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C R Ó N I C A S DE P A R Í S LAS F I E S T A S D E LA SEASOUU -Í 932 el artista ruso Boris Zadri, l a figura gentil de la danzarina apareció en el centro de la sala, vestida a veces con largas t ú n i cas de pálidos matices, como en el Vals romántico, de Debussy. que hubo de repetir entre grandes aplausos, semidesnuda otras, como en el Tango negro, en el que las obscuras gasas del elemental atavío y la suelta y abundosa cabellera, dábanle un aspecto tenebroso, esparciendo en torno un hálito de misterio, de muerte, cual en una escena de l a tragedia clásica; en todos ¡os aspectos en que se ofreció a la vista del público, obtuvo su admiración y su aplauso. Posee esta danzarina, a quien tal vez el público madrileño tenga muy pronto ocasión de admirar, una técnica precisa de l a danza, de todos los tiempos y de tocias las naciones; desde la danza clásica, l a que inspiró tan bellos frisos marmóreos a los artistas de la Grecia antigua, hasta las danzas españolas, inspiradas en las de las bailarinas orientales; en todas sus interpretaciones pone esta artista algo personal, y si pudiera reprochársela, una demasiada l i bertad de expresión; este defecto, si tal puede llamarse, está plenamente compensado con l a distinción y l a elegancia que sabe imprimir a sus creaciones. M i l a Cirul es rusa, y cuando l a revolución la hizo abandonar su patria, su gran arte de danzarina moderna l a llevó bien pronto al puesto de primera bailarina de la Opera de Berlín, y m á s tarde a Viena, donde fundó una escuela; su triunfo m á s completo lo obtuvo en la famosa Marcha eslava, de Tschaikowsky, donde hasta l a misma y genial Isadora Duncan no llegó a la perfecc i ó n una p a r á f r a s i s coreográfica de la) vida del pueblo ruso, con su e x t r a ñ a mentalidad, sus contradicciones y sus tumultos, sus alegrías y sus penas, como dice uno de los críticos más importantes de Berlín. N o tiene la pretensión de interpretar estrictamente los bailes de E s p a ñ a de Grecia; de Persia, de Rusia; se inspira en ellos, y así sus creaciones m á s aplaudidas se t i tulan Canción tzigana, Leyenda persa, Recuerdo de España y Danza bárbara. L a Afila Cirul, notable artista coreográfica. (Foto Studio Iris. Entre las fiestas de la season, que ya ha terminado, y que no se ha distinguido ciertamente por su animación, hay que señalar una muy interesante, celebrada en el estudio de una notable artista coreográfica. M i l a Cirul, que noches después era objeto de grandes ovaciones en la función de gala del teatro de l a Michodiére, había reunido en su artístico atelier de la calle de San Simón, en plepo barrio de San Germán, a un selecto n ú m e r o de amigos y admiradores, entre los que se contaban Sus Altezas Reales el príncipe y l a princesa Cristian de Hesse; los secretarios v at taché es de la Embajada de Inglaterra; ln. condesa Blanca de Clermont- Tonerre, el ¡marqués de Abartiague, el embajador del j a p ó n y su s e ñ o r a los condes de Peretti de la Roca, el ministro de Suecia, l a condesa de Polignac, el secretario de la E m bajada de España y señora de Cauthai, y. algunos más. Ante l a luz combinada del reflector eléctrico, y a los acordes de l a suave música ejecutada coa delicadeza y sentimiento por Mila Cirul en el vals romántico de Debussy.