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calma. H e reflexionado siempre muy; bien las cosas, meditando en las consecuencias de mis actos, y aunque he leído y estudiado mucho, mis ideas me las he formado con í s observación directa, alternando la audacia con la prudencia y dejando a la casualidad lo menos que pude. -S u éxito y fama en el Metropolitan son proverbiales- -añadí! -L o s veinticuatro años que hace que d i r i jo este teatro demuestran nue no e r r é mucho con mi dirección; pero créame que, una vez organizado este negocio en la forma qué está, únicamente tuve que ir manteniendo la línea para que j a m á s se desviara. Ahora, después ele veinticuatro años, es la primera vez que se observa en este teatro el efecto intenso de la crisis económica mundial. N o hay que olvidar que im espectáculo de ópera es una cosa compleja y delicadísima, que el mínimo accidente o la mínima incertidumbre puede estropear; por eso la perfección es difícil de conseguirse y muy difícil de mantener. Por ejemplo, en Nueva Y o r k e l c l i m a d e invierno es muy e x t r a ñ o y mutable, generalmente húmedo y tiene una gran influencia en las gargantas y en los nervios de los artistas, v para eso no hay remedio, como tampoco lo hay para las consecuencias de esos accidentes. ¿Q u é opina usted de las óperas. -Que siguen gustando al público las viejas, porque no surgen nuevas interesantes. Los espectáculos deben ser, ante todo, i n teresantes lo mismo las obras que loa artistas N o hace falta que un. artista tenga una voz formidable ni que sea üñ actor extraordinario. Si tiene un complejo ele cuaUna escena del acto segundo de Laknte ópera de Leo Delibes, como se reprelidades que le hagan interesante, ya lo dis- senta en el Metropolitan, 1 VI La escena del Consejo en el Palacio ducal de la ópera Simón Bocanegra representada en el gran escenario del Metropolitan. (Fotos Cario Edwars.
 // Cambio Nodo4-Sevilla