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UN CADA EMBUSTE DOS HORAS gesto... ¿Qué e pasa al turista? ¿Qué le rodea... ¿Humo... No, no parece humo. Es decir, sí lo parece; parece el humo que pintan los chiquillos en sus dibujos de trenes: la circunferencia corrida y repetida... Es... es el olor cálido de las ensaimadas recientitas de Ja madrugada, húmedas por jugosas, por tiernas, por calientes... Es el olor qué no se esparce por toda la ciudad en ondas, como el olor del pan reciente, sino como el humo de los trenes pintados por los chicos: siguiendo la forma enroscada de. ro a los 50.000 ingleses. las sabrosas ensaimadas mallorquínas. De Pero, a pesar de la baratura insospechada modo que es una maraña tal, que el primer y de haber encontrado al pobre en algún apetito se, enreda con ella. espejo que otro, Mallorca no es sino la isla Las ocho. -Peñasco frente al mar. Más del alto turismo, y América será, si acaso, allá, el peñasco de las inquietas gaviotas, la Mallorca del emigrante. con sus chillidos de cuervos, de gatos, de Audaz es pintar todavía otro paisaje ba- niños, o de todo ello mezclado en una ensalear, y más en las cuartillas; pero una nueva ladilla de chillidos. Danzan sus alas y vueaudacia esconderá la otra; séalo la exagera- lan de cuendo en cuendp, y vuelven a dar. ción final de los relatos. otra vuelta por el aire, dirigiendo con las Las seis de la mañaná. -Teirraza. a la ba- alas un vals suave de la mañana. hía de Palma. Seda del amanecer; seda de E l sol de las ocho, ya blanco y frente a mar y cielo unidos. Tan tersa está la seda, mí, ha extendido un caudaloso río de plata que el disco naranja la viene rasgando, aun- hirviente sobre el mar, con sus. últimas es, que sea en silencio. trellitas que se pierden y surgen en salto Los dos faros pierden sus valores, se hade pulga a los pies de mi roca. cen el último guiño agonizante y se esconDe pronto, cruza ej río de plata la silueta den. Un vapor patina por el agua, camino negra de una barca de vela latina, que redel muelle. Demasiado silencioso para tan. torna y que también se escurre suave sobre grande como es. ¿Por qué no asusta a los el espejo vivo de la bahía. niños con sü sirena de miedo? ¿Por qué Silencio y tranquilidad; brisa que no: se viene en puntillas... Gracias, gracias, en ve venir y perfuma de mañanita el rostro. nombre de todos estos turistas que duermen Pero de pronto, por un malestar, nos llevaa mis espaldas. Les diré la atención que ha mos la. mano a la nuca... ¿Una herida, tenido- usted con ellos, señor Don Vapor... Es un agujero que nos está haciendo a nosUna, dos, tres... ¡muchas lanchas, muy otros, a la mañana y al silencio, el motor esparcidos sus puntitos hasta la comba del temblón, constante e impertinente, de una mar! E l viento manda, y todas tienen su barquita odiosa muy) ana, sola ella contra vela con la misma inclinación y exacta pomtoda la ciudad tranquila y mansa. pa. E l viento es el capitán, y en su soplo l i No hay manera de taponar el creciente gero envía la voz de mando a todas las lan- agujera doloroso... ¡Qué- p e n a! ¡Qué chas que los pescadores han esparcido por la pena... bahía. L a ciudad tempranera. Los ciclistas Las diez. -El autocar cruza la isla por envan al campo, a sus faenas agrícolas. Los tre montañas, por las llanuras fértiles, por tenderos madrugadores, abren para afuera y los pueblos silenciosos de portales cerrados, muestran los cuellos subidos de sus ameri- por entre los molinos que vigilan los campos, canas. dispuestos, en efecto, a convertirse en giE l turista empieza a notarse a sí mismo un gantes... S Resumen de Mallorca. E l autocar va pleno con el silencio de los ingleses y con sus caras, que son como las de esos pájaros que todo lo miran desde sus jaulas. También va un extranjero que eso es lo que yo parezco allí. Las bicicletas de los labradores- -seis u ocho- -rodean en cada finca a un solo árbol, de cuyas ramas cuelgan las seis u ocho chaquetas. E n cambio, las labradoras van en parejas, sobre sus cochecitos de dos asientos, dos ruedas y el curvo toldillo acogedor. L a tierra es tan rica, que humanamente parece sabrosa y alimenticia. Y en algunas montañas tremendamente pinas hacen peldaños de. legumbres, con muros a veces más altos que un hombre cada uno. para un metro escaso de huerta horizontal, alrededor de la falda; y otro encima, y otro, y otro... hasta la cumbre; de modo que consiguen que inmensas y agudas montañas parezcan de mampostería. (La mentira de esta hora consiste en que hay matas de habas tan tontas, que al principio apenas dan rendimiento. Claro que, en cuanto se acostumbran, ya no las. dá el vértigo y se ofrecen llenas. Sigue el autocar por las llanuras. Los. almendros son la copiosísima nevada que, según caía, se ha quedado estática- -y estética- -al adivinar el primer aliento de la primavera. Cada yunta se redujo a media. ¿Para, qué más, si la tierra se levanta sin esfuerzo... Como que yo. he visto. yo he visto un labrador... que movía la tierra... pues, con la vara curva de un colchonero. ¿0 es que lo he soñado? Mediodía. -Va tan de prisa el autocar, que... ¿A ver ésta... También, también esta payesa, llevaba hasta la cintura su trenza fina, recia, antigua, delgadita... Todos éstos. son los famosos olivos, ¿verdad? Oh; cuántos! Y qué extrañas figuras. Casi todos parecen dos hombres desnudos, musculosos, retorcidos, luchando con nobleza. Y a deben, ser muy viejos; pero. qué fuertes. Tan fuertes, que lo que semejan son dos mozos fornidos. Y va tan de prisa el aMío, que los consigue movimiento... Parece un cinematógrafo. Fijándose con buena voluntad, es como un cine. Y ya, sin voluntad, al contrario: le atrae a uno la idea de que es una película, un poco incierta por la velocidad. E l autocar corre, corre, corre... Cada fuerte y viejo olivo es un cuadro de la, cinta. Los dos hom- fores l u c h a n noblememt e; se agarran por el cuello, caen al suelo, uno levanta los brazos, se vuelven a levantar. Son miles y m i l e s de árboles, pero los dos luchadores son siempre los mismos: vivos, rápidos, inquietos, retorcidos, ágiles... Ahora levantan ios b r a z o s im instante, vuelven a cogerse de la c i n t u r a Otro b r a z o a lo alto... i Ah, y a comprendo... Es que e s t á n luchando a ver quién alcanza una aceituna del árbol aue forman entre los dos, y que ha de ser el trofeo. Las dos de la tarde: -Hotel espléndido, fin del viaje, después GIGANTONES E ha dicho que las almeias son las ostras del, que no tiene dinero, y yo he dicho más; yo he dicho que el hipo es el montar a la inglesa del pobre; de modo que, ya cogido el truco de la gracia, iba a escribir que la América del pobre es Mallorca, por lo que tiene de travesía ingenua, con su instante de aislamiento en el mar y todo, poco mayor que el de un trapecista que se suelta de una barra para ir a ¡a otra, y por lo que tiene de Norteamérica, aunque salpicada por toda la isla. Me refie- I.O S M O L I N O S V I G I L A N T E S DISPUESTOS, E N E F E C T O A C O N V E R T I R S E E N
 // Cambio Nodo4-Sevilla