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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 10 C T S N U M E R O DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V) G E SIMO CTAVO 10 CTS. N U M E R Ó F U N D A D O E l i. D E J U N I O D E 1905 POR D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A LA AM EN AZA CIENTO OU 1 NCE P E- N U E S T R O C O M P A SOCIALISTA f SETAS D E A V E N T U R A -Ñ E R O M U S S O L I N I Hay q o cumplir todoa. los compromisos contraídos con la revolución. (El ministro de Trabajo. Vigo 18. Han llegado 140 é x cursionistas portugueses, procedentes de Lisboa, en la excursión de los Viajes Misteriosos. Sólo sé. escribir con decisión, y empuje. X. Declaro con toda lealtad, con toda ingenuidad si se prefiere, que no acabo de comp r e n d e r l a indignación que a muchamente lia producido el manifiesto socialista. A mi, én el fondo, me ha parecido bien. D i g o en el fondo porque en la f o m a todos estamos conformes, incluso sus m á s entusiastas panegiristas, en que hay palabras- inútiles, excesos de lenguaje, exageraciones; verbales y otras demasías de concepto expresión que sólo un eufemismo exageradamente bien i n tencionado puede suaviza- para justificarlas. Pero si: en la forma la redacción del do- cumento es lamentable- -lo cortés no quita nunca a lo valiente- en el fondo tiene un valor de sinceridad y de franqueza que nadie osará negar. Se podrá acusar a sus autores de todo lo que se quiera menos de que no hablan claro. Se sabe lo que quieren y lo que liarán, por lo menos lo que amenazan se proponen hacer, si no se les atiende. L a cosa, en realidad, es muy sencilla: se trata de comprar un poquito de imaginación a bajo precio, de adquirir ciento quince pesetas de aventura. E n Londres- -inglés tenía que ser lo de cambiar dinero por imaginación- -ya existía algo parecido a esto que los portugueses acaban de adoptar con éxito. Por ciento quince pesetas los excursionistas recorren 800 k i lómetros en ferrocarril y doscientos en auto, entre tierras de Portugal y de E s paña. E l aliciente consiste en que la ruta del viaje es desconocida por los viajeros, que son verdaderos abonados al misterio. E s un turismo romántico, ideal, muy sintomático de nuestra contemporaneidad, cansada de nuestra civilización irresoluta. Antes el hombre se lanzaba a lo desconocido y rasgaba mares en dragonadas embarcaciones inverosímiles, yxlescubría continentes y climas inéditos. H o y se considera que todo está descubierto, y el morbo de la- aventura tiene que escapar por. algún sitio, aunque sea por el costado. del absurdo. Viajes rápidos, e s m e r i l a d o s d e s u e ñ ó y de bostezo... L a mujer entrevista en un andén, la mujer que ni siquiera se pondrá luego, en la reconstitución del recuerdo, situar en el Tiempo y en el Espacio, porque la Geografía pierde su sentido y una sonrisa no tiene exactamente nacionalidad. Ruinas, ventanas iluminadas en la noche, pinares y tierras calcinadas; todo rápido, confundido, confuso- yconfundible; y siempre, al despertar de l a noche de- hotel, -al correr de un silbido h ú medo y tembloroso, una como impresión de ordende marcha. una como movilización febril para una lucha sin enemigo. H a y gentes tan- infinitamente lisas que tienen que comprarse la emoción de lo inestable, que tienen que confiar a una agencia de viajes la emoción que no supieron encontrar por sí mismos. E s un espectáculo profundamente desconsolador e inmoral. Perder el fundamento de las cosas, el designio de la propia voluntad, el imperativo de una inteligencia y la norma, en fin, de lo humano, porque una pasión nos desnivele y destroce... bien. Pero encargar a una agencia organizada que nos desorganice y saque de quicio, que nos haga olvidar la conciencia del deseo y abandonarnos sin saber siquiera a ciué abandono, es bastante repugnante. Se acuerda uno, aun sin querer, de esos países que, desmoralizados en lo conseguido y logrado, echan a rodar sus designios históricos y piden su viaje misterioso a una Empresa, cuyos Reglamentos son misteriosos también. Encaramados en el viaje de l a d e j a c i ó n de su voluntad, pueden sentir el vértigo, la desolación, él miedo a precipitarse en el vacío... Entonces un deseo in sobornable y pavoroso de volver hacia atrás, de considerarlo todo un sueño, de pactar COTÍ l o q ú e Hicieron ruinas, les acomete y tortura. ¿Adonde van? ¿Quién los lleva? Y ni el maquinista les puede decir una. palabra... E l no lo sabe tampoco. N o lo ha sabido nunca. H a y que cumplir todos los compromisos adquiridos con l a revolución. Quien quiera llevar a la República por otros derroteros, tendrá de hecho el veto de las organizacio- nes socialista y obrera. M u y bien. Todo, esto está muy bien desde el punto de vista socialista. Pero ¿cuáles son estos compromisos y hasta q u é punto afectan al resto de los d e m á s ciudadanos. españoles que no comulgan con el credo revolucionario o que, aun estando conformes con algunos puntos de él, discrepan del conjuntototal? Porque, en resumen, está es l a cuestión. S i los. socialistas fuesen, en efecto, como- ellos se. figuran, el único partido árbitiro de los destinos nacionales, no habría nada que hablar. M a s si ocurriese que no lo fueran, ¿qué pasaría entonces? P o r mucha fuerza, por mucha disciplina, por mucha cohesión que tenga el partido socialista en España, rio llega a l a i m portancia que el partido laborista adquirió en Inglaterra en estos últimos años. A q u é l sí que era el arbitro de los destirios del país. G o bierno, mayoría parlamentaria, todo el engranaje de l a complicada m á q u i n a política y administrativa estaba en sus manos. Y sin embargo, mejor podríamos decir precisamente por eso, bastó que el pueblo viese en l a gestión desdichada de aquel partido un peligro para el supremo interés nacional para que la opinión se alzara en movimiento de unánime, protesta y derrocara aquella situación con una derrota en las primeras elecciones, tan aplastante que no había te- nido hasta entonces precedente en la contienda electoral de los partidos. L o que hace falta saber es si en E s p a ñ a hay o no hav una fuerza de opinión capaz, en calidad y en n ú m e r o d e contrarrestar las pretensiones socialistas. S i esa opinión noexiste, no vale l a pena de, discutir el mam- fiesto. N o cabe m á s que someterse. Si- hay opinión y actúa en la forma en que. puede. actuar. el documento, no tiene l a me; aor? im- portancia. S e r á a lo sumo, como ha sido hasta ahora, como es- en casi, todas l a s n a- dones, la aspiración, ideológicamente siempre respetable, de una. minoría. PEDRO M A T A CESAR G O N Z A L E Z- R U A N G E l príncipe de. la. biografía... sü- gestiya, ErhiJ. Ludwigi se ha revelado cómo periodista de primera magnitud. Claro está que sin la personalidad excepcionalmente destacada. del interviuvado, su último libro resultaría mucho menos interesante. Así, por ejemplo, en sus conversaciones con Stalín. L u d w i g desarrolló la misma habilidad en las preguntas; pero- ¡qué pobres resultan las respuestas, del dictador rojo comparadas, con Jas de! Jy. cc! Sus reflexiones sobre. Historia, la de N a poleón en particular, sobre la psicología de las masas (se nota la influencia de L e B o n) el Poder, l a dictadura, el arf y tantos otros temas, revelan honda; cultura. clarísima inteligencia, don de gentes, sabiduría de estadista, gusto acertado, personalidad poderosa. De las dieciocho largas conversaciones destacaremos la referente a la Prensa. T a n fas veces se ha hecho notar los puntos de contacto entre el comunismo y el fascismo. E l mismo Mussolini me decía, hace ya cerca de siete años, que su principal maestro era Jorge Sorel, y se sabe- que éste influyó m á s sobre la mentalidad de Lenín que íd mismo Carlos Marx. -Aunque- c duce haya enseñado á L u d w i g el articuló de un. diario italiano que critica severamente la actuación del Gobierno, no se puede afirmar que en Italia exista libertad dé Prensa, en el sentido democrático de la palabra. Porqu e Mussolini, lo mismo que Stalín, opina que los diarios de n u e s t r o s- d í a s ya no sirven, en su gran mayoría, ideas, -sino intereses, y aunque reí régimen político les conceda plena libertad, tienen que escribir; cuanto desean ver i m preso los industriales y los Bancos que Íes pagan Cualquier corhu nista suscribiría gustoso esta afirmación; pero, por otra parte, Mussolini la hubiera: formulado con carácter menos categórico si- conociera mejor a E s paña, donde la Prensa está todavía meaos mercantilizada que en otros países econórpicamente m á s desarrollados. Mussolini no cree, pues, en l a educación moral del público por la Prensa, pero estirna que, desde el punto de vista técnico, el periodismo sigue siendo un educador para d i plomáticos y estadistas, porque les acostum- bra a pensar rápidamente y comprender- el carácter movible de- la situación Hemos de agradecer la b u e n a o p i n i ó n que ha conservado de nuestro oficio uno de los m á s ilustres de nuestros antiguos compañeros, aunque nos hubiera gustado, ver añadir que los; periódicos ensenan también mucho a. los políticos y diploriiáticós, y rio sólo son útiles a aquellos que intervienen personalmente én el periodismo. A éstos, pertenece Mussolini, al que acabó de llamar, antiguo compañero cuando, en realidad, sigue- escribiendo con frecuencia, a veces con su firma -a veces sin ella, pero siempre, en el. estilo qu c es peculiar inconfundiblemente suyo, y que refleja; claridad, decisión, empuje, valentía. Pero no soto escribe, sino que. es -uno de nuestros lectores m á s incansables desde que es jefe de Gobierno lee todavía m á s diarios que antes. Mussolini- es compañero nuestro cu todos los sentidos. A N D R É S RüVÉSZ 1 ir 1 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla