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pues de corrido, picado y banderilleado: el meneo y ensortijado de l a cola, vigor, fortaleza y deseo dé que se le llame y obligue asimismo es maliciosa la disposición cuando recula, escarba en l a arena y baja la cabeza. E l venirse a l a barrera, barbear para i n tentar saltarla, esto ya es cobardía y querer huir para libertarse de la muerte; l o mismo puede decirse de cuando toma los medios y se aploma, porque conoce que está más seg u r o al aire libre. Además, de estas cualidades, sue? e tener sus inclinaciones propias y peculiares cada casta, con respecto a los parajes en que se pasta, siendo diversa la de los criados en sierra a los de tierra llana, y la de éstos respecto de los de marisma, lo cual contribuye también a que la pezuña sea más o menos blanda o tiesa, y más o menos ágiles los toros que habitan entre montes y algaidas, que descubren poco ciel o y apenas ven gente. T a n pronto como l a M e m o r i a llegó a manos del Rey, mandó dictar l a siguiente Real orden, cuyo texto original tengo a l a v i s t a M i n i s t e r i o de Hacienda de España. -El R e y Nuestro Señor se ha dignado oír leer con la mayor complacencia la M e m o r i a que ÍV. ha presentado relativa al establecimiento de una Escuela de Tauromaquia, en l a ciudad de Sevilla, y es su soberana voluntad que se instruya con prontitud un expediente sobre las proposiciones que hace V S. con dicho objeto, a cuyo fin oficio con esta fecha al Intendente Asistente de aquella ciudad, para que informe sobre los medios de llevar a efecto el pensamiento. D e Real orden lo comunico a V S. para su satisfacción. -Dios guarde a V S. muchos años. M a d r i d u de abril de 1830. -BaResteros. Rubricado, Señor conde de la Estrella. F u é ejecutada rápidamente l a soberana disposición, remitiendo la M e m o r i a para que informase sobre su contenido al Intendente Asistente de Sevilla, D José Manuel A r j o na, que con ejemplar diligencia, antes de transcurrir u n mes, había cumplido su m i sión, enviando a l ministerio un estudio completo de lo que él estimaba que debía ser el Gimnasio de Tauromaquia, que fué el nombre con que se sirvió bautizar la novísima Escuela. N o escatimó detalle alguno en su propuesta, que, aunque algo pretenciosa y doctoral, demostraba una excepcional preparación para realizar la labor que se le había confiado. L a extensión de tan típico documento nos impide trasladarlo literalmente. N o dejaremos, sin embargo, de reproducir lo que apunta respecto a la utilidad de la reforma. N o es el caso examinar- -dice- -la cuestión de si deben o no c o r r e r á los toros. E n m i opinión, cuantas teorías se oponen a este género de espectáculos, tienen contra sí otras tantas de igual o mayor peso; y, además, vale mejor que se corran toros que caer en otras diversiones más crueles, con que se distraen muchos vecinos. Dado, pues, como necesario este recreo, es cierto el principio en que se apova la M e m o r i a del conde, para que el Gobierno dirija prudentemente la afición de los que se dediquen a toreadores, y por medio de una metódica enseñanza de las reglas a que está sujeta esta profesión, se evite at público no sólo el disgusto de presenciar desgracias, sino el temor de que, por un orden regular, puedan ocurrir por falta de la instrucción que en su arte va notándose en los toreros. E n general, coincidía su criterio con el de l a Estrella, pero en algunos puntos discrepó, siendo el que más los separaba el tocante a las múltiples condiciones que el conde exigía a los alumnos, que, de haberse aceptado, hubieran sido contadísimos los que llegaran a ingresar Conocido qtte fué el dictamen de A r j o n a se publicó la Real orden de creación, que dice a s í Ministerio de Hacienda de España, -Al DON MANUEL GONZÁLEZ SALMOS, PRIMER SECRETARIO Y D E L DESPACHO D E ESTADO EN 183O esa ciudad, y de lo informado por V E acerca de este pensamiento; y conformándose S u Majestad con l o propuesto por V E en el citado informe, se ha servido resolver: í. que se lleve a efecto el establecimiento de Tauromaquia, nombrando S u Majestad a V E Juez protector y privativo de él; 2 que la Escuela se componga de un maestro, con el sueldo de doce mil reales anuales; de un ayudante, con el de ocho m i l y de diez discípulos propietarios, con dos m i l reales anuales cada u n o 3. que para este objeto se adquiera una casa inmediata al matadero, en la que habitarán el maestro, el ayudante y alguno de los discípulos, si fuese huérfano; 4. que para el alquiler de l a casa se abonen seis m i l reales anuales, y otros veinte m i l reales anuales para gratificaciones y gastos i m previstos de todas clases; 5. que las capitales de provincia y ciudades donde haya Maestranza contribuyan para los gastos expresados con doscientos reales por cada corrida de toros; las demás ciudades y villas, con ciento sesenta, y ciento por cada corrida de novillos que se concedan; siendo condición precisa para disfrutar de esta gracia el que se acredite el pago de dicha cuota, pagando los infractores por vía de multa el duplo aplicado a la E s c u e l a 6. que los Intendentes de provincias se encarguen de la recaudación de este arbitrio, y se entiendan directamente en este negocio con V E como Juez protector y privativo del establecimient o 7. que la ciudad de Sevilla supla los primeros gastos con las rentas que producen el matadero y el sobrante de la bolsa de qniebras, con calidad de reintegro. D e Real orden lo comunico a V E para su inteligencia y efectos correspondientes a su cumplimiento. -Dios, etc. Ballesteros. 0 Intendente Asistente de S e v i l l a -M a d r i d 28 de mayo de 1830. Excmo. S r H e dado cuenta a l Rey Nuestro Señor de l a M e m o r i a presentada por el conde de la Estrella sobre establecer una Escuela de Turomaquia en D O X LUIS LÓPEZ BALLESTEROS, SECRETARIO D E ESTADO Y D E L DESPACHO U N I V E R SAL D E HACIENDA DESDE 1823 HASTA 1832 E l nombramiento de juez protector con que aparece investido A r j o n a no fué obstáculo para que se le advirtiese que de todo lo que tuviera relación con la Escuela debía darse conocimiento a l conde de la Estrella, y tener como mandatos cuantas indicaciones se sirviera hacer. Este, que era gran amigo y admirador de Pedro Romero, no pensó en él para proponerlo como director, porque juzgó que, contando setenta y seis años de edad, no se hallaría en condiciones de desempeñar el cargo, que, aunque de carácter pasivo, obligaría en determinados momentos a tomar la capa, la muleta, las banderillas o la espada para mostrarles prácticamente a los discípulos la manera de ejecutar las suertes. E n vista de ello, propuso a Jerónimo José Cándido, que, aunque retirado, tenía mucha menos edad, y para ayudante, a A n t o n i o R u i z L a comunicación participando al secretario del despacho de Hacienda los nombramientos dice a s í E x c m o S r Enterado de cuanto V E se sirve comunicarme de Real orden, en papel de 28 de mayo último, sobre haberse resuelto por S u Majestad el establecimiento de una Escuela de Tauromaquia en esta ciudad, he nombrado, conforme a lo dispuesto en el artículo 2. para servir la plaza de maestro a Jerónimo José Cándido, como designado en la M e m o r i a del conde de la Estrella, y para la de ayudante, a A n t o n i o Ruiz, por ser sujeto que, indudablemente, reúne cuantas circunstancias son de apetecer para este cargo, a quienes con fecha de ayer les he pasado los correspondientes nombramientos. L o cual pongo en noticia de V E con el objeto de que se digne elevarlo a Su Majestad para su soberana aprobación. -Dios guarde a V E muchos años. -Sevilla, 2 de junio de 1830. -Excmo. S r José M I de A r j o n a (Rubricado. E l efecto deplorable que esta designación produjo en el ánimo del anciano estoqueador rondeño; así como las consecuencias a que dio motivo, fueron para él, como se vera, un verdadero triunfo. 0 NATALIO RIVAS