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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S ANO TAVO. VIGES 1 MOCm w m N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO TAVO. VIGESIMOCm m w afición a la vida. El arfe de ¡vertirse. gleses no trabajan se dedican con tena cídad y esforzadamente al arte de divertirse, y ésta es una regla de l a vida i n g l e s a puesta a prueba y demostrada en el desarrollo diario de las actividades nacionales británicas. P a r a disfrutarlas a fondo, las diversiones se organizan en I n g l a t e r r a la nación entera les r i n de u n culto cuyo ferv o r sólo cede en i n tensidad a l culto que se dedica al trabajo. Son los dos grandes aspectos de l a vida, los dos grandes fines para los que se vive C UANDO los in- E L JARDIJí ZOOLÓGICO D E LONDRES ES FUENTE INTERMINABLE D E DIVERSIONES y sin los cuales l a v i d a no tiene interés n i objetividad práctica concebible. D e j a r de trabajar por el mero gusto de no trabajar es uh absurdo en este país, donde l a cuestión no es, precisamente, pasar el rato, sino pasarlo de Un modo agradable y entretenido. N o es aquí donde los hombres se eternizan en conversaciones que g i r a n alrededor de u n vaso de café n i donde las mujeres se entregan a una existtettipa contempláfjiva tras l o s visillos del cierre o las rendijas de l a persiana. L a cuestión es divertirse y, de paso, sacarle algún provecho a la diversión. V i a jar, jugar ai ffolf- r- -hay más de cien campos de golf a l alcance de los habitantes de L o n dres: leer- -se editan en Inglaterra anualmente unos 16.000 volúmenes, y el númer o de publicaciones periódicas se cuenta también por m i l l a r e s- j u g a r a los deportes que los mismos ingleses inventaron por el gusto de hacer algo, y a los que profesan una afición que no depende de caprichos o de modas; construir aparatos de radio, o pintar, o criar perros y caballos bailar; que, después de todo, es u n ejercicio; andar por los campos para disfrutar las hermosuras de ía Naturaleza. Tantas cosas y una sola: divertirse, entretenerse, gozar de la vida, que es una de las formas más sinceras de expresar nuestra afición a ella. E n cualquiera de estas manifestaciones se encuentra l a misma característica fundamental horror al papel de espectador e i n c l i nación decidida a actuar en la diversión predilecta. N o es que el inglés nunca acuda como espectador a l teatro, al cine y al sinnúmero d e espectáculos que se organizan para su esparcimiento; la distinción está en que el inglés es, esencialmente y por temperamento, actor y no espectador de sus d i versiones. E l hecho de que llene, hasta abarrotarlos, los locales cinematográficos o teatrales, las salas de conciertos, los campos de deportes, las riberas del Támesis para ver l a regata entre O x f o r d y Cambridge, las praderas de Hampstead cuando se celebran en ellas las clásicas romerías, o las i n mensidades de O l y m p i a para presenciar él concurso hípico o el torneo militar, no es sino una manifestación positiva de su afición a las diversiones, perfectamente compatible con la pasión nacional, por actuar en ellas, que se inicia apenas empezada l a vida y que no se agota n i se extingue con los años, por lo mismo que se mantiene v i v a en todas las edades mediante. el diario tributo de l a asiduidad y l a constancia. Factor económico de incalculables rendimientos es este amor de los ingleses a sus diversiones. Cada Bank hotíday reporta a los. Bancos, que en esos días celebran vacaciones, trabajo suficiente para compensar- les largamente del tiempo perdido; l a B o l sa se cierra en esas ocasiones; pero, en cambio, se abren las bolsas, particulares y los bolsillos, y se gasta y circula el dinero. L o s ingleses, que no se ofenden cuando. íes dicen que Inglaterra es una nación de tenderos saben por remunerádora experiencia que la afición a divertirse és una. fuente segura de grandes ingresos, y por eso existen en las ciudades inglesas tiendas a docenas, cuyo único objeto es satisfacer ese sano apetito, y centenares de empresas y de negocios, dedicados al misino fin, que desde u n principio hallaron mercado abierto en l a insaciable demanda de un público ávido de entretenimientos nuevos. H a y a propósito de las diversiones en Inglaterra, dos hechos significativos, que no conviene perder de vista. U n o es que aquí se puede tener la seguridad de divertirsesin el riesgo de sostener una bronca, y el otro que, por cada vez que se lucen ciertas prendas de etiqueta para solemnizar un suceso fúnebre, son cien las ocasiones en que se usan para. pasarlo bien. A m b a s co as tie- neri su importancia. L a tiene, desde luego, la seguridad de poder llevar señoras por las calles s i n que sean blanco de miradas impertinentes o de galanterías inoportunas; de poder invitarlas a fiestas, con el absoluto convencimiento, no sólo de que serán