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tingue el, público. Y esp es suficiente. Con las óperas sucede lo mismo. Mientras no urja iin c b ok r que presente melodías w ps o que hagan vibrar el sentimiento del público, seguirán interesando las óperas viejas en cuanto las canten buenos artistas. Cenando yo en P a r í s con varias personas que tenían indudablemente Una gran autoridad musical, un compositor dijo: A h o r a y siempre las mejores óperas serán las que tengan buenas melodías Y el futuro de la ópera está en las melodías, créame usted. Toda esa música demasiado científica que, según sus autores y algunos críticos es muy sabia pero que no hace palpitar el sentimiento de! público, es música que p a s a r á sin quedar nada de ella. Y mientras tatito, las viejas óperas de Donizzetti, le Beilini, de V e r d i todo ese repertorio ultraviejb seguirá ocupando los carteles de los teatros de ópera aquí y en Madrid, en P a r í s y en Moscú. ¿P o r q u é? Porque el público en todas partes es el mismo; está compuesto de personas que tienen un sentimiento y que van a dejarse emocionar en la relación misteriosa que existe entre la música y el alma. Se establece la corriente? Pues: gusta ópera. ¿N o siente el público una m ú s i c a? Aunque todos se empeñen en decir que aquello es formidable, ¡no lo es! Todo lo que es aburrido, no es ni teatral n i artístico. L a s óperas nuevas de hace veinte años, viven de las viejas cantadas bien. E l valor de una obra de arte lo constituye la genialidad y la sinceridad con que se creó. Las cuestiones de técnica, -estilo, forma y escuela, son secundarias. E n arte soy un gran ecléctico; me gustan todos los garleros menos el aburrido. -Q u é opina de la crítica musical? -L á crítica es una necesidad y un bien. ¡Personalmente yo no tengo motivo para quejarme. E l valor concreto dé la crítica está siempre menoscabado por el hecho frecuentísimo de la gran disparidad de opiniones, a veces sobre hechos sencillos y evidentes. P e r o eso es una cosa común a todos ios tiempos y a todos los países. -Programas? -Desde, que estoy aquí procuro siempre presentar óperas nuevas sin descuidar las viejas que son las que más le gustan al p ú blico. H e procurado constantemente que se presente aquí lo mejor de todo el mundo, y en New Y o r k nuestro público, eso lo sabe y es ya una tradición. H e presentado óperas americanas y artistas americanos que han gustado mucho al público. L a base de un buen espectáculo está en la interpretación. Buenas orquestas, buenos directores, buenos cantantes. Todo lo que vive y palpita. E n cambio, si usted presenta mucho refinamiento de decorado y presentación sin buenos intérpretes, el público se llama a engaño y abandona el teatro. V e r d i decía que el teatro estaba hecho de lleno y no de vacío W á g n e r no necesita grandes intérpretes desde el punto de vista musical; con una educación musical a propósito para sus partituras, puede interpretarse; pero W á g n e r subsiste y subsistirá porque W á g n e r ha escrito m ú s i c a música formidable, que llega al público de todas maneras, no obstante los prejuicios, y discusiones, y apasionamientos que origina. ¡E s admirable su método de dirección! -Tuve la suerte de ser director a los veint i t r é s años, y eso me ha dado muy pronto el sentido de la responsabilidad. T r a b a j é siempre con facilidad y placer. N o fui nunca ni indiferente n i negligente. Siempre fui el mismo. N i me han embriagado los éxitos ni me postraron las derrotas. Tampoco he creído j a m á s que llegué Pongo en la actuación del a ñ o veinticuatro de mi dirección en el Metropolitan de Nueva Y o r k la misma meticulosidad y celo que en el. primer año. Aquí me tiene usted metido siempre, alejado de la vida de sociedad, que se me perdona a cambio de mi constancia para el trabajo. Tengo fama de retraído, de hua r ó n de oso V como decimos los italianos pero, ¡no importa! todos saben que no es cualidad de carácter poco comunicativo, sino necesidad de reconcentración para mi trabajo intensó. Sonaba el teléfono; entraban los secretarios. Aquel hombre, atareado, del que dependían tantas decisiones, con una calma extraordinaria, daba órdenes, resolvía asuntos, contestaba concretamente. E r a un jefe de Estado allí dentro. E r a un jefe de G o bierno en el Metropolitan. E r a el gerente de un gran Banco, de una gran industria, de una gran f á b r i c a todo junto. Llegaban telegramas de todas partes del mundo. Cartas escritas en todas las lenguas. Periódicos de todos los países. E l despacho de Giulio Gatti- Cassazza es un laboratorio donde se cristalizan prestigios artísticos mundiales; un crisol donde se forman las figuras del arte lírico que alcanzan la celebridad. U n gesto de aquel hombre basta para consagrar a una persona. Al salir del Metropolitan y ver la gente apretándose para leer los carteles del gran teatro, el m á s importante teatro del mundo, recordé a Gatti- Casazza con su expresión simpática e inteligente, su calma poderosa y su barba clásica, que encuadra su rostro, en el que irradian los destellos del genio organizador. Y m u r m u r é instintivamente ¡N o hay duda! ¡E s J ú p i t e r ADELARDO F E R N A N D E Z Ln retrato suyo a esta guisa h e r m a n a r í a con L a jura de Santa Gadea O bien s ¡estatua ecuestre en bronce sería una arrogante réplica de las del C i d o de A l v a r Fáñez. Si en lo de afuera es un perfil de R o mancero, en lo de adentro es su alma rediviva. Carácter rectilíneo, indomable, implacable, su espíritu es otra armadura: hierro y oro. E n estos tiempos du dublé y cartón, hombres como Morano son los testamentarios de la raza. Este limpio espejo de caracteres españoles, artista de tan rica sensibilidad que domina señorilmente las tres dimensiones escénicas- -la trágica, la lírica, la cómica- vive, e x t r a ñ a d o de los teatros de Madrid, la odisea de campañas de provincias, donde toda incomodidad tiene su asiento Su constante alejamiento de los escenarios madrileños nos recuerda el de Ruy Díaz, pues que prefiere el destierro a la servidulnbr. e y el olvido a la humillación. De igual modo que el gran guerrero, el gran comediante, antes que servir al retruécano y al tópico prefiere ese confinamiento inicuo. A s í siempre que le hemos visto alejarse, con un puñado de los suyos, en plenas facultades artísticas, para la obscuridad provinciana, hemos clamado, con el romancero: T 5 tonante... ARIAS si ¡Dios, qué gran vasallo, oviere buen señor... LA E S C E N A Y L A VI D A REGRESO D E M O R A N O La ida y la vuelta Morano parFió a A m é r i c a con L o l a M e m brives, contratado espléndidamente. Cuando escribimos este artículo, se anuncia su regreso triunfal. E n la Argentina, como en Chile, su arte, delicado y robusto al par, ha logrado las m á x i m a s consagraciones. Loas de la crítica m á s fina y aplausos entusiastas del auditorio m á s popular. Llevaba, al ir, todas las desazones de la indiferencia ajena y de los desalientos íntimos. Trae, al venir, todas las satisfacciones íntimas y todos los alientos ajenos. Su gesta, de ultramar fué debida reparación. Mas es también ejemplarísima enseñanza. A m é rica señala a E s p a ñ a un camino. de contriciones. I Q u é no hubiera liecho Morano por la escena patria, si en lugar de un ambiente como el español, al margen de todos los problemas artísticos, hubiese hallado un ambiente propicio como el francés, como el italiano, como el alemán, como el inglés, como el noruego, como el polaco, como el checo, como el ruso? La ofrenda dramática Un perfil del Romancero Morano es un perfil del Romancero. R o busto, como un hombre de armas; altivo, como un Condestable; noble y fiero, como un Maestre, diríase hecho. para la armadura y el mandoble. A NUESTROS SUSCRIPTORES Como en años anteriores, serviremos en éste, sin aumento de precio, las suscripciones de nuestros abonados que trasladen su residencia a cualquier población de España durante la temporada de verano. Para tener opción a esta ventaja será condición indispensable que, al solicitarla, abonen por anticipado el importe de un trimestre, O S E A N U E V E P E S E T A S si no lo tuvieran ya satisfecho. Sin llenar este requisito no serviremos ningún traslado a provincias. Los que vayan a residir alextraniero abonarán, además, el importe del franqueo correspondiente. Porque, a m á s de actor insigne, Morano es un director emérito, dotado de. ese don de mando que es perspicacia en el concepto y rapidez en la ejecución. Animador inteligente, enérgico, expresivo, su escuela de declamación concierta el clasi- cismo y la modernidad, sin arcaísmos- n i extravagancias, con un fino sentido de la escena contemporánea. Y si como actor acomete empresas tan diversas y arduas que le llevan desde La fierecilla domada a El avaro, y desde Soñora ama a Traidor, inconfeso y mártir, en un m á x i m o rendimiento de matices dramáticos o cómicos como director, imprime a todas sus campañas la dignidad de un repertorio sin prejuicios, pero también sin abyecciones. Veinte años de combate d u r o y sin tregua, le. mantienen, como en el primer día, sin una sola concesión al astraká n. Esta ofrenda dramática, en el doble sentido artístico y financiero, es, como el humo de la ofrenda de A b e l señal para las cóleras de Caín. L a quijada del asno escénico abate todo alto propósito. U n cerco de contratos ramplones- -astrakán, comedias blancas, cupletistas decrépitas- -asedia el noble repertorio. U n a serie de juntas, moralizantes y potentes, lo raya y selecciona hasta dejarlo en cuadro. U n a absurda aplicación de tarifas sobre viajeros y equipajes, decuplica el coste de los traslados de pueblo a pueblo. Pero el, Morano, se mantiene firme, i n flexible. En su cuartucho de provincias, vela por el teatro, noble como don Quijote, las armas en el patio del ventero. Y revestido con el sayo rústico de Pedro Crespo, la alta vara en el recio puño, se dispone, una y otra noche, mientras le quede vida escénica, a repetir con el férreo alcalde: Al rey, la hacienda y l a vicia se ha de dar; pero el honor es pa. trimoTvio del alma, y el alma sólo es de Dios... CRISTÓBAL D E CASTRO
 // Cambio Nodo4-Sevilla