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propositó se logra con creces, pues nuestra atención está inalterablemente suspensa de lo que pasa en escena. L a deformidad moral, ¿será un reflejo de ¡ta fealdad física? E l autor parece muy i n clinado a sostener ese principio. Ellen, a la que encontramos en un ambiente de delincuencia, al que se ha aclimatado desde la niñez, ¿podrá regenerarse merced a la habilidad de un cirujano que renueva estéticamente su rostro? ¿Seguirá el alma la evolución de la materia con la docilidad que presume el dramaturgo? Importa advertí; que Francis de Croisset, no sólo cree en la infalibilidad de ese principio, sino que lo contradice por la voz misma de uno de los, personajes de la comedia. L a fealdad física y la virtud, no sólo no se repulsan, sino que van frecuentemente juntas. P e r o l a heroína de Era tina ves... mantiene y demuestra aquella afirmación con su conducta. Deforme, era un monstruo moral, que podía v i v i r sin la menor protesta íntima en una cueva ele bandidos de levita, ser su cómplice y en ocasiones su instigadora. Embellecida por una operación quirúrgica, su espíritu adquiere una aptitud para, el bien que le era desconocida. Pero es que ama y es amada. Luego no debe su transformación a la belleza, sino al amor d i r á el escéptico. Concedido. E l amor, por sí solo, basta para convertir el sequedal en plantío y la roca en surtidor de agua. Pero el amor va casi siempre de la mano de l a belleza, y la belleza es, en este caso, no don de la vida, sino el resultado de la habilidad científica. Pudo Francis de Croisset emplazar ese principio, lícitamente defendible, en una comedia de costumbres, pero ha encontrado mejor el hacer de él l a piedra angular de un melodrama con aplicación eventual al cine. Era una ves... parece una obra pensada con ese designio. L a elección del asunto y la variedad y el contraste de los medios sociales que evoca el autor autorizan a suponer que éste ha construido su obra pensando en que sea reproducida en Ja. pantalla. H e dicho melodrama sin intención de denigrar el género. Pues qué, ¿n o hay mucho de melodramático en Shakespeare, en Calderón y en Víctor H u g o? Melodramática es toda combinación de elementos reales que el autor articula y ordena convencionalmente para que den por resultado el triunfo de una tesis sin aparente ofensa de la lógica. ¿Y qué autor, por ilustre que se crea, no echa mano de ese comodín para salir del paso? E l l o no impide el que l a obra de Francis de Croisset nos haga pasar dos horas agradablemente. ¿R e f e r i r é el asunto? N o porque probablemente la comedia va a ser traducida al español, y el traductor n ó me lo perdonaría, con razón. Gaby Morlay está muy bien interpretando el doble papel de Ellen y Mary, pero confieso que a mí no me llena. Otras veces he visto a la bella actriz dar con mayor amplitud la rnedida. de su interesante personalidad artística. MANUEL BUENO di su primera temporada, hubimos de abogar por que se hiciera aquí lo mismo, tanto más cuanto que en nuestra tradición escénica figuran, tan brillantemente, el Teatro por Horas, en memorables temporadas de Lara, Eslava, Apolo y la Zarzuela. Hace cuatro años, puesi expusimos, como posible alivio para nuestra crisis teatral, ese Teatro por Horas, que en estos días se ha puesto de moda en P a r í s Sherriff, Clifford B a x y Preston entre los. yanquis, forman, en lo dramático como en lo cómico, en lo lírico como en l o burlesco, un repertorio formidable. Sus obras, juntamente con los deliciosos entremeses, juguetes y pasos de comedia cíe Benavente, los Quintero y otros autores españoles, pondrían el Teatro por Horas a una altura a r t í s t i c a y cultural verdaderamente envidiable. Brevedad, señora del Mundo Prisa, inquietud, diversidad de ocupaciones, generalización de. conocimientos, afán creciente por curiosearlo todo. H e aquí el espíritu de la época. Porque, ¿qué significan el cine, la radio- la aviación, sino eso: instrumentos de brevedad? E n el orden literario y artístico, ¿qué son, sino eso mismo- -brevedad, síntesis- la novela corta, el ensayo la conferencia? ¿Qué, en el orden mundano, y social, la falda corta y la melena? E n todas las actividades humanas ha irrumpido la Brevedad, señora del Mundo. Sólo el Teatro, tan retardatario en su espíritu, continúa igualmente retrasado en sus procedimientos. Contra la general tendencia a abreviar, a estilizar, a sintetizar, el Teatro persiste en sus espectáculos- de tres y cuatro horas seguidas, con obras de tres o cuatro actos, que ocupan al espectador la tarde o l a noche. Esto, ¿p o r qué? E l espectador de nuestros días está solicitado por m i l quehaceres, por m i l diversiones, que son incompatibles con esas tres o cuatro horas seguidas que exige el teatro. ¿Cuándo más indicado que en nuestros días los espectáculos breves, el Teatro por H o r a s? Especialmente por las tardes, abundan las exposiciones, los conciertos, las conferencias, los tes danzantes. Las tardes son también horarios para las visitas, para los paseos, para las excursiones en. auto. ¿P o r qué sacrificar todas esas cosas encerrándose l a tarde entera en el teatro? ¿Y por qué renunciar al teatro, diversión tan del gusto de nuestro público? Comodidad y baratura Pero, además, el Teatro por Horas ofrece dos ventajas indiscutibles: la comodidad y la baratura. Esto es, las dos ventajas del cinc. Y si se añade l a novedad de un repertorio totalmente o casi totalmente ignorado de nuestro público, tendremos iniciada la renovación escénica. Cuanto a comodidad, el público elegiría la hora compatible con sus quehaceres o aficiones, sin hipotecar la tarde entera. P o d r á disponer de l a tarde y repartirla entre el teatro, las visitas, exposiciones, conferencias, conciertos, etc. librándose de l a tiranía actual, que lo retiene tres, o cuatro horas en la butaca. Y en cuanto a baratura, no digamos. A c tualmente, la butaca para función entera le cuesta de cuatro a seis pesetas: E n la función por horas le costaría una peseta o seis reales. Es decir, que a h o r r a r í a tiempo y dinero. ¿Y no es éste el programa. de: nuestra época... CEISTOUAL D E CASTRO A U T O C R 1 T 1 C A El debut de la Parro Mañana, viernes, por la noclu, se. estrena en el teatro de la Zarzuela este, sainete lírico, en dos ac. tos y tres cuadros, libro de. Adolfo Torrado y Leandro Navarro, m ú sica del maestro Rafael Calleja. Repertorio en un acto Las obras en un acto- -hablamos, por supuesto, de las clásicas y modernas que encierran ideas y emociones y pueden, contribuir a la cultura pública- -son bastantes a constituir un vasto y rico repertorio. S i remontamos a las clásicas, totalmente ignoradas de nuestro público, ¿quién duda, por ejemplo, que La travesía o el Tirano, de Luciano de Samosata -copi. áda, casi al pie de la letra, por Sútton V á r n e r en su modernísimo Viaje infinita- -respondería al gusto actual? ¿Y sería arriesgado afirmar que algunas de Aristófanes, de Terenoio, de P i r ó n como las loas y entremeses de Calderón- -El dragoncillo- de Cervantes- -La cueva de Salamanca- -divertirían gratamente a nuestro público? Hace tres años, precisamente en el citado Arcimboldi, de Milán, el éxito de la temporada fué La cueva de Salamanca. ¿Acaso el público de Milán está m á s identificado con Cervantes que el público de M a drid Y si de los antiguos pasamos a los. modernos, ¿qué obras, sino las en un acto, forman la base de los teatros de vanguardia; del Atelier, del V i e u x Colombier, de la Comedia- Caumartin? Autores tan selectos como Delteil, Natanson, Duvernóis, Seé, Derval, Gheon, Juan Jacobo Bernard, Denys A m i c l Vildrac, entre los. franceses; como Chékof, Andreief, Kataief, Bogck mof, Nikítin, Olcscha, Kirschón y Pagadin, entre los rusos; como Hans Muller, K u r t V e i l Gunter Bibo, entre los alemanes: como Yetts, lady Gregory- y Joyce, entre los ingleses; como San Secondo, Pugliese, Forzano, Chiarelli, Rocca y Tonelli, entre los italianos; como M a r c Connelly, Ernest Geqrge, 1 París. L A E S C E N A Y L A VI D A E L T E A T R O P O R H O RAS Vuelta a las andadas Madame Jane Hyrem, escritora, empresaría y directora del teatro, parisk ComediaCaimartin, ha. puesto en. moda las funciones en ün acto, Y la Prensa francesa, tan nacionalista cómo siempre, echa las campanas a vuelo y dice: L e ihcatre. en un acle est, actucílemeni; eii Ji- onncuf Sin embargo, hace ya cuatro años que en el teatro Arcimboldi, de Milán, sólo se representan obras en un acto. De modo que los italianos le ganaron la mano a los fran: Saínete de fondo madrileño, cuya acción se desliza en un clásico patio de vecindad y en un moderno dancing. E l ayer y el hoy engranador en un asurfto melodramático que hemos tejido para servir de marco a unos n ú m e r o s netamente castizos, alegres y garbosos del maestro Calleja. Hemos pensado en todo momento los l i bretistas en esa vena popular, clara y jugosa, del autor de Las bribonas, de El País de las hadas, de tantas otras obras que son timbre de orgullo y ornato para esta hermana menor que m a ñ a n a saldrá en el escenario de la Zarzuela a la luz de la batería. H a temblado nuestra pluma al empezar a escribir un sainete; un sainete que lleva un poco del aliento, y el sabor de ayer, de ese ayer que m á s q u e nosotros vivió el músico, y en cuya dignidad de ambiente y autoridad de opinión nos amparamos. Nos cabe la alegría de pensar que hemos puesto el libro en manos de uno de los pocos maestros que hoy pueden dar a Madrid un sainete f e t é n Nuestro aplauso- -antes que el del público- -a los intérpretes, la magnifica plana mayor de la. casa, huella brillante de aquella compañía del eterno teatro A p o l o Navarro, la Galindo, la Duran, la B o r i Miranda, A l a res, Blanco... A la Empresa Patuel, un agradecimiento muy grande, y sólo nos queda por dar las gracias al pueblo, a esa cantera inagotable de donde hemos sacado este nuevo j i r ó n del alma popular, y que ha servido par L que durante algún tiempo disfrutásemos juntos dos amigos de siempre ante la simpática musa del maestro Calleja, la que nos ampara y apadrina en la noche del estreno. ADOLFO TORRADO LEANDRO N A V A R R O 1 Ze? cierto que, al inaugurar el Arcimbol-
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