. Me refiero al salto del testuz, peligro pasara nunca por su pensamiento. ra que tenía de acometer la suerte suprema, un efecto sorprendente. que debía ser de Y así transcurrieron los años, hasta que y mucho más fabuloso aún que jamas fueEn los medios, y a una distancia de quinun dia llegaron a 1 cerrado unos toreros, ra alcanzado al realizarla. Sentado en una Silla, con los pies sujetos con grillos, y sin ce o veinte pasos del toro, lo alegraba para entre los cuales iba Tose Leguregu (H Pamplonés) que era entonces de los más más defensa que un sombrero castoreño en que arrancase, y cuando el animal tiraba el famosos matadores. Los vio torear de capa, la mano izquierda y una daga corta en la derrote, creyendo llevarse el bulto por dederecha, citaba al toro, y, vaciándolo con lante, Cándido daba el salto de cabeza a señalar banderillas, marcar estocadas y pracabsoluta limpieza, le metía la espada en los rabo, apoyando ligeramente el pie en el ticar un tan largo repertorio de suertes en rubios, consumando en condiciones tan te- testuz. Claro que esto no podía hacerse más las que el hombre esquivaba la cogida, burrribles una suerte que en circunstancias que con toros enteros, recién salidos del lando los hachazos, que su admiración y normales y con reses castigadas por las toril, dé bravura y codicia extraordinarias, sorpresa no tuvo límites. Cuando volvió a puyas y banderillas es de tan complicada y que embistieran en carrera vertiginosa. verse en la soledad campestre a que su desIgnoro si después ha habido algún torero ejecución. tino le tenía condenado su instinto le d ctó que haya pretendido imitarlo; lo que sí que él podría afrontar los mismos peligros Y como siempre salía ileso de riesgo tan y salir triunfante en tan arriesgados emoe- inminente, llegó a infundir tal seguridad y aseguro és que no he encontrado cita alños. Y come la voluntad, cuando es entera, confianza, que parecía que animales tan bra- guna en los libros que he tenido ocasión de vence todas las dificultades, resolvió ser to- vos y feroces, más que al valor y al arte, consultar. rero, no sólo porque a ello le empujaba una obedecían a un conjuro mágico y miste- E n eparteos, recortes y quiebros fué vocación que él mismo no se llegaba a ex- rioso. Goya, que fué su gran amigo y ca- maestro inteligentísimo, haciendo compatiplicar, sino también porque presagiaba en ntarada, hasta el: extremo que en varias ble el desprecio al peligro en rasgos de el porvenir provechos honradamente adqui- épocas vivieron bajo el mismo techo, in- pujante valentía, con el gracioso y eleganridos que le redimieran de la esclavitud mortalizó con sus pinceles hazañas tan he te porte que tanto embellece la brega taupresente. roicas y portentosas, que, de no estar de- rina. Una verdadera fatalidad le ocasionó la Pleno de ilusiones, corrió en busca de bidamente verificadas, se reputarían legenmuerte. Toreaba en el puerto de Santa M a Leguregui, el cual, encantado de la resolu- darias. No he podido saber a punto fijo la fecha ri el 23 de junio de 1771. A l salir el sexto ción del animoso vaquero, decidió ayudarle, y, si reunía condiciones adecuadas para la dé su retirada; pero debió ser hacia el y entrar en la suerte, de varas acometió con difícil profesión, incorporarle a su cua- año 1795, cuando yá eran dueños de la furioso empuje al picador Juan Barranco, voluntad del público y estaban en el cénit a qué, después de haberle puesto una magdrilla. Ped -o Romero, Pepe- Hülp y Jerónimo José nífica puya, le persiguió rápidamente, sin Pronto comprendió el maestro que el neófito superaba a cuanto de él pudiera deman- Cándido, y, aunque no existen noticias com- dar tiempo al quite. Cándido se interpuso y dar el más exigente. Con increíble rapidez, probadas que hablen de los úitimos años de lo sacó con la capa; pero en la carrera resbaló en un charca de sangre que no sólo dominó todas las suertes aún no habían limpiado los are jue eran usuales en el arte, sino neros, y dio tari fuerte golpe al que creó dos tari audaces y pecaer qué perdió e l sentido. E i ligrosas que hasta ahora no ha toro se revolvió ligero, y antes habido quien haya osado ni side que pudieran llegar en su guiera intentarlas. ayuda los toreros el infortunado Los que no lo hemos presenespada fué corneado horribleciado no podemos creer que un mente. Todos los auxilios faculhombre cosí pesados grillos erí tativos que se le prestaron fueron los pies, puesto sobre una mesa estériles, falleciendo en l a noche colocada en el centro de la pladel mismo día. Aquel hombre, que zas espere impávido y sereno la triunfó constantemente en los acometida de la fiera, midiendo trances supremos, encontró su fin los tiempos con exactitud tan al realizar el más sencillo y vulmatemática que coincida el sal- gar de los lances de capa. to con el derrote, quedando salvado el diestro V continuando el toro stí viaje. Pero no es esto GOYA. M A R T I N C H O E N LA SUERTE D E RECIBIR NATALIO R I V A S 5 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla