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En el estudio de Benlliure. El ilustre escultor D, Mariano Benlliure ha ofrecido en su estudio una comida a significadas personalidades del Cuerpo diplomático y del núcleo de sus amistades. (Foto Portillo. LA REALIDAD DEL LOCALISMO Mucho m á s temibles que los defensores de Estatutos, c fórmulas nacionalistas son esos que andan diciendo, después de escandalizarse y protestar, que ellos también son partidarios de una amplísima autonomía o de la descentralización tan completa como sea preciso y otros clisés por el estilo. Primero, porque pocas cosas son dañinos como los tópicos, y aun ligerezas puras de mala clase. Y después, porque frente a un problema nacionalista, y respondiendo a sus demandas, cuanto se conceda o simplemente prometa es nacionalismo, parte de nacionalismo y medio para la victoria nacionalista final. Igualmente el derecho a regular la pesca en los estanques de los parques públicos que eí establecimiento de un E j é r c i t o propio para prestar servicio dentro de los límites del Estado en construcción. Por eso tiemblo ante los programas m í nimos tan gratos a la pereza nacional y de utilidad innegable a los comprometidos en estas andanzas. E l día negro y sin consuelo de España será aquel en que los m á s solemnes y campanudos de sus revolucionarios, rehecha una especie de conciencia verbal patriótica, entre cánticos, raciales y negaciones implacables de tal cual exageración nacionalista, incluida de momento sólo para tratar y cuyo éxito en una segunda etapa quede fácil, empiecen a conceder E s tatutos desinfectados y sin estridencias. Quizá accidentes de estrategia o seguridades plenas aconsejen otra táctica a los peticionarios nacionalistas; pero en términos normales ¿cabe nada m á s agradable que recibir esos presentes en cuya preparación oficialmente no se ha participado, susceptibies, por tanto, de todas las denigraciones y donde está ya casi plena l a reivindicación apetitosa y codiciada? Porque en materia de nacionalismos algo equivale siempre a todo. E s desesperante nuestra incapacidad política. S i n un gran estrago previo no llegamos jamás a reacción y remedio Y claro, en el camino dejamos decenios de progreso y vida. E n estas historias de autonomías y descentralizaciones no queda un- ¡lo error por ensayar. Empezando por lo primero, por la base, es decir, por la cantinela mecánica esa de la vida local ente- ca, sin cauces por donde circular su savia potentísima. Hablando en serio, ¿qué tiene semejante historia de verdad? U n o ha vivido y ensayado bastantes provincias, puede considerarse típicamente provinciano, y. por eso mismo se pregunta aturdido dónde estará esa riqueza vital que el ánimo cortesano, puesto a comprender, arrepentirse y con descender, nos atribuye. Sinceramente, yo no he visto ninguna real actividad provincial española contenida por la acción esterilizadora del Estado. N i he descubierto la menor inquietud c desconfianza frente, al Estado, que al mismo tiempo no existiera en el mismo- -o en mayor- -grado para la provincia y eí Municipio. E n cambio, he encontrado magníficas direcciones, creadoras de riqueza y alentadoras, por tanto, del mejoramiento espiritual en muchas decisiones políticas del- Estado, al que, además, sobraban accesos para toda fuerza viva de las provincias. Estado que en la mayor, parte de los casos representaba una mayor garantía dé justicia y competencia en sus resoluciones, incluso sobre materias de i n terés local cuando la pasión se mezclaba en ellas, contra lo que pretende la superstición democrática. nentes va equilibrada por la potencia del Poder central y las características del espíritu político informante, el español medio no piensa en eso, y bastante tiene con cumplir decentemente sus funciones actuales. Quedan empujando un poco cierras clases, deseosas de ampliar la burocracia local y aumentar su brillo. -Don M i g u e l Artigas en un bello estudio sobre el eminente erud i t o guipuzcoano Echegaray, observaba cuánto había de interesado en los historiadores regionales de los siglos primeros de la unidad, pues al defender sus organismos de la intromisión del Peder central, sierido como eran de ordinario funcionarios de ellos, sostenían su propio fuero personal. Pero esto no basta para justificar el tópico localista. H o y la vida local, será poco m á s o menos, lo mismo de intensa c de mísera con una u otras leyes reguladoras suyas, según sea ella en. la realidad. D e l idioma a la m ú sica popular, pasando por todos les usos legales y prácticas de vida, siglos de convivencia habían enseñado a E s p a ñ a cómo respetarlos y vivirlos, y sin mala intención bien poco habría que rectificar, y ello e r a claro y limpio de hacer. P o r crear centritos. de cultura, magnificar genios locales o llamar ministros a los antiguos miembros ¿Y qué ventaja, aun dentro de lo bien de la Comisión provincial y Parlamentos intencionado en el terreno administrativo de fomento, hay en localizar actividades a las Diputaciones, el incremente del. paque, ejercidas nacionalmente, tienen muy trimonio local iba a ser bien escaso. N i superiores garantías, desarticulando para porque el gobernador suspenda un acuerdo ello un Estado complejo, trabajo saínente comarcal disparatado temblarán en sus tuinmontado? ¿Q u é depuración espiritual en bas los ediles romanos del contorno. L a prescindir de la responsabilidad enorme de complejidad de la vida actual excluye esas lo nacional español, de su exigencia para fórmulas románticas de vida pública, úticualquier ocupación que pueda ser conjun les en varios aspectos depuradores, sin duda, ta? ¿Q u é ventaja en enturbiar l a existen- hace veinte años. cia nacional multiplicando historias de l o E n cambio, y volvemos a la gran alarcalidad, a menudo procesales y etiqueteras, ma primera, allí donde, haya prendido U 0 cuando medios le sobran a cada. español nacionalismo, que es lo contrario del espípara pesar en la vida oficial una que, a su cargo, corre mejorar? E l ejemplo cel mun- ritu local, que es un espíritu nacional a l zado contra el espíritu nacional español, do dice necesidad de un Estado fuerte, simesc casi mecánico juego de autonomismos y plificación de funciones, apartamiento de libertades locales prestará- -de no encajarrozamientos, choques y retrasos inevitables se, ya lo dijimos, en un todo político nacon la inflación de los organismos subordicional al modo tradicionalista- -un servicio nados. incalculable al intento separador. Será su Créannos los capitaleños generosos y busmejor camino, su medio eficaz. De u t i l i z a cadores de savia, provincial; a nadie, por csa ligereza verbab de la abogacía capítamotivos de buena administración o progreleña sacará los frutos supremos. M e i o r que so local, le preocupa arrebatar funciones al en la batalla campal contra un patriotismo, Estado. Fuera de las escuelas tradicionaque, lento y torpón, acaba con todo por listas, cuyes fuerismos son parte de una removerse algunas veces. construcción histórica y lógica de arriba abajo, en la que la fortaleza de los compo JOSÉ F É L I X L E Q U E R I C A 1
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