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MADRID- SEVILLA 15 DE 1 UL 1 Q NUMERO D E 1932. DIARIO DO. SIMO ILUSTRA VIGE 9.196 OCTAVO AÑO S U E L T O 10 C E N T S NUMERO REDACCIÓN: PUADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS, MUÑOZ OLIVE, CERCANA A TETÜAN, SEVILLA LA SITUACIÓN POL 1 T 1 A CAY Los señores A zana y Lerroux no tienen ganas de contender y el debate político queda frustrado Tarde de expectación. E l Gobierno requiere a los diputados de la mayoría para que, sin pretexto alguno, acudan a la sesión. L a orden se cumple de modo tan estricto, que pocas veces hemos visto mayor concurrencia en la Cámara. L o s radicales asisten en masa. Sus escaños, quizá por vez primera, se encuentran ocupados sin excepción. Todos esperan el debate político. Creen que de un modo o de otro se ha de plantear, y suponen que el Gobierno no dejará escapar la ocasión de causar un quebranto a la minoría radical. A l entrar en la Cámara el Sr. Lerroux fué rodeado por muchos diputados y periodistas que deseaban conocer su actitud. L e preguntaron sobre ella, y se expresó en estos t é r m i n o s -N o me explico este expectación. ¿E s que ha dudado alguien que- O he de repetir en el Parlamento lo que dije fuera de él? N o tengo po? qué arrepentirme, pues en mis; palabras no hubo ninguna injuria para nadie, -ni roe- he pasado de rosca lo más mínimo. -Entonces, ¿está usted dispuesto a mantener los puntos fundamentales de su discurso? -Q u é duda cabe. ¿H a b l a r á usted antes que el jefe del: Gobierno? -E s necesario- -respondió- -observar el desarrollo del debate. Y o procuraré que se; mantenga a l a mayor altura posible. Ese es mi deseo. E l Sr. Lerroux entró inmediatamente en el salón de sesiones. Se supo momentos después que el señor Royo Villanova se proponía dar estado parlamentario a l a cuestión política con motivo de la defensa- de uno de sus votos particulares a la totalidad del artículo sexto del E s tatuto. Sobre este propósito hablaron los periodistas con el Sr. G i l Robles, quien dijo que l a m i n o r í a agraria, dentro de su modesta esfera, hizo anteanoche lo que le correspond í a es decir, retiró unas enmiendas y precipitó l a discusión de otras a fin de dejar vía libre al debate de fondo. A h o r a bien- -añadió- -nosotros no debemos plantearlo. -No somos los indicados para ello. P o d r í a creerse que se trataba de un acto monarquizante, con lo que daríamos lugar a la sarta de lágrimas, abrazos y vítores, con que suelen terminar estas sesiones. A mi- juicio, quienes tienen que plantear la cuestión son los republicanos. enmienda, con lo que se apreció claramente la intención política que le movía y su deseo de que el debate entre el Gobierno y el señor Lerroux se produjera. E l Sr. Lerroux se levantó a contestarle y la expectación fué enorme en los escañes y en las tribunas. P o r un momento se creyó que el jefe radical iba a entrar a fondo en el tema planteado por el Sr. Royo. E l Sr. Azaña, que se hallaba en la cabecera del banco azul, al frente de todo el Gobierno, hizo un rápido ademán y abrió s u pupitre para tomar notas de las palabras del Sr. L e r r o u x pero bien pronto se dio cuenta la Cámara de que el jefe de los radicales rehuía, por el momento, la- batalla, si a ésta no le emplazaba el mismo Gobierno. L o explicó claramente. E l tenía una posición bien definida. -en, el problema, del Estatuto y no habría de- explicarla de nuevo. Tampoco quería hacer el- juego a ninguna minoría que por conveniencias políticas pretendiera enzarzado con el Gobierno. A h o r a bien, si otras categorías- -íecalcó la palabra- -le requerían, inmediatamente contestaría. E l Sr. Azaña permaneció silencioso, hubo un gran murmullo de decepción en las tribunas, la mayoría respiró satisfecha y se pasó a otro asunto, sin más. los votos de la mayoría, pero sin la cordialidad que un asunto tan nacional como éste requiere. A l suspenderse la sesión para que la comisión de Estatutos redactara el artículo adicional, que ha de ser el sexto del dictamen, salió el Sr. Lerroux a los pasillos e inmediatamente se vio rodeado de numerosí simos diputados e informadores. ¿Q u é se dice por aquí? (preguntó. -Muchas cosas y muy distintas. -M e lo figuraba. Comprenderán ustedes que yo tengo demasiada experiencia política para acudir al terreno que el adversario considera favorable. Y o no podía atender los requerimientos del Sr. Royo Villanova, a pesar de su autoridad personal y de lo mucho que lo quiero. S i la alusión hubiera partido de un republicano, le hubiera contestado en otro tono, pero con conceptos análogos. Si el Gobierno me hubiera preguntado, en el acto habría tenido la- oportuna contestación. -Se deduce de lo acontecido- -dijo un periodista- -que se aleja ese debate político tan esperado. ¿P o r qué? -replicó vivamente el señor Lerroux- Ese debate se planteará. S i no hay quien lo haga, yo lo h a r é pero tengo que escoger la oportunidad. Somos una m i noría demasiado numerosa para que se nos impongan el momento y l a ocasión. -Como los únicos debates que hay en e l Parlamento se refieren al Estatuto y Reforma Agraria, se supone que usted aprovechara cualquier circunstancia dentro de ellos. -N o N o me sirve para e l caso. Sobre todo en el Estatuto nada diré que se relacione cen la política. E l debate se desarrollará sobre un tema concreto; uno, el qué sea, porque la realidad y las circunstancias no ofrecen constantemente el motivo. -Y sobre la enseñanza en Cataluña, ¿piensa usted hablar? -Tampoco. Para eso tengo amigos muy capacitados en la minoría y en la Comisión, como el Sr. Lar a, que boy ha interpretado fielmente nuestro pensamiento. -S i el Gobierno quisiera emplear la guillotina para sacar adelante el Estatuto, ¿intervendría usted? -Eso pudiera ser causa del debate; pero, no lo creo. De cualquier modo el empleo de los procedimientos violentos daría margen a una intervención política, que sería cosa distinta del problema fundamental del E s tatuto. ¿C r e e usted que después del. debate político se aligerará l a marcha del Estatuto? Ante esta pregunta el Sf. Lerroux permaneció un momento silencioso. Luego- dijo subrayando las palabras: -A lo mejor ya no hay Estatuto, después. Estoy viendo que seré yo quien ha de i m plantar el Estatuto por decreto, claro es, que de un modo provisional y a reserva de que luego pueda ampliarse. ¿T a m b i é n con la Hacienda? -C o n todo. L a parte económica y financiera no se puede desglosar del Estatuto, porque entonces éste no es nada. Valdría tanto como votar un Estatuto para aplazar su implantación. Por cierto que acabo de oír en el salón de sesiones una idea i n teresante. Se ha dicho ahí que no se podrán resolver los conflictos entre l a Generalidad y el Estado Central, sin que previarnea- Comentarios en los pasillos E l señor Lerroux declara que el debate político se planteará cuando a él le convenga, y pronto N o hay para qué subrayar la efervescen- cia que en los pasillos se notó después, del i incidente parlamentario. L e s- ministros y los diputados de la mayoría se mostraban complacidos de la actitud observada por el señor Lerroux. Entendían que una cosa es hablar, en actos- de propaganda política, sin. otra responsabilidad que la inmediata de acertar o no con el gusto del público, y otra expresarse en análogos términos anta el Parlamento, con las derivaciones que esto acarrea. E l Sr. Lerroux habría meditado seguramente la trascendencia de un gesto contra el Gobierno y contra la mayoría, y de ahí su prudencia. De todos modos, suponía que la lección habría sido aprovechada para cuantos intenten en. lo sucesivo un acto de hostilidad, sin fundamento serio. A los radicales les pareció acertadísima la postura de su- jefe de haber éste aceptado el combate en el terreno a que se le llevaba. Hubiera parecido, que se hallaba de acuerdo o en convivencia con las derechas de la Cámara. Además, el Sr. Lerroux no tenía por qué dar explicaciones ni a! Gobierno n i al Parlamento por frases pronunciadas en un acto político. E r a el. Gobierno el que debía pedírselas, si juzgaba necesario esclarecer los juicios que se emitieron en Zaragoza. E n el silencio del Sr. A z a ñ a veían u n deseo de no entablar polémicas, que agravarían. una- situación, 3- a. de por sí delicadísima. L o que quiere el Sr. Azaña- -decían- -íes aprobar el Estatuto como sea. N o le importa, -a lo que parece, los votos de las minorías republicanas. Anoche hemos votado contra el artículo quinto los radicales, los conservadores v los de A l Servicio de la República. E l Sr. A z a ñ a no quiere esclarecer esta actitud. Allá él. Sacará el Estatuto con E l señor Lerroux dice, desde su escaño, que si el Gobierno le pregunta él entablará el diálogo E l Sr. Royo Villanova, como se había propuesto, aludió repetidas veces al Gobierno, ai Sr. Lerroux y a los demás jefes de m i noría, para que explicaran su. criterio sobre las graves cuestiones relacionadas con el Estatuto. L a intervención del diputado agrario no tenía sitio; es decir, que rio hablaba en í s defensa de ningún voto particular o
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