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A B C. J U E V E S 7 DE J U L I O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 17. E l Sr. Martínez de Velasco dijo a los informadores, al comenzar la sesión nocturna, que inmediatamente después de levantada la sesión de la tarde se. había reunido la minoría agraria para cambiar impresiones sobre las incidencias del debate que acababa de desarrollarse. Todos los congregados, que fueron la totalidad de los que constituyen la minoría, apreciaron con verdadera unanimidad de criterio los resultados de aquél, coincidiendo en el comentario que su examen pudiera suscitar. Aplaudió en primer término la minoría las generosas explicaciones del Sr. Fanjul, con el que se mostró solidarizada. Después se convino en que, sin provocaciones, pero también sin desmayos, era obligación i n excusable para la minoría continuar ejercitando los derechos que el Reglamento le otorga, para oponerse a la aprobación de proyectos que, como el Estatuto y el de reforma agraria, estiman que son perjudiciales para los intereses del país, ocupándose, por último, de la intervención del señor Ossorio y Gallardo, quien con sus manifestaciones, inspiradas en un patriotismo que respeta, pero que se mostró supersensible, puesto que el propio Sr. Fanjul, antes de usar de la palabra, le dio las oportunas explicaciones para desvanecer el error en que habia icurrido al pedirlas, pudo agravar l a situación creada a una minoría, la menos numerosa de las de oposición en el P a r l a mento, con irreflexión que parece incompatible con la autoridad que en ella se ejerce, ya que en aquel momento la pasión de la C á m a r a estaba desbordada y necesitaba más que estímulos, prudentes contenciones. L A S I T U A C I Ó N POLÍTICA Y PARLAMENTARIA Los debates sobre el Estatuto en la Cámara ¿31 incidente violentísimo de ayer. La intervención del señor Ossorio y Gallardo en defensa de los catalanistas Hablaba el Sr. Royo Villanova. Defend í a uno de sus numerosos votos particulares al artículo quinto del Estatuto, sin- violencias de lenguaje ni agresiones de concepto; pura y simplemente en cumplimiento de un deber de su conciencia y amparado en el Reglamento de la Cámara. Socialistas, radicales- socialistas y catalanes, le interrumpían con frecuencia y. procuraban desviarlo del tema principal del discurso. De los bancos de la minoría catalana salió de pronto la palabra injuriosa y despectiva. E l señor P u i g Ferrater llamó ¡b u r r o! al ilustre periodista español y sabio catedrático de la Universidad de Valladolid. E l Sr. Ortiz de Solórzano protestó. Pidió que aquella palabra fuera retirada y se le dieran explicaciones a un diputado que ejercitaba el sagrado derecho ele la crítica y la fiscalización parlamentaria. Sólo protestó ese diputado, porque otros que hablan continuamente de respeto al adversario, y de la j u r i d i cidad, permanecieron silenciosos. E l Sr. Besteiro pidió al Sr. P u i g y F e rrater que diera explicaciones, y entonces éste a g r a v ó la ofensa al decir que de encontrar palabras m á s fuertes que dirigir al -señor Royo Villanova, las hubiera cambiado por la que profirió. L e aplaudieron de un modo fervoroso y entusiasta los grupos de la mayoría, y. los aplausos se convirtieron en ovación cerrada cuando el orador insinuó que la crítica del r. Royo Villanova y de los diputados que acompañan no era para el Estatuto, sino para el régimen, porque sólo deseaban quebrantar la República. A partir de aquí la confusión fué enorme. Se daban vivas a la República y a España, se cambiaron imprecaciones y denuestos entre la minoría ministerial 3 el grupo agrario, y todo era agitación y escándalo en el hemiciclo. E n esta barahunda, se vio al Sr. Ossorio y Gallardo, presa de una agitación extraordinaria. Gesticuló, se llevó las manos a la cabeza y apostrofó al Sr. Fanjul. ¿Q u é había sucedido? E l Sr. Ossorio y Gallardo, con voz ahogada, por l a emoción, pedía la palabra para dar cuenta de algo muy grave que, según él, acababa de ocurrir en el salón de sesiones. H a y que advertir que el momento era dramático. Los diputados socialistas y radicales- socialistas, especialmente, se habían desprendido, en grupos, de sus escaños, y querían avanzar hacia los que ocupaban los miembros de la minoría agraria. Alguno pretendió subir las escalerillas para agredir no se sabe si al Sr. Royo Villanova o al S r Fanjul, porque fué contenido por D M i guel M a u r a y algunos diputados de su m i noría. H u b o un momento en que se creyó que el Sr. Ossorio y Gallardo iba a tomar la defensa de una minoría que se encontraba en situación tan crítica y angustiosa. N o fué así, sin embargo. E l Sr. Ossorio y Gallardo, ante aquél estado pasional de la Cámara, que podía derivar- en incidentes personales violentísimos comprendió que había llegado la ocasión. Se levantó para acusar al- señ o r Fanjul de haber llamado traidores a- los diputados de la minoría catalana. L a palabra debió oírla el Sr. Ossorio. 3 Gallardo que se encontraba muy próximo al Sr. F a n j u l pero es posible afirmar que la C á m a r a y las t r i bunas no la oyeron. E l Sr. Ossorio y Gallardo entendía que llamar traidores a los catalanes era llamárselo también a quienes les prestan su ayuda y su voto, y en unas frases temblorosas y con los ojos arrasados en lágrimas, el Sr. Ossorio y Gallardo habló de una E s p a ñ a grande, en la que todos los españoles cupieran y que caminaran bajo el signo de la Justicia, la Libertad y la Democracia. J a m á s ha escuchado el Sr. Ossorio y G a llardo una ovación tan entusiasta, ni hirieron j a m á s sus oídos en estas Cortes vítores tan vehementes. L a Cámara, que tantas veces se le mostró esquiva ante los discursos de pleitesía del ex ministro monárquico, puesta en pie le ovacionó con entusiasmo para el orador y con violenta hostilidad para los agrarios. Intervino el jefe- de la minoría agraria para decir que el Sr. Fanjul no tuvo intenciones de agraviar a los catalanes; habló el señor Fanjul para explicar el sentido de sus palabras, y el presidente de la Cámara pronunció unas graves frases contra el señor Fanjul, declarándolo casi incompatible con la Cámara. Calmada la tempestad, el Sr. Royo V i llanova, -sin agresividad ni jactancia, volvió al cumplimiento de su deber y empezó un nuevo discurso en defensa de otro de sus votos norticulares, no sin que prudentemente cerrara sus oídos a ciertas palabras que varios diputados le dirigían cuando abandonaban el salón de sesiones para marcar de un modo ostensible que no querían escucharle. Derivaciones y comentarios A l terminar el incidente, los pasillos se poblaron y en todos los grupos se comentaba acaloradamente lo ocurrido. Los diputados de la mayoría decían que lá actitud obstruccionista de la- minoría agraria era i n aguantable y que la Cámara debía tomar una determinación contra la maniobra. Elogiaban sin medida la intervención del señor Ososrio y Gallardo, por entender que había logrado cortar una situación gravísima y cuyo final hubiera sido muy lamentable. Decían también que el Sr. Ossorio y Gallardo se había reconciliado con la República, pues su actitud había sido la de un buen servidor del régimen. E n cambio, los agrarios se mostraban profundamente dolidos de l a conducta del ex ministro monárquico. Afirmaban que sólo por el deseo de lograr un éxito fácil se podía comprender la acción realizada por el señor Osorio y Gallardo, que acusó a un compañero de representación parlamentaria, atribuyéndole unas frases que ni los más próximos a él habían oído. E l Sr. Martínez de Velasco nos aseguró que. él no las oyó, y de oírlas no las hubiera dado demasiada importancia, cuando tantas otras de mayor, gravedad se dirigían a los diputados agrarios. N o se recataban los diputados de la minoría agraria para decir que la acción del señor Ossorio y Gallardo era reprobable y que alguna vez tendría su merecido en e ¡mismo salón de sesiones. El señor Ossorio y Gallardo, felicitado por los presidentes del Consejo y de la Cámara A última hora, y una vez levantada la sesión, se reunieron los dos presidentes, el del Consejo y el de la Cámara, en el despacho de este último. Acordaron llamar al señor Ossorio y Gallardo, quien, a poco, acudía. L a conferencia duró más de media hora. Salió en primer término el Sr. A z a ñ a a quien preguntaron los periodistas si l a conversación con el Sr. Ossorio y Gallardo estaba relacionada con su nombramiento para la presidencia del Tribunal de Responsabilidades Políticas. -Nada de eso- -contestó el jefe del G o bierno- Hemos llamado al Sr. Ossorio y Gallardo para felicitarle y para ver si con sí autoridad interviene y evita otros incidentes como el de hoy. L o que sí quisiera; -añadió el Sr. A z a ña- -es rectificar por medio de la Prensa un rumor que ha circulado mucho, con la i n tención que es de suponer. Se ha dicho que el Gobierno, por acuerdo del Consejo, había decidido retirar el carnet de viaje a los militares; no sé si a los retirados o a éstos y a los que están en activo también. La- noticia es totalmente falsa E l Gobierno no ha tomado tal acuerdo. H o y se me han acercado algunos jefes y oficiales, y yo les he dicho que no hay el menor fundamento para temer esa medida. Momentos después salió el Sr. Ossorio del despacho del presidente de la Cámara, y fué La minoría agraria se reúne y rodeado por los informadores. Negó terminantemente que se le hubiera ofrecido l a acuerda su protesta contra el se- presidencia del Tribunal de Responsabilidades Políticas. ñor Ossorio y Gallardo- -Esto no era posible- -agregó- porque Terminada la sesión, los diputados de la yo mismo me recusé cuando algunos dipuminoría agraria en pleno se reunieron en la tados me hablaron de que debía formar parsección cuarta dd la Cámara. te del Tribunal. -Si yo entendí que la Cáma. Examinaron con atención el incidente y. ra no debe juzgar, mal podía aceptar el caracordaron expresar su disgusto por l a con- go de juez. N o Los Sres; A z a ñ a y Besteiro ducta del Sr. Os- sorio y Gallardo y consigme han hablado del estado pasional de la nar contra ella su m á s viva protesta. Cámara y de sus peligros; pero nada m á s
 // Cambio Nodo4-Sevilla