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tiguas griegas y. romanas, mientras en el techo una vasta composición alegórica reproduce la batalla de Lepante, en la cual el príncipe Marco Antonio Colorína tomó parte, como jefe de la escuadra que el Papá envió contra los turcos. Cuando, a fines del siglo XVIII, las tropas francesas de la revolución entraron en Roma, cañonearon el palacio Colonna, y un proyectil penetró por la ventana del fondo, rompió una de las magníficas columnas y fué a caer al otro extremo del salón, quedando, perdida- su fuerza, sobre un escalón, resquebrajado al choque. Allí sigue aún, como recuerdo de hecho tan memorable. E n las paredes están los cuadros. Hay muchísimos, no todos del mismo valor, pero interesantes en su mayoría, en especial los retratos de miembros preclaros de tan ilustre estirpe. Bronzinp reprodujo a Fabricíp Colonna, con un galante vestido, blanco y- rosa, de anchas mangas repicoteadas y estrecho talle, aprisionado cor un cínturón de cuero, de donde prende la pulida espada. Una mano del señor se apoya en la cintura, mientras la otra sube con un ademán de mando, que parece corroborar el gesto severo del rostro, alargado por 3 a negra barba picuda, que en dos puntas se recorta sobre el principio del pecho. Los ojos, la boca, son fríos y autoritarios. U n sombrerete adornado con un plumero y una ancha placa esmaltadai donde un amor I5 RCNZINO. RETRATO D E FABRICIO COLONNA juguetra junto a una columna, blasón del ilustre modelo, completa el bizarro atavío, sirviendo de fondo una rica cortina, medió levantada sobre un paisaje c a m p e s t r e rocas, árboles, aguas y personajes diversos. U n artista de segundo orden, Mulzone, pintó un grupo de personajes incógnitos, que se conoce con el nombre de -Una familia española. Esta familia es numerosa, pues se compone de siete niños, del: padre y de la madre y de otro personaje, que debe dé ser próximo pariente, a juzgar por ti. parecido que tiene con el jefe de la familia. Se agrupan a un lado los hombres y al otro las mujeres. Cada cual lleva junto a sí un letrero con su nombre y edad, y las niñas, que son mayoría, ostentan todas vestidos y alhajas idénticos, y van peinadas con un alto, puntiagudo moño extravagante, adornado con plumas y unos lacitos ñoños. Las niñas se llaman, por el orden en que están colocadas junto a su madre, Constanza, Faustina, Bárbara, Victoria e Isabel; el chico, que está frente a ellas, muy apuesto y entonado con su rico traje y su pequeña espada, se llamaba Julio César; la madre, pobre señora paralítica, respondía al nombre de Victoria; el padre, adusto gentilhombre barbudo, al de A l fonso, y el otro varón, tío, primo o lo que fuera, al de Camilo. Sólo queda sin nombre el pequeñín, que, agasajado por su ma- MULZONE. UNA FAMILIA ESPAÑOLA
 // Cambio Nodo4-Sevilla