Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
La cabalgata organizada por la Casa de Levante. Recorrió- algunas cajles de Madrid, partiendo de los bulevares, y figuraban en ella los cuadros artísticos llegados de Valencia y la comisión de recepción de dicha Casa, con coches y carrosas. (Fofo Días Casariego) aquella Monarquía que, según los estadistas que ahora se estilan, no hacía sino envenenar los problemas, se preocuparon de éste con alguna m á s profundidad, atención y a l teza de miras de las que ahora se usan, Y entre ellos D Antonio Maura, que por su origen mallorquín sentía el problema regional como pocos, y que, además, tenía en el haber de. su experiencia lo ocurrido con el problema cubano, aunque distinto, aleccionador, y en el que los sucesos vinieron a carie la razón, tarde ya, cespites de muchos años, muchos, de estudio profundo y detenido llegó a la siguiente conclusión: E l problema catalán sólo podría resolverse o conllevarse mediante una ley de autonomías regionales, una ley hecha para todas las regiones de España, no para una sola, aunque esa sola fuese tan importante como Cataluña Esta ley tenía- que ser tan amplia como fuere, necesario para que cada región pudiera ir tomando de. ella lo que necesitara y pudiera cumplir. E s decir, se hacía a la medida de la más. desarrollada administrativamente, para que las demás pudieran utilizarla cuando estuvieran preparadas para ello. Pero. entiéndase bien: L a s características de ésta ley, esenciales para su aceptación por todo el país, eran dos: primera, que las autonomías concedidas a las regiones eran puramente administrativas, sin merma de ninguna de las prerrogativas sagradas e inalienables del listado español, de ninguna por insignificante que pareciese. Y segunda, que la ley era general, lo mismo I aplicable a Cataluña que a Galicia, a V a- le ncia que a las Vascongadas. N o se herían susceptibilidades por regionales o, si se quiere, pueblerinas, más violentas. E l trato era igual, uniforme, español. Todo lo que C a taluña y otras regiones tan españolas como ella pedían de justo y dé asequible estaba allí consignado. Y no podía por ello indignarse Castilla, ni refunfuñar Vasconia, ni gruñir Andalucía. Pero D Antonio Maura murió sin lograr ver aprobada una ley que fué- su. mayor ilusión de gobernante. N o andan lejos ni ocultos, sino en sitios bien destacados, algunos de los que más tenazmente se opusieron en el Parlamento a que aquella ley se aprobara, y no ciertamente porque les pareciera tímida, sino por todo lo contrario, Y si el problema no se resolvió no fué por culpa de la Monarquía, sino por la de algunos monárquicos de entonces y republicanos efectivos o simpatizantes de hoy. Y ahora la República, que, según se nos decía, era toda comprensión y cordialidad, lia resucitado el problema en la forma obligatoria y urgente que estamos presenciando. Y naturalmente, por encima del, problema regional, catalán o no, ha asomado la cabeza el otro problema, que es m u c h o m á s grave y de m á s difícil solución el anticatalán o antirregional, que es negativo, que no responde a una necesidad, sino a un estado pasional y de los m á s mezquinos: el del odio. ¿Y de quién la culpa sino de esos gobernantes que no han comprendido que fatalmente se llegaría a esto? 1 Y o que no he sido nunca político activo, pero que lie- visto bien de cerca las entrañas de la política, no creo en las malas i n tenciones ni en la perfidia que el vulgo atribuye casi siempre a los gobernantes bajo cualquier régimen. Pero creo, en cambio, que los yerros y los desaciertos son tan graves- o m á s y tan merecedores del castigo cívico como la mala voluntad. Y los gobernantes de la República lian tenido con este asunto un debut desastroso. Para ellos y para el país, que es lo m á s triste. Porque ya es igual que el Estatuto se apruebe o no. L o cierto, lo irremediable es que la semilla del odio h a c a í d o en el surco de ías rivalidades regionales, que llevaban unos años en barbecho y no t a r d a r á en dar sus frutos. Estos chispazos de ahora no son m á s que unos modestos anuncios de lo que puede ocurrir. Y no podrán evitarlo ya- erupciones extemporáneas de patrioterismo como las del S r Ossorio y Gallardo que pueden producir dentro del Congreso- una ovación fulminante de latiguillo, pero que sólo consiguen en la calle acrecentar la i r a y multiplicar el asco. Porque será Haca la memoria de las gentes, pero no tanto que no recuerde que se van a cumplir en estos días los veintitrés años de aquel en que el lloroso tribuno de hoy, en circunstancias críticas para E s p a ñ a y, para Cataluña, abandonaba el Gobierno civil por una puerta reservada, desertando de- sus mas elementales, deberes ele gobernante, de español y de hombre. 1 HO -TORJO MAURA
 // Cambio Nodo4-Sevilla