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ten y luchan a ras cíe tierra dentro de los promete l a dueña sí es anciana: la mejor dominios de ia ciudad, el Ejercito pone en rosa para mi Virgen, y si es joven: ei melas azoteas más altas sus centinelas avizores jor clavel para mi novio. para dominar a los caudillos del odio, que T a m b i é n se utiliza algún rincón de l a suelen parapetarse en las otras menos enazotea para la cría de aves de c o r r a l algún cumbradas. gallo, a l g ú n pavo para las Navidades. Aquel rincón suele escogerse en el cuarto Y así, las azoteas de Sevilla, alegres como lavadero, teniéndose recogida a las dichas aves en algún alcahaz. Y asimismo, se sitúa bajo el techado a los palomos, cuya cría es afición del j o venzuelo estudiante o del mocito artesano. Allí se atiende a su abastecimiento, al comer su buen grano, al beber su agua l i m p i a al sacar las crías, al cruce y mejoramiento de las castas. Y cómo hay que espantar z ¡los palomos ladrones, y cuánto cuidado hay que tener con las alimañas. Cuando niños, nos sirvieron las azoteas para elevar desde ellas nuestras cometas de caña y papel, que subían a favor del viento por encima de la altísima Giralda. Cómo volaron también con ellas nuestros primeros deseos aún, todavía sin florecimiento ele ilusiones. M á s tarde fueron también lugares propicios para nuestro aprendizaje de novios. Aquel breve pelar la pava con la niña de la azotea de al lado; aquellos inocentes interrogatorios de i qué flor te gusta m á s? ¿Q u e r r í a s volar como las cometas? Y aquellos primeros celos del niño vecino, m á s atrevido que nosotros y m á s preguntón y locuaz... P a r a todo esto servían nuestras azoteas, y nosotros no llegábamos a pensar que llegasen a servir para otras cosas. Unos días en que ardieron en luchas y en pasiones los hombres de la ciudad, llegamos a saber que también servían las azoteas para dominio de la muerte. Unos exaltadoá las habían tomado por atalayas, y desde allí daba n satisfacción a sus ciegos instintos. Y luego, en cuanto los hombres se deba; jardines, se ven de cuando en cuando ensombrecidas, aumentando la pesadumbre da quienes vivimos desesperadamente, siempre, por desgracia, en espera de un más triste y cruento designio. J. MUÑOZ SAN ROMÁN, Otro aspecto dg la azotea sevillana. Interesante rincón semllano con azoteas floridas.