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caballero con aficiones a cosas de peluquer í a por lo que veo, pues decidí con mis amibos hacer lo que he hecho. Además, lo he hecho por representación. M i primer impulso fué recortarle el bigote al jefe de Gassols, pero no tenía ganas de viajar por el extranjero. Pero, muchacho, sólo pensar eso es fantástico! N o comprendes que se armaría un lío del diablo? -Pues si te parece fantástico pensarlo, imagínate qué será hacerlo como lo hemos hecho. Bueno, adiós. ¿D ó n d e vas ahora? ¿A pasar l a frontera? Blanes me m i r ó muy serio, con una especie de elegante aburrimiento: -N o A tomarme un whisky. Falsa interviú en cuatro palabras con Alacia Aquí me podéis ver con la gloriosa figura de la semi- independencia catalana. Y o no estoy demasiado seguro si acabamos de habiar o no. Después de convencerme de que lo que Pepe Blanes me dijo era verdad, ¿p o r qué no podía serlo que en m i suerte y celeridad hubiera ya hecho la entrevista con el glorioso prohombre? A Maciá se le ha comparado físicamente con D o n Quijote. A mí me recordó siempre un tipo perfecto de insurgente venezolano. Fuma pitillos ingleses de los majos, es amable y le manda a uno sentar en una especie de jamuga muy incómoda que tiene en el despacho de la G e neralidad, en su despacho que se asoma a un jardín donde está una preciosa estatuilla de San Jorge, presidiendo un ruido monótono de agua. Tostado, verde- -tanto casi como yo- flaco v lento en los pensamientos de l a conversación, me da tiempo para fijarme en sus botas, en el nudo de su corbata, que me parece de los que están hechos de un modo histórico; esto es, antes de onerse sobre el cuello alto qr. e m á s que cubrirle le almena, dando a su cabeza de patriarca que padece del hígado, una calidad casi romántica de puño de bastón. ¿Q u é opina usted de ese corte de pelo, excelencia? N o me contesta directamente. Luego, como si me fuera traduciendo tus palabras, me dice: -E l diputado catalán Ventura Gassols ha sido víctima de un atentado, de una agresión. -Bueno, pero capilar simplemente, excelencia. -H a sido víctima de una agresión. -Como usted mande, excelencia. Cruza entonces el presidente una pierna sobre otra, detalle que no quiero hurtar a sus biógrafos- -yo mismo lo he sido y no sabía! tanto- -y me dice: -Las lesiones que sufre no son importantes. Pero, aunque hubieran sido de muerte, yo no puedo sino decir al pueblo c a t a l á n A h o r a m á s que nunca es preciso serenidad, calma y disciplina. N o lo puedo evitar, salto en m i insoportable jamuga y pregunto: ¿Pero es que los castellanos podemos temer una represalia? ¿Que se nos corte el pelo por decreto? E l presidente sonríe. -N o no pasará nada. L a gente liberal ha de condenar el atentado. -Todos lo condenamos, excelencia. Nos estrechamos la mano. Plago una inclinación de corte. L e agradezco su amabilidad. Hemos estado nosaltres sois en el despacho, v luego, en el jardín. Pero no hay tiempo que perder. E l periódico- -como dicen los interviuvadores profesionales- -no espera. -Adiós, excelencia. Otra inclinación. Y una firma. U n a firma que puede ser ésta CESAR GONZALEZ- RUANO Un mozo del hotel señala los impactos de los disparos que hizo el Sr, Gassols... cuando ya habían huido sus asaltantes. (Fotos Días Casariego. Resistíamos empujones violentos de los que llegaban en auxilio del paciente y no pude hacerlo bien. Se lo advertí lealmente: Querido Gassols, es usted peor que un c r í o conste que usted tiene la culpa de quedar con estos trasquilones; creí que ya tenía usted edad para ser m á s serio... Entonces abrimos l a puerta. Medid hotel estaba en los pasillos. M e adelanté y dije: S e ñ o r e s aquí estamos. N o s entregamos. ¿Y, entonces, cómo estás aquí? -le preg u n t é ya amoscado de tanta historia, de l a que, repito, no creía una palabra, y de aquí mi inocencia casi conmovedora. -Pues nada, un salto de improviso, unos puñetazos, y salimos todos corriendo, bajando los cuatro pisos del hotel a una velocidad de record y perseguidos por un hombre que 110 se atrevía a cogernos, pero que gritaba con toda Ja fuerza de sus pulmones: P o r tero: ¡cierren todas las puertas... Y nada más. E l motivo del atentado capilar H a b í a m o s llegado desde el centro de M a drid hasta cerca del Hipódromo. P o r casualidad yo no tenía nada que hacer, y acaso obedeciendo a ese subconsciente que tantas veces nos domina, aguantaba l a historia casi complacido de observar la imaginación del estupendo Pepe Blanes. Y a frente a la estatua de D Emilio Castelar, le p r e g u n t é -Bueno, i y todo esto por qué? ¿Con qué objeto? ¡Q u é sé yo! ¿T e parecería pedante que dijera que por estética? S í te parecería, ¡y r io menos, pueril. ¿T e parecería desaforado que te dijera que por asco al Estatuto? Ñ o sé cómo explicarte. L a verdad es que t or las dos cosas, porque me molestaban sus peios, sus propósitos, su personalidad ingra- U i i i u a Corpo no soy u a asesino, sir i ua Maciá con Gonsález- Ruano, que le pudo preguntar tantas y tantas cosas... (Foto Torrents.
 // Cambio Nodo4-Sevilla