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ñícció- a espiritual sobre la humanidad entera, diciéivíole: Apacienta mis cederos, apacienta mis ovejas De esta suerte principió la inmortal dinastía de los Pontífices, asentada sobre cimientos de amor. Y a el pescador de Galilea se ha t r a n s í o r m a d o en vicario de Cristo. E s algo más que una autoridad qué manda o un poder que se impone, es el mediador entre el cielo y la tierra, es luz que empieza a brillar y no se extinguirá hasta el fin de los tiempos, es fuerza siempre en movimiento, mano que conduce a la historia hasta les confines de la eternidad. Sobre él y sobre sus sucesores actuará la presencia de. Cristo, en forma análoga a como se manifiesta en la E u c a r i s t í a oculta en el Sacramento con las especies de pan y de vino, velada en el Pontífice por las vestiduras de la carne y la sangre humanas, pero en ambos casos por medio de una secreta y misteriosa osmosis, gue en v i r tud de la gracia santificante cambia y renueva ideas, sentimientos y conductas, imprimiendo a la vida un sentido integral y armónico, en que espíritu y m a t e r i a equilibrados realicen el ideal del progreso, de la libertad y de la justicia. Así nace el Pontificado Romano que a t r a v e s a r á los siglos, dominándolos, e i r á encarnándose de trecho en trecho en frágiles y fugaces existencias materiales, pero también en la firme e inconmovible espiritualidad de Un régimen, de un magisterio, de una u n í- dad doctrinal, eme nada ni nadie han podido alterar a lo largo de veinte centurias. Pie aquí la significación verdadera y genuina de la frase Tu es petrus; t ú eres piedra; es decir, l a continuidad de Cristo con tan exquisita pureza mantenida, que su voz elevada m á s allá de las nubes después de l a Ascensión, no pierda resonancia; antes se siga percibiendo i n tacta en la voz de los P a pas, en la voz de la Iglesia. H e aquí el principio de conservación y d e s arrollo que sostiene viva la regla de pensamiento y creencia, l a uniformidad de disciplina, por entrañ a r en lo íntimo de su ser una energía de asimilación, capaz de penetrar todas las ideologías y todas las actividades sin cambiar en lo esencial, p. ¿r s e v- e r a a d o siempre, igual a sí misma, en medio de las transformaciones, sacudidas v catástrofes que conmueven a la sociedad. Este y no otro es el secreto de la perdurable juventud del Papado, que, representando en todas las épocas, la obra redentora de Cristo, ofrécese c o n t e m p o r á n e a de cada una de las generaciones que van pasando, en el seno de las cuales ejercita su misión docente, procurando aiusta e en lo posible al ritmo el instante, a semejanza ds la buena madre, que con incansable solicitud sigue los pasos del hijo, adaptándose a su andar con amor y autoridad juntamente. E n vano es que la persecución, hechura de envidias, odios e ignorancias desencadene sus furias sobre el Pontificado. N a c i do a los pies de la cruz, tiene larga experiencia de oadeceres y sabe que el m á s rudo golpe del vendaval podrá estrmecer las ramas del árbol, pero la raíz se fortifica, porque el riego de sangre depura y robustece. Por algo dijo Tertuliano que ¡a sangre de mártires era semilla de cristianos. ¿C u á n d o m á s combatido que en la actualidad? Socialismo, comunismo, ateísmo, laicismo. E n plena neopaganización individual y colectiva, se prescinde o se niega la participación de la Iglesia y del Papa en la vida social y política, y, a pesar de este obstinado empeño que en algunas naciones, como la nuestra, cuenta con el apoyo de los Gobier- nos, nadie podrá negar que en España comí) en todo el mundo asistimos hoy a un afloramiento, a una marcha hacia lo sobrenatural, emprendida con gesto de sonriente abnegación por los Papas. Este renacimiento católico, cada día m á s intenso y desbordante, esta juventud conquistadora que se traduce en expansión de apostolado, este vigoroso anexionismo de tierras y de a l mas, obra del empuje misional, son otras tantas pruebas de una inmarchitable l o zanía. L a frase que un historiador protestante, Guizot, escribió hace muchos años para sintetizar la labor de los Pontífices en la Edad Media, puede con entera, verdad repetirse en la moderna. L a civilización es el cristianismo, el cristianismo es la Iglesia; la Iglesia- es el Papa. -J. P O L O B E N I T O 1 Fragmento del cuadro del Greco. (Fotos Rodrigues.
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