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Estados Unidos o en oíros países. Ahora dice el- Sr. D e Valera lo siguiente: D e aquí eri adelante, mi Gobierno se e n c a r g a r á de cobrar esas rentas y, además, se las g u a r d a r á en el bolsillo. N o solicita mía moratoria, ni dice que Irlanda atraviesa una crisis que íe impide hacer esos pagos; lo que dice es que se niega a entregar las rentas a los que legalmente deben percibirlas, ya que representan el interés sobre, un capital que en su tiempo facilitaron, Y dice esto porque sabe de sobra que Inglaterra guardará sil palabra y, en último caso, ya que ha empeñado su crédito, abonará a los accionistas el dinero que se queda en Irlanda, por haberlo dispuesto así el Sr. De Valera. sin m á s negociación ni m á s acuerdo- con la otra parte en el contrato. E l Gobierno británico ha llevado la cuestión al terreno que le corresponde, anunciando que, de persistir Irlanda en su actitud, no le será concedido el trato comercial preferente de que gozan los países del Imperio. Después de todo, estos problemas separatistas se reducen a una simple operación matemática, cuyos términos son: ¿C u á n t o me compras? ¿Cuár. tc te compro i Se resta el n ú m e r o menor del número mayor, y lo que- resulte tiene m á s elocuencia que todos los discursos pronunciados en una C á m a r a aunque se trate de una Cámara constituida en eternamente constituyente. -Luis ANTONIO B O L Í N En una pensión madrileña varios individuos sorprenden al consejero de la Generalidad catalana D. Ventura Gassol y le cortan el peló. No se ha hablado estos días en Madrid de otra cosa. En el hotel Nueva York, de la Avenida de Eduardo Dato, cuatro individuos sorprendieron en el lavabo al consejero de la Generalidad catalana y diputado a Cortes D. Ventura Gassol y le cortaron con unas tijeras y una máquina varios mechones de su abundante cabellera. El Sr. Gassol persiguió a (iros a uno de esos individuos, pero ni a éste ni a los restantes se les logró dar alcance. Momentos después del suceso, el propio señor Gassol, que presenta, además, varios rasguños y arañazos y un corle de diez centímetros en el brazo, refiere a los periodistas lo ocurrido, en la habitación que ocupaba con el Sr. Puig Ferreter. Foto Díaz Casariego.