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A B C. M A R T E S 28 D E J U N I O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA P A G 39. 1 I N F O R M A C I O N E S Y N O T 1 C Í A S TAURINAS E n Sevilla: A falta de uno, seis. En Madrid: La avaricia de los toros bravos. En Tetuán: Santos no debe abandonar el ring Én Vista Alegre: Manolo Agüero, Niño del Barrio y Toreri. Toros en Barcelona, Vinaroz y Tolosa. En otras plazas. Novilladas. EN SEVILLA celoso. A pesar de todo, Epifanio. consiguió ejecutar algún lance bueno, se a r r i m ó con la franela- -para sujetar- -e hirió en todo l o alto, y con mucha valentía. U n a sola estocada, premiada con ovación circular, y la demostración de que todavía se pueden rectificar lamentables errores del pasado. E l Niño de Tomares se dejó achuchar varias veces toreando de capa, y con él trapo rojo alcanzó aislados momentos felices. M a to medianamente. Carrión, muy valiente, estuvo constantemente envasado entre las astas y la barrera, y al desembalarle el bicho en una ocasión, le a r r a n c ó de cuajo l a manga derecha de l a taleguilla. N o le acompañó la fortuna, al herir. Astola, muy nervioso e inseguro. Estuvo siempre cerca del enemigo, mas no consiguió plasmar en faena sus voluntariosos esfuerzos. José Fernández (Pepete) muy arrojado y con los mejores deseos. L e faltó, desenvoltura con la capa y l a muleta; pero mató bien y por defecho, dejándose coger l a primera vez. Látigo y Fortuna picaro. n bien, y entre los infantes sobresalieron V i t o Rosalito y Rojito. Juan M. Vásqiies. 1 A falta de uno... seis U n pa, r de toreritos buenos que, un día. fueron novilleros de cartel y ahora, por males de sus pecados, están a lo que buena o malamente salga; uno que no supo ganar el ansiado cartel en su ilusionada presentación ante los sevillanos; otros dos a quienes conocimos a la luz de los focos, como modesto apéndice de las bufonadas efectilescas, y, por fin, una figura inédita. Así era el cartel de l a novillada económica ofrecida anteayer al público de Baratillo. Un par del veterano Vito ¿oró viejo? y esperan; que tienen bravura. para embestii- j bien; pero no codicia; son los toros agradables para el torero. Pero el toro como éste, que pone avaricia en l a embestida, que no se limita a pasar por debajo de l a muleta en juego con el toro, sino que sale a coger lo que le ponen por delante, y cuando se Jo quitan se revuelve en su busca, este toro precioso desde el tendido es insoportable en el ruedo. Fuentes Bejarano le toreó, sobre ias piernas, en una segunda parte de faena, a ver si podía con el toro, y aún asi, a pesar de sus facultades, estuvo dos o tres veces cogido, porque no había manera de despegárselo. Este toro es el peor que le puede tocar a un torero, porque a medida que luce el toro, desluce el torero, aunque sea m á s valiente que el C i d porque no se puede mandar al toro a una jurisdicción de confianza; porque estos toros pegajosos no van más allá del radio de acción de los brazos y vuelven en seguida, cuando aún no está el torero en su sitio. P a r a el que no se da cuenta de l a dificultad de esa clase de bravura, el torero hace el. ridículo. Pero si pueden poner los toros en pie para hacer la experiencia, de echarles toreros, se vería que hay algo con lo que todavía no se ha podido en el toreo, a pesar de sus propósitos: con la verdadera bravura de los toros. Como la adulación ya muchas veces en busca de los toreros, un día que salió un toro muy bravo le dijeron a Bombita: ¡Q u é toro m á s bravo, Ricardo! ¡Q u é lástima que no te haya tocado a t i! Y Ricardo, que conocía perfectamente su profesión, replicó en seguida: M á s vale que no me haya tocado. EN MADRID La avaricia de los toros bravos ¡B u e n toro dio el domingo- en M a d r i d D Juan Terrones! Bravo, de mucho celo y pegajoso. T o r o bravo con los caballos, y de tal manera en los capotes, que en el tercio de quites, aunque lucido, no le dieron un lance a gusto, porque donde acababa, el capote, allí se revolvía el toro buscándole. L o que se dice un toro bravo, señor. E l toro embestía muy bien; pero esa condición, de pegajoso hacía que estuviese siempre e n c i m á d e los toreros. Creció con l a lidia y llegó a l a muleta codicioso. Bejarano intentó torearle valiente. ¿P e r o se le podía torear? S i no había terminado un pase, cuándo el toro se le venía. E r a el toro difícil de torear. Porque esos toros que parecen bravos, entran y salen Úri buen muletaüó del Hiño de Tomares Aunque baratillo, el espectáculo sólo estuvo medianamente concurrido; que en esto de los toros, cuando falta el mínimo de expectación necesaria para dar a la fiesta s i quiera un latido de vida, ya puedenlos precios eas queñecerse cuanto se quiera: la gente se llamará andana. A l a desanimación del domingo ayudó el tiempo, encapotado y lluvioso, que tomó a su cargo, victoriosamente, el desalojar sin porra de goma las localidades bajas del circo cuando aún estaba vivo el primer bicho. -L o s novillos de D J o s é Anastasio M a r tín eran, por el tipo, finos y bonitos; por las condiciones, nobles y dóciles. Así por la lar mina- ¡precioso animal el cardenito que tocó a Astola! -como por el estilo, la novillada indicó lo que esa vieja vacada podría aportar a los ruedos si su poseedor decidiese un buen día tomarla en serio y redimirla de l a lidia en broma, con o sin partituras del E m pastre. E l alcalareño Pineda comenzó muy bien. Sus verónicas y los lances al costado arrancaron ovaciones al arte y la gracia del arrinconado lidiador. Sólo que éste se sació bien pronto de aplausos y dejó sin hacer l a faena de muleta que todos esperábamos. U n revolcón durante el trasteo, una estocada desprendida, cruzando bien, y a esperar pacientemente otra salida. A l otro hombre dé Alcalá, Epifanio B u l nes. le tocó el único novillo desagradable, que, manso, se quedaba en los vuelos del engaño e iba haciéndose progresivamente re- T... pero ven pa... -ca. t También te ya á eñfaá... so ladrón