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A B C. M I É R C O L E S 5 g D E JUNIO D E Y 93 S. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. TÚ de discursos y de proyectos sin cuento sé descubre también que nadie quería nada concreto, salvo pequeñas tretas curiales, y sí solamente encender el rencor de las masas con fines electorales y revolucionarios para defraudarlas luego. ¿Y las autonomías, federalismos y promesas liberadoras de pueblos de estas gentes, para quienes la opresión monárquica era todo el problema nacionalista, -y que ahora resulta que tampoco pensaban conceder nada y, sin embargo, se aferran a seguirse llamando cosas comprometedoras- -federales, autonomistas- -por pura cuquería electoral y partidista? Enorme impostura, donde los sinceros son los que quieren deshacer España y a los otros se les puede recordar siempre con precisión indiscutible l a fórmula de la promesa sin límites, ahora incumplida entre sutilezas y retractaciones. Quienes practicaron las otras maneras honestas, omitiendo palabras sin responsabilidad, podrán, creo yo, soportar mejor el j u i cio de la Historia. N o han conocido los políticos del régimen caído esta época de d i tirambos para el gobernante, en que las m á s triviales palabras son prodigios de elocuencia, y las componendas de pasillo, altos ejemplos de abnegación y sacrificio patriótico, y las cuquerías, evasivas, p atriarcalidad y elevación del espíritu. L a crítica de sus días era asperísima, injusta muchas veces, desdeñosa y cruel. Pero la gente, que sigue bastante su propio juicio, puede ya bien a sus anchas comparar lo que hicieron los unos y fo que prometieron y hacen los otros. JOSÉ F É L I X LEQUERICA. BUGALLAL Tenía D Gabino Bugallal en P a r í s un despacho muy agradable sobre el j a r d í n de las Tullerías. Allí recibía, un poco envejecido, sin tristeza aparente al menos, a los que le visitaban. E l gesto seguía siendo el mismo, contenido, afaíolte, extraordinariamente señor. Porque no he visto hombre más cortés, delicado ni mejor de tono. N o sé si estos valores sociales se hacen, como dicen, raros entre tanta prisa y tanto agobio. E n e l conde de Bugallal alcanzaban todo su valor y era un alivio trabajar y convivir con aquel caballero, que aparentaba no atender sino muy ligeramente a las cosas, tener en mucho el parecer de los demás, preguntar con franqueza sin simular informaciones ilimitadas, y que poco a poco imponía su superioridad de entendimiento y de experiencia, para concluir y resolver con una lucidez decisiva. No sé si l a gente midió en su valor justo la gran capacidad de Bugallal, y si esa auténtica sencillez y falta de pompa le perjudicaron en el aprecio, público. Todas las cualidades de un hombre de administración y gobierno las reunía como quien más. De cerca pude verle durante el último M i n i s terio de D Alfonso X I I I conseguidos ya todos los puestos y honores políticos, y, sin embargo, aplicado como un muchacho en los principios de su carrera al estudio le los problemas de la economía española. E l y el conde de Romanones, entonces m i nistro de Estado, pasaron largas tardes de labor preparando minuciosamente nuestras negociaciones comerciales, sin que la tempestad, bien próxima, y los cuidados de tipo político general les apartaran de esta sujeción al oficio, que desdeñosamente sue- len llamar algunos las materialidades del cargo asiduidad que antes he tenido la fortuna de ver en D Antonio Maura, y que me parece importante para medir la capacidad de servicio público. Cuando l a tempestad al fin estalló, el conde de Bugallal, mantuvo su entereza impresionante, que: el buen gusto le hacía envolver de impasibilidad, y respondía a una alta calidad de espíritu. L e recuerdo la noche del 13 de abril, decidido a cumplir culquier deber, y l a del 14, firme todavía en su amargura. Y después otra vez, igual y sereno cite ánimo, en el gabinete pequeño frente a las Tullerías- ¡Pintoresca injusticia la de nuestra crítica frente a tantos políticos de l a Rest a u r a c i ó n! Cincuenta años de paz y de progreso, en ciertos aspectos extraordinario, entre todas las discordias imaginables y numerosísimas demencias sueltas, ¿han podido correr a cargo de esos limitadísi- mos sujetos que la crítica regeneradora y revolucionaria nos pintaba para bochorno nacional? ¡N o! S i n el propósito, que sería pueril, de encadenar l a marcha política a una fórmula única o de repetir literalmente n i n g ú n género de pasado, es preciso conceder todo su valor a estas figuras de una gran empresa histórica. E n interés de todos, para evitar esa apetencia morbosa de hambres prodigiosos y geniales- -que jam á s han de aparecer a l a medida, por lo menos, del extraviado deseo público- causa considerable de nuestra perpetua desorientación política. N i prodigios, ni g i gantes n i casi los hombres nuevos en cuya busca dio sus peores tropezones la Dictadura. E n cambio, m á s cuidado con las. ideas. Porque hay principios políticos de tal nocividad, que a su servicio se secarán, en seguida las m á s auténticas capacidades, y iíneas firmes de defensa y progreso nacional capaces de centuplicar la aptitud de quienes las sigan. L o s políticos de la Restauración, los salientes y de talento constructivo, hombres 1 de doctrina conservadora, debían graduar su conducta y su palabra por l a exigencia de lo posible y lo conveniente, aun con sacrificio del éxito brillante. E s a espléndida irresponsabilidad, propia, de la oposición sistemática y de arriba abajo, no era de su cofradía. Como a el que más, les hubiera sido posible. soliviantar, agitar, encender pasiones y blandir utopías. Medios sobrados tenían, de tentarles el camino. Sólo que hombres de sentido nacional, conocedores de la historia y de la realidad españolas, prefirieron el servicio escueto de su país a la perturbación ruidosa, llena. de satisfacciones inmediatas, a la larga, probablemente ingrata para un espíritu normal. Y así v i vieron desbordados siempre por una oposición riquísima de tentaciones y promesas, descoloridos, sin relieve popular, en un país donde el buen sentido tiene pocos medios y menos afición a manifestarse y ayudar a quien te sirve. Sólo que la e x t r a ñ a rapidez de l a vida presente les ha permitido asistir al espectáculo de decepción más extraordinaria de la vida española, verdadero homenaje en voz baja a su labor honesta. De todo el aparato formidable de la oposición, doctrinas, sistemas, diatribas, alzado contra ellos, ¿qué queda ya en pie? Mentira las acusaciones de corrupción contra los más altos representantes del régimen, cuchicheadas con tanto éxito durante largos años. Mentira los cargos contra los políticos mismos. Fumistería- -fumistería trágica- los rotundos anuncios de reparto de tierras y asentamiento de miles de familias, que ahora nadie quiere cumplir e interesan a dos docenas de diputados. Broma cínica el llamado problema religioso, donde- -fuera de la venganza de una reducida secta- -a vuelta de miles ¿QUE ES E L PUEBLO? U n diputado socialista ha dicho: En A r a g ó n hay un estado pasional hostil al Estatuto de Cataluña. Como yo represento a A r a g ó n voto en contra del E s tatuto. Otro diputado socialista sostuvo en la misma sesión: -Reconozco ese estado pasional del pueblo aragonés contra el- Estatuto. Pero como creo firmemente que el pueblo está equivocado, voto en pro. Convendría mucho fijar los síntomas por los que se puede conocer cuándo tiene ra zón un pueblo y cuándo se equivoca. Esto es más importante que nunca, cuando se ha proclamado y reconocido constitucionalraehte que la soberanía reside en él. E n este como en el otro régimen nadie nos ha explicado aún, con la necesaria precisión, qué es el pueblo. A L mismo conjunto de ciudadanos, que recibe este nombre de labios de algunos, le llaman otros populacho turbas alborotadores o elementos revoltosos E s muy frecuente también que se le denomine los descontentos en cierto tono reprochador y despectivo. Y, esta última calificación vierte sobre el asunto, mucha más luz que todas las anteriores. Parece ser que el pueblo conserva su condición de tal mientras se siente bien o mientras no siente nada. Pero cuando comienza a experimentar descontento, sea cual sea el régimen que lo gobierna, pasa a ser una masa de equivocados o de majaderos. U n fenómeno muy parecido ocurre con el vino, que si se agria deja de ser vino y pasa a ser vinagre. E l pueblo, pues, debe de estar siempre contento, en l a seguridad de que la soberanía es suya y está en su poder. Ú n i c a mente se le impide que l a maneje con dañina temeridad. Los malintencionados pueden a r g ü i r que lo mismo le ocurrió a Sancho Panza con el doctor Tirteafuera en su famosa ínsula. Pero el recuerdo no es apropiado, porque Sancho Panza no eligió tal doctor y el pueblo vota concienzudamente los suyos. E n cuanto un pueblo vota a un hombre, y FABRICANTE D E AGUARDIENTES COMPUESTOS Y M C O R E S SOLICITA A G E N T E S D E P R I M E R O R D E N D I R Í J A N S E A J E R E Z (CÁDIZ) ML P A Z V Á R E L A Jerez- Coñac- IVlanzanillas Estaba horrible con aquellos p u n í o s m e- gros en las mejillas... en la nariz... ¡Y sin saber c ó m o q u i t á r m e l o s Una recomendac i ó n de la famosa Auristela leída, en una revista, me hizo saber que muchos polvos de tocador tienen compuestos q u í m i c o s l o s cuales, al contacto con la grasa cutánea, se o ida y ennegrecen los poros. ¡H a y q u e ver la simpleza del caso! Inmediatamente adquirí Polvos Isabel, compuestos solo de hojas de rosas valencianas, secadas y. pulverizadas por un procedimiento patentado. Son de varios colores; pero yo mezclo el ocre con el blanco y obtengo un tono trig u e ñ o precioso. 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 // Cambio Nodo4-Sevilla