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CRÓNICA DE PARÍS (Dibujos de Carlos S d e Tejada. ¿QUE DIRÉ A USTEDES? despertarme esta mañ a n a penetraba el sol primaveral a través de las persianas, aquél, o ya ninguno, era el instante de encontrar grata l a vida, y, sin embargo, yo estaba de mal humor. Iba a s e r m o n e a r m e cuando v i clara l a razón de mi disgusto: tenía que escribir un artículo, no encontraba tema, sobrevenía el drama. Creí ha Slar inspiración ante mi escritorio jugando con! a estilográfica; tuve la imprudencia de mirar hacia fuera y mi resolución de trabajar fué rechazada en un instante por el deseo de aspirar el aire matinal. E l tiempo preciso para ponerme un vestido y el sombrero y heme en la gran avenida, subiendo hacia el Bosque de Bolonia. E s domingo, el día en que, j ó v e n e s y viejos elegantes, se dan cita allí, a las once. A l p r i m e r golpe de. vista descubrí mujeres vestidas con. tonos suaves, ni claros ni obscuros. S u silueta es la misma A MODELO LUCILE PARAY: TRAJE DE SPORT D E J E R S E Y AZUL MARINO. Y AZUL SEVR. ES SOMBRERO LOU 1 SE MODELO DE BOURBON presentada por las modistas. en sus últimas colecciones; talle un poquito alto, hombros largos y falda ceñida por arriba. H a b r í a mucho que decir de esta l í n e a pero no pierdo tiempo en ello, porque sería i n ú t i l las muchachitas y señoras jóvenes no están m a l pero las otras alteran el equilibrio de. sus proporciones, lo que me parece, m a l eso no r í e incumbe, y no debo mezclarme en sus errores. L o s vestidos abrigos están felizmente representados he aquí uno muy bonito, hecho con lanilla verde almendra, estampada en el mismo tono, tiene cuerpo flojo, cerrado oblicuamente, cuyo movimiento dibuja una pleg u e r í a sujeta por tres pasadores. de esmalte verde y negro; otro pasador cierra el c i n t u r ó n y la falda, muy cruzada, realza la figura; el cuello, muy original es medio alto; esta tendencia se. afirma; los escotas se hacen cada vez m á s altos; en invierno se comprende, pero en verano... Muchas esclavinas, en formas diversas. U n a de crespón negro, como el vestido, se pasa por la cabeza; completamente estirada cae hasta l a cintura y dibuja dos picos sobre los brazos, y se ondula sobre la espalda, llegando hasta por debajo del talle. O t r a beigc, tiene aire de pelerina, ajustada a los hombros, v se detiene antes de cubrir el delantero del tr, aje; el forro de lana diagonal beif e y m a r r ó n como la corbata- sin anudar. L a tercera, que veo de lejos, me hace apresurar el paso para observarla mejor: va unida a un traje sastre y está bordada a la inglesa, en el mismo color; no se la puede llamar capa ni casi esclavina, por ser cort í s i m a pero merece mencionarse entre las m á s bonitas; sus- bordes se tambalean sobre la blusa, de igual tela, en color celeste; el sombrero, de paja negra trenzada, forma bretona, tiene alrededor de l a copa dos cintas, negra una y celeste la otra que están colocadas como si jugasen al escondite. Unos recién casados me detienen un momento; cambiando amables y quizá sinceras frases, me amparo en mi profesión para m i rarlos bien. V e o que ambos sé visten iguales. E l l a se deja modelar por un taillcur gris claro, estampado en blanco; lleva camiseta blanca, de cuello alto, y corbata con l u nares verdes, zapatos grises, sombrero gris de aire impertinente, subrayado por dos aletas verdes, que se lanzan hacia el cielo. E l marido se viste con l a misma tela que su mujer; su chaqueta tiene idéntico corte entallado que la de su media naranja; zapatos y corbata exactos, y sombrero de fieltro gris, con ala vuelta atrevidamente, inclinada hacia el lado derecho. L a idea no es recomendable ni para los matrimonios muy j ó venes, pero merece indulgencia por tratarse de dos chiquillos encantadores. N o les oculté mi impresión, endulzada
 // Cambio Nodo4-Sevilla