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Un a fies t a de Caridad, en Hollywood. D E L T E A T R O A L CINE IDA Y V U E L T A N o ha muchos días y en un escenario de Madrid, he visto una comedia, de cuyo nombre no debo acordarme por no estropear el lícito y buen negocio que con ella vienen haciendo, hija tan legítima de una película, que m á s parece copia de ella, con reducción de escenas y, aumento de diálogo, y aunque éste es bueno y ág il e ingenioso, no alcanza la producción teatral ni el inter é s n i l a gracia que l a ficción cinematográfica. P o r el contrario, aquella primorosa comedia de Achard, lean de la lime, la he visto por tercera vez en la pantalla, y con ser obra psicológica, cuya virtud estriba en la palabra, todavía reducida ésta y aumentada la acción, no amengua la importancia del conflicto teatral que al convertirse en fotografía animada, le da con largueza a los ojos lo que al oído le resta, y por los ojo siente y entiende el espectador- -gracias a La veterana Priscilla Dean- -heroína de innumerables películas de serie en los tiempos del cine mudo- -y. BillieDove, una de las víctimas del micrófono, asisten, contó invitadas de honor, a la fiesta organizada por la Assislance Leagne, de Hollyvüood, con fines benéficos. Las estrellas de la pantalla contribuyen con sus cuantiosos donativos al sostenimiento de. varias instituciones de caridad establecidas en la Meca del cinema (Foto Vidal. lo que le aumentan de episodios y de animación llenando de vida la solución de continuidad de los entreactos- -tan bien ó mejor que sintió y entendió por los oídos. De ello deduzco, como de otros ejemplos que harían demasiado prolija este, crónica, que del teatro al cine puede hacerse con la misma obra un. viaje feliz, mientras siempre resulta desgraciado lo contrario. E l l o se explica porque en el fondo el cinematógrafo es la fotografía animada de la vida- -de la vida real o de la vida del teatro- mientras la ficción teatral que del cine pretende nutrirse siempre será l a vida de l a fotografía, por donde aquella resultará menoscabada, i N o ha observado el lector después de. contemplar la fotografía de un lugar, que al ver éste, como es en la realidad, hecha de menos l a belleza de la copia? ¿N o le ha- defraudado nunca la visión real y viva de una mujer cuya efigie vio antes embellecida y aquietada por el arte del fotógrafo? Así el. cine es fotografía de la vida, hecha con un espíritu de selección, suprimiendo lo feo, y por eso l a vuelta a la realidad- -convertir el cine en teatro- -trae consigo to- dos los peligros de la materialización del sueño y abulta las fealdades y los defectos disimulados. Por otra parte, hay en la ficción de la pantalla un elemento poético de evocación. Una película es siempre el recuerdo de un hecho, y la comedia que de él pudiera obtenerse es la réactualización- -pasadme el vocablo- -de ese mismo hecho, y, a pesar de ello, por una paradoja inevitable, el hecho se reduce m á s en la realidad que en el recuerdo, y siendo éste muy amplio, su realización se hace omitiendo episodios que deben confiarse a l a narración. P o r mucho que nos esforcemos, el entreacto es inevitable, y el teatro cuenta un poco los sucesos, y el cine los presenta. P o r eso la cinta que se obtiene de una comedia le regala a la obra toda la amplitud que hubo de suprimirse en el escenario, le da FU plasticidad y su presencia de hecho al entreacto, y por el contrario, la obra teatral que previene de