Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
rarse al coro de lamentos, recordando la epopeya de I) Rodrigo, el portero herculino que eliminó al campeón de L i g a en esa mismacancha... La sorpresa caíál- ana. -No nos referimos a la sorpresa que en algunos espectadores catalanes pudiera causar la sensatez, revestida de amabilidad, con que, sin distinción, fueron tratados antes de comenzar rojiblancos y azulgranas. N i más lejos, a los. aplausos de, estímulo con que la muchedumbre- quisó premiar la superioridad barcelonista. L a verdadera sorpresa fué ese magnífico juego del Barcelona, cuya piel habían: ya vendido los técnicos, impresionados tanto por las rotundas victorias athléticas como por los modestos barcelonistas. -Y el estupor, la falta de combatividad, de codicia y de artillería del equipo bilbaíno, cirva línea media estuvo a merced de los enemigos. El conocido prólogo. -Los muchachos todos, con suplentes y entrenadores, salieron juntos al campo. Medida de hábil diplomacia que resultó completamente inútil, ya que el público aplaudió con calor, pero sin eh tüsiasmo- -todavía- la aparición de los r i vales. Tras ellos, el arbitro- -Escartín- con los jueces de línea y de. meta. E n el centro del terreno, los grandes ramos de flores y los abrazos cordiales de los viejos y leales enemigos. P o r el Athletic, Lafuente, capitán, y por el Barcelona, Samitier. Moneda al aire y elección catalana. E x pectación. E n el palco presidencial, el m i nistró de Obras Públicas, Sr. P r i e t o el alcalde de M a d r i d D Pedro R i c o los directivos atléticós y barcelonistas, la Nacional, federativos, inyitados, etc. E l protocolo está severamente cumplido. L o s espectadores ¿veinte, veinticinco mil? se prensan én. todas las localidades; y allá arriba, en l a tribuna de los sastres, la marea mueve a los modestos, cuyas primeras filas, empujadas por, las de. otras, tienen de vez en cuando que ceder el paso a los de otras, víctimas de los empujones terribles. Ligero viento. Tarde soleada. Gran día de final. El primer tiempo. -Sacaron los atléticós y... no hicieron más. L a codicia esperada, el ataque en tromba, la furia de los quince primeros minutos, no llegaron n i al principio n i después. Todo ló contrario; Tras un descenso de Gorostiza, concluido con una mano, las catalanes se impusieron por juego, por entusiasmo y casi diríamos que por cualidades atléticas. E s a mano a que nos referimos fué lanzada por Zabalo, y dio ocasión a Samitier para, hacer un cambio de juego con la cabeza, prodigioso; prólogo de una actuación soberbia, en la que, el mago vertió sobre el campó toda la gama de bellezas futboleras. U n delantero centro perfecto, animador, y conductor y realizador del juego más completo, al que puso todas las exquisiteces de que es capaz. Pero sin exageradas p i ruetas, repartiendo a los compañeros balones con tal precisión que toda la linea, en acoplamiento perfecto, se desmarcaba tan fácil, tan. brillantemente que los atléticós daban la impresión de estar recibiendo la más acabada lección de los entrenadores perfectos. Fútbol de espectáculo, y a l mismo tiempo, de profundidad; fórmulas de tolos los matices, concluidas con remates universales, frente a los que la. defensa y el portero rojiblancos se debatían angustiosa rneate, porque los medios estaban anulados, absorbidos en todos los ataques. T a n sólo Lafuente servía las ilusiones, de los partidarios vascos, escapando de vez en cuando para poner la nota de peligro en el campo catalán. Pero allí, A m a u primero, la defensa recia y segura, y Nogués, oportuní- tiene un segundo de indecisión, queda quieto en el marco, y Bata, bien colocado, remata fácilmente con 3 a cabeza, enviando con suavidad la pelota a las mallas. Gpal De las gradas surge una ovación amplia, aunque no unánime. L a decepción en el bando contrario es extraordinaria. E l juego, en lo sucesivo, se equilibra. Pronto C h i r r i desciende a apoyar a los. medios, mientras las fuerzas catalanas, fia- quean visiblemente. P o r eso el juego pierde su tono excepcional para convertirse en defensivo en los pies bilbaínos, y en arrancadas casi siempre aisladas de los catalanes, que todo lo esperan de Samitier, sometido ahora a un mareaje estrechísimo. Más tarde, el esfuerzo, terrible acusa otra víctima catalana: Ramón, que tiene que ser auxiliado por los compañeros y los rivales, y aunque no llega a abandonar el campo, se mueve como el boxeador groggy, cerca del k. ó. Entonces los bilbaínos aprovecha la favorable situación para acercarse peligrosamente al campo contrarió, donde Nogués, de nuevo segurísimo, se muestra imbatible. Y un minuto antes de concluir en un ¡ant contra el Barcelona, el tiro de Irarágorri, rechazado por el portero, queda un instante flotando a merced de un atlético, que no ve la pelota a sus pies. ¡Hubiera sido un segundó goal demasiado afortunado! Pero el público todo aplaude a campeones y vencidos con entusiasmo. Porque en el Barcelona hay en esta ocasión un vencedor, de los que antes se decía que habían obtenido la victoria moral. El triunfo que será discutido. -No porque la legitimidad pueda ser puesta en duda, sino porque el Barcelona hizo mejor fútbol, y hasta más práctico, del comienzo al fin. E l practicismo podrá negarse viendo ese i- o que entrega a los bilbaínos la Copa en propiedad. Pero, en el campo, el azar tiene un valor que no es posible despreciar. S i la fortuna que ha mimado a los atléticós, hubiera querido acariciar a los catalanes, el Barcelona sería vencedor por 3- 0 al menos. Esta recuperación, tardía de los azulgranas devuelve al club histórico catalán toda una fama, que estaba como desdibuja- da a través de las últimas borrosas actuaciones; y en el éxito de juego, que es fracaso en el campeonato, Samitier se agiganta hasta convertirse, de nuevo, en el mejor futbolista español. Los equipos y sus hombres. -Fué el Athletic un vencedor qué ceñirá sus lauros sin haber hecho los merecimientos extraordinarios de tantas otras jornadas culminantes. Lá línea de medios fué totalmente anulada por la rival, y los delanteros contrarios l a desbordaron cuanto quisieron, aunque R o E l mago quiere hacer la jugada culminanberto fuera el menos desacertado frente a te, y, tomando un balón adelantado, dribla un Piera que tiene habilidad, pero ha perdia Jos contrarios y dispara un, formidable do velocidad. cañonazo cruzado, que Blasco rechaza de un Del ataque sólo se salvó Lafuente, que modo inverosímil. Queda la pelota ante el jugó como un verdadero campeón. Los demarco; pero, antes de que pueda llegar el más, n i se emplearon con la acometividad remate, que parecía inevitable, Urquizu salcaracterística, ni ligaron como Chirri- Goros, va, cediendo comer. ¡Nunca ha estado tan ese ala magnífica qué es la obsesión de los cerca el goal catalán! enemigos. Ese extremo, como apagado, sóE l inútil esfuerzo decepciona a los barcelo tuvo destellos rápidamente apagados por lonistas, v Lafuente escapa para centrar Martín, que le sujetó estrechamente. largo. Gorostiza sé filtra como un diablo Triunfo atlético fué el del trío defensivo, atrevido y suelta un rematé, que sale alaunque no luciera su juego, que tuvo siemto. ¡O h! pre enfrente a los atacantes, moviéndose coMas, al ceder el esfuerzo catalán, los atmo si no existiera línea media. P o r eso l a léticós reaccionan. N o es un plazo de domilabor de Urquizu, tosca, tiene un valor exnio, sino más bien de equilibrio. V a n diez cepcional frente ni ala Samitier- Piera, en eficacia completa. minutos de juego cuando Lafuente corre velocísimo por su Hnea. L e salen al encuenPor último, Blasco salvó a su equipo de tro uno, dos, tres rivales, a los que sortea reiterados peligros, saliendo en busca de. la maravillosamente, para centrar sobre el marpelota heroicamente, rechazando balones coco, aunque un poco pasado. Nogués, cuya I locadísimos y resolviendo constantemente s i- simo, frustraron todas- las incursiones. ¿Y actuación fué antes y después brülantísima, tuaciones dificilísimas. Gorostiza? Pues el famoso bala roja estaba, como sus compañeros, eclipsado per un me- l dio durísimo- -Martí- que no se olvidaba, sin embargo, de servir a sus compañeros de ataque. E l esfuerzo catalán obligó a emplearse a fondo a Blasco, que en algunas ocasiones dificilísimas salvó los tantos como pudo, aunque no fuera brillantemente. Los corners cayeron ante la meta vasca, donde es qbligado jlecir que la decisión athlética en la defensa superó a la decisión catalana. -Mas cuando l a eficacia, la profundidad de la vanguardia azulgrana estaban en tedo su apogeo, dependiendo, del enlace insuperable, Samitier- Arocha- Piera, el último resultó tocado en una pierna y no pudo dar ya su rendimiento habitual. Pero la suerte no se conformó ¡con gastarles esa broma pesada. Á la media hora de juego, el propio A r o c h a logró enviar un centro colocadisimo, que Pedrol corrió a rematar; pero, antes de llegar, Roberto, sin poderlo evitar, separó la pelota con la mano. E l athlético se tiró al suelo a llorar su torpe gesto, mientras que Escartín acordaba el penalty ¡U n penalty en la final de España, estando igualados a cero! Y Zabalo, el internacional de la defensa, falló el disparo en el afán de colocarlo por un ángulo. Otra vez se escatpaba el título de Cataluña. E l público bilbaíno pidió entonces a los suyos un esfuerzo decisivo, una oleada de reacción. Pero los afhléticos no. lograron salvar ese trío de medios catalán, que tuvo sometidos constantemente, a los norteños y Samitier, en la posesión de todos los recursos, empujó constantemente á los suyos al ataque hasta el final del tiempo, plazo durante el cual Pedrol, Ramón y Samitier lanzaron shots formidables. que pusieron a prueba la calidad de Blasco. Y fin del primer tiempo, previa una es- capada diabólica ¿t Sami (que puso un balón ante los pies de Piera, para conseguir un comer inútil) con empate a cero. La segunda parte. -El público ovaciona cálidamente a los equipos, y sobre todo al Barcelona, al reaparecer. E n los semblantes catalanes hay gestos de satisfacción, de gratitud. Vuelven los azulgranas a la pelea con idénticos entusiasmos. Su línea media, de la que destacan Guzmán y Arnau, haciendo un juego inteligente prodigioso, empuja a los delanteros al dominio del terreno vasco. Samitier se multiplica llevando el peligro a todos los sectores, mientras l a defensa vasca se multiplica para contener el ímpetu, que tiene caracteres de avalancha. Definitivamente, si las camisetas no están cambiadas, los jugadores están dando un mentís a los profetas.