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Primeras medallas de la Exposición Nacional. mas. U n pueblo que ha producido formas, hombres. y jiudades, que hacen de Italia el ornato de la tierra y el sueño del planeta, su noche m á s feliz y su día de fiesta, si se pone a jugar a los soldados es que ya no es fuerte sino mil veces m á s débil; es que está enferma y amenazada de descomposición Todo esto contra Mussolini, teorizante, predicador y dictador, nos parece exacto a quienes, siquiera sea por herencia atávica, somos de una Italia no hecha por la Roma de los Césares, sino por el genio de M a z zini, de Cavour y de Giuscppe Garibaldi. i Pero es que Garíbaldi, M a z z i n i y Cavour no fueron también predicadores? ¿Y Jesús... ¡Delicioso, y paradójico, y contradictorio libro! E n su a f á n de disminuir la personalidad de Tolstoi, que podía darse el lujo de renunciar a todo porque todo lo tenía, Cassou le acerca por comparación la personalidad de Dostoiewski, que nada podía dar porque de todo c a r e c í a -la teoría del arte por el arte- -en el fondo tan sincera como el bandolerismo por el bandolerismo, que proclama el escritor francés- -sale malparada del férvido elogio al trabajador que escribió Cri man y castigo. Pero del paralelo entre las angustias de Tolstoi y las de Dostoiewski tan opuestas de índole y motivo, viene a mi una reflexión b a r a t í s i m a que es más fácil al rico fingirse pobre, por el lujo de renunciar, que al pobre fingirse rico, a fuerza de trabajos sin cuento, para no parecer tan pobre que acabe por serlo de solemnidad. De esto saben algo casi todos los escritores españoles. Acaso toda la burguesía de trabajadores de todas clases. Tolstoi, mal padre, mal esposo, mal rico y mal pobre, vanidoso y egoísta, sale sin corazón del estudio de Cassou. Sate sin corazón porque sin duda entró sin él, y sólo tuvo corazón en la ejemplaridad de su muerte, último grito de su egoísmo, al huir de la. vida como un animal herido. Pero el escritor, que un día, cayendo de su caballo como San Pablo, halló su camino de Damasco y d i j o Y o soy un literato sale del ensayo de Cassou tan grande como entró, es decir, inmenso. E l autor francés le llama muchas veces Demiurgo, gran creador y príncipe de la palabra. León Tolstoi fué un artista maravilloso. Pero si fué artista, ¿cómo pudo curarse del pecado de. la vanidad? ¿Q u é sería la vida del artista sin l a vanidad de su arte? ¿Q u é es sino vanidad la ambición de la gloria artística? N o tiene m á s acicate que el de gustar a los d e m á s el confeccionador de belleza. Otra cosa, vivir para adentro, sabiendo uno solo lo que la crítica ignora y el público no siente, sería un narcisismo, que, lejos de acercarse ál orgullo sano, se parecería a la peor de las vanidades: l a que está mezclada de soberbia y disfrazada de humildad: De ella también abominaría este Jean Cassou, hispanófilo en todos los sentidos, gran artista, gran escritor, pensador inquieto nuevo y personalísimo, cuyo último libro encarezco a mis lectores. FEOTE SASSONE Don Inocencio Soriano Montagut. Secxión de Escultura. (Foto V. Muro. Don Manuel Tolosa. Sección Decorativo. de Arte Ganadores de un campeonato Las señoritas Mar garita Bourbón y Margos Somonte y D, Alfonso Gómez Naranjo, ganadores del campeonato de tennis de la Sociedad Lá Raquette. (Foto Días Casa riego. grafías, en que aparece disfrazado de moujik, con los pies desnudos, asido al arado, presumiendo de humilde y de trabajador, con su ceño torvo y sus barbas terribles. N o he visto en ningún retrato la sonrisa de Tolstoi, y yo aborrezco al hombre que no sonríe, por lo que le falta de humano y lo que le sobra de guardia y de juez. M i padre tenia también unas barbazas larguísimas como las del conde ruso, pero el alma le cantaba en la boca, en los labios alegres de btton gústalo, contentos de buen comer, de buen beber, de buen amar, de buen compadecer... De Valle- Inclán, con su faz de monje sabio de todas las sabidurías, escrib Rubén Darío, el inolvidable: Kste gran don l l a m ó n de las barbas de chivo, cuya sonrisa es la flor de su figura... trismo y de hipertrofia del yo. qje viven para su teoría y no para la vida. E s contra el fondo de his trionismo cruel de los que pretenden salvar a la Humanidad y sólo quieren agigantar su figura, ya sean moralistas, dictadores o tiranos. A h o ra que en el libro, extraño, vibrante, encantador y terrible, vuelvo a decirlo, Jean Cassou resulta moralista y predicador, a pesar suyo, y de sus páginas surge toda una ética, y un grito de reivindicación individualista, y un himno a la fantasía, al amor y a la libertad. Desconfiado de todas las sinceridades, escribe Cassou enormidades deliciosas y justas, como é s t a H a y que convenir en que allí donde se habla de sinceridad, donde se habla con grandes gestos y grandes, clamores- -pues que es una de las cosas de las que no se puede hablar sin gestos teatrales, cómico more- h a b r á siempre mentira o necedad. E n el bandolero, que no agrega ning ú n principio superior a su bandolerismo, no hay ni necedad n i mentira Y luego, en el capítulo, E l o g i o de la hipocresía sin duda el mejor del libro, ya hablando un poco de todo, sin cortar el hilo interior de su idea, escribe: Italia, a cuyo nombre palpita el corazón, porque quiere decir sol y gozo, hela ahí vuelta- ¿por qué no puedo traducir devenida? -prusiana, americana o cosaca, toda decadente y degenerada. Y es que no se debe creer que un pueblo se engrandezca y se fortifique porque construya barcos y. se pasme ante el ruido de las ar- A h o r a también; ahora, cuando las barbas caprinas, ya plateadas, son barbas de padre río, en la corriente parece todavía flotar l a flor de su figura Nosotros, ios católicos sin teología- -por mí hablo- -tras de la faz aborrascada del Padre Eterno, estamos viendo siempre l a mansedumbre serena y fraterna de la faz de Jesús. Dios Justicia sin P r o videncia, nos da miedo, y no se puede amar a quien se teme. E l hombre no ama así, con este amor digno sólo del perro. E l odio de Jean Cassou no es sólo contra iTolstoi: es contra su doctrina, contra l a i n sinceridad de todas las doctrinas. Contra los predicadores y los moralistas, contra los estetas y los santos- -que hacen ostentación de su santidad- enfermos todos de egocen- CRÓNICA D E PARÍS El centenario de Chopin Tres conciertos se preparan actualmente en P a r í s para celebrar el centenario de la venida a Francia del gran pianista polaco; el el presidente de l a República francesa, el presidente de la República de Polonia, el embajador de esta nación en París, el embajador de Francia en Varsovia, madame Chlapowska y madame Laroche, esposas, respectivamente, Jg ambos diplomáticos, y otras altas personalidades, entre las que culmina la ilustre artista polaca madame Garina Walska, tan conocida en la sociedad aristocrática de P a r í s se ocupan activamente