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DIARIO ILUSTRAVI G E- DO. AÑO 10 C T S S 1 MOCTAVO NUMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A ABC FRANCOS RODRÍGUEZ DIARIO DO. ILUSTRAVI G E AÑO SIM OCTAV O 10 C T S NUMERO ANTE E L NACIONALISMO CATALÁN E l recuerdo de A b d- e l- K r i m Cuando fui elegido diputado para las Cortes Constituyentes, yo bien sabía que no venía a ellas a que me aplaudiesen, sino, todo lo más, a que me escuchasen. Y a decir verdad, no estoy descontento de m i labor, porque, hasta ahora, he dicho todo lo quehe querido, a costa, naturalmente, de muchas interrupciones y de algunos denuestos. ¡Q u é se le va a hacer! Como cristiano, estoy obligado a perdonar las injurias; como liberal, no reconozco otro límite al pensamiento que la propia conciencia del que lo expresa. Allá cada cual con su manera de emplear las palabras y, sobre todo, los adjetivos. L o que yo no podía esperar es que los diputados catalanistas se dieran por ofendidos por un jtuicio meramente político, que sólo el convencionalismo parlamentario y la hipocresía imperante pueden tachar de ilegítimo, ni siquiera de excesivo. Dice la Constitución, en su artículo 15, que en ciertas materias corresponde la legislación a la República, y podrá corresponder la ejecución a las regiones autónomas en la medida de su capacidad política, a juicio de las Cortes. Y ¡como la capacidad de Cataluña se manifiesta, naturalmente, en la de los actuales partidos, yo tengo el perfecto derecho a opinar que si los políticos de la esquerra implantasen el régimen autonómico- éste fracasaría ruidosa. mente. Es indudable que desde que usaron de la palabra los Sres. Estelrich y D Humberto Torres, coincidiendo enteramente con el señor Carrasco Formiguéra, nadie puede llamarse a engaño. Se alabó Estelrich de que usaba el mismo lenguaje en M a d r i d que en Barcelona, y ese lenguaje, en efecto, es el del nacionalismo, el de la nación catalana. E l problema catalán- -dijo- -no se resuelve con el Estatuto, porque nosotros seguiremos pro pugnando la plenitud de nuestro ideal. Y todos sabemos que el ideal del catalanismo no sólo es nacionalista, sino imperialista. P o r eso quieren extenderse hasta el Cinca, en Aragón, y restaurar la unión con Valencia y Mallorca y llegar luego hasta el Rosellón. Desde Lisboa hasta el Ródano, dijo Prat de la R i v a que debía llegar la federación de los pueblos ibéricos (esta misma expresión empleó Maciá al proclamar la República catalana, suprimiendo en la federación el nombre de España) A h o r a bien, esta estructuración política de los pueblos peninsulares es evidente que, si llega a Lisboa, ataca la independencia de Portugal, y si llega al Ródano, ataca a la integridad territorial de la República francesa. E l porvenir es claro y transparente. Si el. Parlamento español cometiera la temeridad de otorgar a Cataluña una autonomía política, los catalanistas, fieles al ideario de Prat de la R i v a repetirían el caso de Abd- elK r i m y en cuanto se atrevieran con F r a n cia, se encontrarían con la horma de su zapato. E l régimen francés es mucho más centralizador que el español. Y ese es el porvenir de Cataluña si se abandona a los ensueños del nacionalismo. Es una ingenuidad, sencillamente, aquella frase de P r a t de la R i v a y de Ventura Gassol, nosotros somos catalanes y nada más que catalanes. E s lo mis- DE COMO FRANCIA MATO E N SU TIERRA EL CATALÁN 11 E n el artículo anterior hice ver que el Rosellón, comarca catalana entregada a L u i s X I V en tiempos de Felipe I V por la desdichada Paz de los Pirineos, se había resistido a la adopción de la lengua francesa, y al fin tuvo que aceptarla. E l problema de imponérsela, era claro para Francia. L a solución, evidente, y el medio de conseguirlo, indudable; pero la ejecución, difícil. E l pueblo rosellonés perteneció a España mucho tiempo, y su idioma era el catalán. ¿Cómo hacerle hablar en francés? Enseñándoselo, hubiera dicho Perogrullo. ¿Dónde? E n la escuela, ayudándose de recursos coercitivos. ¿Que l a e m presa era larga? Cierto; mas el triunfo seguro si la constancia se hacía hermana de la energía y del tiempo. Y el Poder central se puso sobre la marcha al trabajo descatalanisador de aquella región, que por la H i s t o r i a era antes española y por la fatalidad, haciendo justicia a la Geografía, se convirtió más tarde en francesa. L a tarea de cambiar la lengua de un pueblo no ha sido nunca la de coser y cantar, n i lo fué entonces. E r a preciso apoderarse de la infancia, obligándola a aprender el francés. L o s adultos ya se compondrían, para adquirirlo. Y desde el principio toda la política lingüística de Francia en el Rosellón- hizo girar alrededor del ojo de la enseñanza la máquina necesaria para aplastar el catalán. N o hay otra nación que, como la francesa, haya logrado lai imposición de su lengua nacional en todo el territorio que cubre su bandera. Posee, además, s u i d i o ma gran poder de difusión: ya a todas partes en alas de su literatura ínás que de su comercio; y, si el número de ciento veinte millones que lo hablan en el globo, según la reciente estadística publicada por Sebillot en la Revue Francobclge, pareciera exagerado, sería justo decir que, aun así, tal vez sea el primero de los tres europeos que más se conocen, incluyendo el nuestro. E n lo que toca a su país, Francia ha perseguido con afán la desaparición de las lenguas regionales, estorbadoras de su unidad espiritual. Nunca cilindro apisonador, como el suyo, hubiera pasado tan hábilmente sobre el mosaico de sus treinta lenguas locales; y ya hace más de un siglo que se habla el francés, único y sin rival, desde el Franco- Condado que lleva en su historia la sombra de nuestro Carlos V hasta el B i d a soa; y desde la Bretaña, que debió a un casamiento su unión a la Corona francesa, igual que Aragón con Castilla, hasta el Rosellón y la P r o venza. Su buen trabajo le costó a partir de L u i s X I y de Francisco I con la Ordenanza de Villers- Cotterets; y lo que no tuvo tiempo de hacer la vieja M o narquía lo terminó la Revolución, pues la República, una e indivisible, no soportó en parte alguna de Francia otro idioma que el francés, llamado por la Convención la lengua de la libertad. Hoy hace un año que falleció D. José Francos Rodrigues. Aquí, en esta Casa de Blanco y Negro y A B C, el aniversario, del fallecimiento renueva penas hondamente sentidas. Francos Rodríguez, para todos los periodistas españoles era el maestro y ningún título como éste, que otorga sólo el corazón, halagaba más al hombre que de una cuna modestísima supo subir, por la escala limpia y digna de sus propios méritos, a las cumbres de la política y de las Letras. Ex ministro de la Corona y académico de la Lengua D, José Francos Rodrigues era ante todo y sobre todo el presidente- -indiscutible siempre y por ello vitalicio- -de la Asociación de la Prensa madrileña. Como periodistas y como españoles consignamos nuevamente en estas columnas de A B C tan caras a su espíritu, al cumplirse la triste fecha de hoy, nuestro dolor profundo por su pérdida. mo que si los demás habitantes de la Península dijeran: nosotros sólo somos castellanos, aragoneses, valencianos, andaluces, etc. H a y que ser españoles, y enterrar bajo siete estados de tierra esa monserga de la federación de los pueblos ibéricos, que suprime, intencionadamente, alevosamente, hasta el nombre de España. Los catalanes no pueden ser sólo catalanes. O serán españoles... o serán franceses. Amonio ROYO VILLANOVA E n el siglo x v i r después de la anexión, había empezado ya el Poder real su empresa de unidad lingüística por la enseñanza a todo trance. Colegio de Jesuítas y de t
 // Cambio Nodo4-Sevilla