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STA el barco- -el Bretmit- -recién levantado. Aun dura la limpieza de sus dorados incontables. Aún, marineros auténticos con aire de falsos marineros repintan de blanco los hierros de los puentes y secan los cristales, pulverizados de espuma. Aún no se ha recogido la cosecha de calzado a la puerta de los camarotes. Son las nueve de la mañana, pero en nuestros relojes corre todavía la hora apuntada en Francia. E l meridiano nuevo añade una hora más, de regalo, a las veinticuatro horas de ociosidad que impone el mar. Madrugadores a la fuerza, sorprendidos siempre con que siempre sea más temprano, los pasajeros no saben qué hacer de su tiempo. En el escritorio se llenan de saludos las primeras postales, y un aire displicente, causado de antemano, carga las miradas. Se mira al mar, se mira a cielo, se mira al horizonte, que no es ni mar, ni cielo, ni nada. No hay nubes que mirar. A falta de ellas se mira al humo de las chimeneas, a la estela tersa que queda atrás. Se hojean revistas, se juega al ping- pong, se habla de negocios, se curiosea en los escaparates de las tiendas y se anda, se anda de un lado a otro, se suben escaleras sin objeto y se descienden sin motivo. Se recorren unos, una y cien veces, los no sé cuántos metros del paseo, con prisa de andar por andar, mientras otros, en las sillas, casi momificados entre mantas, miran tristemente este ir y ven r a que a ellos les obliga el mal de mar a renunciar. Nadie pasa de la quinta página del libro elegido para el viaje, abierto entre las ma- E C I N C O M I N U T O S A L ESPEJO QÜEDA, SOLO, KL BARCO PEQUEÑO, TESTIGO INDIFERENTE J EL ENCUENTRO nos. Losfinancierosescriben radiogramas urgentes, que se l eva un groom con cara de liliputiense. Se bebe en el bar con prisa, poique la ley Seca está detrás de la puerta. La orquesta da un concierto en el salón- -un Riensi disminuido en metales, una Invitación al vals descaradamente germanizada por los tambores- El director, con los vaivenes, resbala cada vez y se vuelve para saludar. En el periódico del día no hay la muerte de ningún ministro francés que lamentar. Se recibe el cierre de la Bolsa de Nueva York. (Unión Steel mantiene su cotización, mientras Transamérica pierde dos puntos. Es hora de dar un paseo a los perros recién libertados, después de pasar lejos de sus amas una noche sin fin. Es hora de tomar una taza de caldo, servida por stewards de cabeza afeitada. Es hora de hacer flexiones en el gimnasio. Es hora de nadar en la piscina. Es- -siempre es hora- -de beber un whisky. Es hora de todo, pero lo más terrible es que no es hora de nada. En esto un hombre uniformado advierte a diestro y siniestro que dentro de cinco minutos, a babor, vamos a cruzarnos con el Europa, que vuelve ya de América con el cabeceo de tanto abrir
 // Cambio Nodo4-Sevilla