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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO TAVO. VIGESiMOC 5 i m ABC NUMEROEXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGES 1 MOC 5 S 5 TAVO. U N D O N JUAN D E L SETECIENTOS, HUÉSPED DE MADRID C o n el caballero C a s a n o i a e n l a n o c h e d e España. una fonda- y botillería de la calle de la Cruz. E n seguida recorre M a d r i d v i sita a Aranda, a Losada y a M o r a se embriaga de las calles, asiste a los bailes de fandango, conoce a María Teresa Palomino (la Pichona) protegida del duque de M e d i n a c e l i conquista a una tal doña Ignacia, hija de un don Diego, que vive en la calle del Desengaño; va a Toledo y a Aranjuez, donde trata a los personajes de nuestra nobleza que han seguido al M o n a r c a frecuenta los salones de la Benavente y. aplaude en e l teatro de la C r u z a María Guzmán y a Sebastiana P e r e y r a oye, en fin, misa en la iglesia d e l Espíritu Santo y ve torear a Manuel B e llón y usar la muleta, cuya moda comienza entonces. Pero l a gran aventura, la españolada, l a gran noche madrileña trágica e impar le esperaba todavía. E l balcón de la hermosa da frente por frente al suyo. Casanova la ha contemplado muchas veces sin merecer siquiera Una mirada de curiosidad de l a española. Y así una noche y otra noche, hasta la noche señalada por su destino. Sus miradas se han encontrado, al fin, y entonces la española, como visiblemente contrariada, cierra de golpe su balcón. Jacobo Casanova no puede n i moverse. S u corazón se enamora con tanta rapidez como olvida. Dolido, sorprendido también en su inevitable vanidad de D o n Juan, baja los ojos al suelo. L a noche es hermosa. U n a luna grande, la luna grande de la noche de España, da una calidad mágica a las casas y a las cosas. E n este momento un hombre, o, mejor aún, una sombra de hombre, cruza la calle, borrando la luna con sus zancadas, y entra en la casa de l a hermosa. E l caballero le ve entrar con una mirada prolongada de tristeza. Pero a los pocos minutos la desconocida se asoma a su balcón y llama l a atención de Casanova con gestos significativos. Cuando él la mira, le muestra un papel y lo deja caer al suelo. Casanova, corriendo, baja a l a calle. A las doce en punto, borracho y a de sus doce campanadas, Casanova entra en l a casa con la llave que l a desconocida le enviara envuelta en su nota misteriosa. A l cerrar detrás de sí la puerta, una mano suave le conduce por u n pasillo largo, completamente en sombras. Cuando llegan a la luz ¡en una amplia y lujosa estancia, el veneciano contempla delante de él a la dama del balcón. S u respiración es anhelante, sus ademanes denotan u n nervosismo intenso. -Necesito de vos- -le dice casi al oído. -S o y vuestro y sólo deseo Serviros. O s acabo de conocer y os amo más que a m i vida. Entonces l a bella le vuelve a tomar de l a mano y le conduce hasta su alcoba. Jacobo H A cumplido el veneciano, de pie y de perfil siempre ante la vida, burlando con su clara sonrisa mediterránea los cornalones del infortunio, cuarenta y dos años. ¡Cuarenta y dos años! Esto es, veintitrés de su aventura i n o l v i dable con Bellino, bajo cuya m i rada tembló como nunca de amor en el camino de Aucona a R i m i n i doce de su prisión y evasión de los P l o m o s diez de l a ejecución de Damiens en París, que marca sus amores con la inquieta M a n o n y sus intrigas económicas de Versalles, próximo al l u nado escote de madame de P o m padour; seis de aquella mañana en que, postrado a los pies de Clemente X I I I recibiera con el perdón del Pontífice l a Espuela de O r o dos, en fin, de su triunfal entrada en l a Corte de Catalina I I de quien pretende l a ayuda para montar una fábrica de jabón... Y en tanto sus amadas han ido desapareciendo, caídas muchas de bruces sobre el foso de l a muerte abierto bajo sus escenarios galantes y pueriles. L a desdichada loca de madame d U r fé y a no puede protegerle desde su panteón blasonado. Carlota Lamothe ha muerto en sus brazos una tarde de octubre... L a s viejas Cortes de E u r o p a le cierran sus puertas. Se le hubiera disculpado mejor su suerte con las mujeres que su fortuna para quedarse con el dinero de los hombres. Acorralado casi, nostálgico su corazón de dulces nombres y amantes fantasmas, J a c o bo Casanova decide i r a Portugal por E s paña. Se ha proporcionado cartas para españoles de condición. L a princesa Lubomirsk a le recomienda al conde de A r a n d a y al marqués de Caracciolí, al gran sumiller del Rey, al duque de Losada v al marqués de Mora- Pignatelli. Solo y sin criado, emprende la marcha desde París el 20 de noviembre de 17 Ó 7. Se detiene sólo lo preciso en Burdeos, Orleáns, Chauteloup, Poitiers, Angulema... E n San Juan de L u z vende su silla de posta, y entra en España, caballero en una muía, por el camino de Pamplona, el día 16 ó 17 de d i ciembre. TACOBO C A S A N O V A E L C A B A L L E R O- A B A T E DON TUAN D E L SETECIENTOS M a d r i d E l caballero- abate escribe en su cuaderno de notas los primeros males que él atribuye al poder de la Inquisición, más fuerte que el mismo Carlos I I I que se encara con el ignacismo, más fuerte que la i n fluencia de A r a n d a ese hombre de l a enciclopedia que parece un primo de los caballeritos de A z c o i t i a ¿Cuáles son estos males primeros que él veneciano atribuye a l a Inquisición- -tópico de los viajeros por l Espagne- y que le sorprenden a su entrada por l a Puerta de Alcalá? Estos males son los aduaneros, que le han intervenido su rapé y una edición en griego de la Iliada. Y a en M a d r i d Casanova se instala en E N E L MUSEO MUNICIPAL MADRILEÑO SE CONSERVA ESTE AGUAFUERTE, D E AUTOR DESCONOCIDO, QUE REPRESENTA LA PRIMITIVA PUERTA D E ALCALÁ. CONSTRUIDA E N E L P R I M E R T E R C I O D E L SIGLO X V I I H A C I A L O S A Ñ O S 1628 A 1632, TENIA INDUD A B L E M E N T E O T R O S DOS H U E C O S A L O S LADOS, QUE N O APARECEN E N L A LAMINA (FOTO DUQUE)