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A B C. MIÉRCOLES 20 1 E JULIO DE 1932. EDICIÓN DE AN 3 MLUCIA. P A G ¡rit- dí íiiá ides de la Xglesia, obligadas por la defensa de la autoridad del Estado. Trata de la pregunta que hizo en cierta ocasión, en vista de advertencias del señor Martínez Barrios. L e preguntó, ante los peligros denunciados: ¿De quién se trata? Y el Sr. Martínez Barrios no se consideró autorizado para contestar. Juzga su actitud correcta y hasta digna de aplauso. Pero todo esto juzga que no tiene relación con que dos personas advertidas de ese peligro vayan a la plaza pública y digan: C a l l a d no hagáis nada, que- yo lo remediaré. (Rumores. L o que es d i c t a d u r a y lo que no es dictadura bernar con su mayoría y escuchar a las m i norías para que cuando éstas nos den razones rendimos a ellas; pero jamás a la imposición ni, a la maniobra. A l señor A z a ñ a Ja p a l a b r a cordialidad le suena a charanga Nada tengo que oponer a la opinión del Sr. L e r r o u x de que los socialistas no deben continuar en el Poder; pero añade el jefe de los radicales en su discurso que la continuación de este Gobierno representaría el dominio de la dictadura. Y esto no es asi. Hablamos demasiado de dictadura, después de aquellos siete años del divertido Gobierno que recibió tal denominación. Ño comprende cómo aquellos ministros suponían que podían llevar sobre sus hombros toda la carga de un país, sin necesidad de organizaciones, corporaciones públicas, etcétera. E l actual Gobierno de dictadura- -dice irónicamente- -no sabe v i v i r sin Parlamento y sin Tribunales de Justicia. E l Sr. Lerroux habló del tópico de la dictadura militar como reacción contra la dictadura socialista. Ruega que no se nombre a la dictadura militar. Háblese- -dice- -de l a dictadura del proletariado, la del clero o la de los hombres rubios; pero no saquemos el fantasma- de la dictadura militar, porque siembra la desconfianza del pueblo con respecto al Ejército, hoy que aquél y éste se van- compenetrando. (M u y bien en la mayoría. E l G o b i e r n o no se hace s o l i d a r i o d e l m a nifiesto socialista V o y a decir una irreverencia: Se habla de cordialidad y yo no entiendo qué es cordialidad. Esto me suena a charanga. Nada de cordialidad y sí inteligencia. L o que ocurre a los españoles es que estamos deshabituados al Parlamento elegido por sufragio universal. H a pasado el tiempo en. que había que conquistar el decreto de disolución y ha llegado la hora de conquistar a la opinión. Todos hemos salido de las mismas candidaturas y tenemos el mismo origen y la misma autenticidad. Y este problema sólo se puede desatar cuando consultemos de nuevo al sufragio universal. Termina recordando a todos una cosa, y es que en España ya no hay Rey, cosa que algunos olvidan. (Aplausos de la mayoría. U n argumento: ¿P o r qué no se convocan elecciones parciales? V o y a probarlo: Existe un hecho. Se han producido vacantes de diputados, ¿por qué i no se convocan elecciones parciales? Porque el Gobierno no cree que sea el actual mo- ¡mentó oportuno, porque teme que una coaR- i ción de derechas derrote a los candidatos ministeriales, (Rumores. Que l a opinión no es temeraria lo demuestra que el G o- ¡bierno tiene en la mano la convocatoria de dichas elecciones y no lo hace. E l Gobierno, después de la modificación experimentada por la opinión pública, no j tiene la asistencia que tuvo. Esto es evi- I dente. 1 1 Rectificación de! señor L e r r o u x E l G o b i e r n o d e m u e s t r a c o n sus actos e n el P a r l a m e n t o que le p r e o c u p a la o p i- nión pública E l Sr. L E R R O U X rectifica y dice que el Sr. Azaña ha prescindido de algo importantísimo, que es el fundamento de nuestra existencia política. Cree que mientras tenga un voto de mayoría, mantiene su posición sin abuso de autoridad n i menoscabo de otros derechos. Y o sostengo por el contrario que no basta contar con la mayoría, y menos en unas Cortes Constituyentes convocadas para una misión especial, que tiene su término normal. Como réplica al discurso de Zaragoza surge el manifiesto socialista, sobre el cual el Sr. Lerroux pregunta al Gobierno su opinión. E s fácil contestar. E l Gobierno no tiene, por qué hacerse solidario del manifiesto. E l Gobierno responde a su contenido, paro no puede entrar en las discusiones de los partidos. (Rumores. N o niega que hay en el manifiesto afirmaciones que pueden parecer anticonstitucionales, pero si lo fueran el orador las reprueba por ello. Pero recuerda la afirmación del partido de defender la democracia y la libertad en momentos de peligro, lo cual le parece tan bien que necesita la adición de la misma voluntad por parte de todos los republicanos. (Aplausos de la mayoría. Se afirma por un partido republicano i m portante que el Gobierno debe disolverse y nosotros decimos, así como los socialistas, que ño nos parece oportuno disolver la coalición. L a situación no ha cambiado, y mientras tengamos, mayoría o no decida otra cosa el presidente de la República, continuaremos aquí para discutir la ley agraria, el Estatuto, la ley Electoral, la ley de Orden público y alguna otra que anda por ahí extraviada. (Risas y rumores. Se ha dicho que estas dificultades nacen de que: a la. mayoría le molesta la existencia de una oposición y esto, no es cierto. Nos complace; pero así como a nosotros nos agrada l a existencia de otras oposiciones, éstas deben aceptar el hecho insólito de un Gobierno d i conciencia nueva que gobierne con el Parlamento. Esto es una cosa nanea vista en España, porque las copiosas mayorías monárquicas, además de ser ilegitimas, como les faltaba la justicia de su origen, estaban, sometidas a las oposiciones. M i iriterio es que los Gobiernos deben go- E l Sr. Azaña se preocupaba no ha mucho de que el Estatuto tuviera tantos votos, que diera la impresión de que representaba el i n terés nacional. Y aún cuando tuviera fórmulas de transacción para obtener una gran mayoría de votos, sé que da, con buen sentido político, a la opinión pública una importancia, que realmente es la debida. E x p l i c a la reunión y los acuerdos de Lhardy reciente la campaña contra uno de los ministros socialistas, pero la crisis estalló más tarde en momento oportuno. Cree el Gobierno que puede prescindir de estados de opinión cambiantes cada día? (Fuertes rumores cortan la palabra del orador. N o sé si he dicho un dislate. H e hablado de estados de opinión, cambiantes cada día, y pregunto si puede dirigirlos y encauzarlos para no chocar con ellos; pues lo que se ha producido es eso. Nació la República en medio de las mayores esperanzas y alegrías de la opinión pública. Así, la separación de la Iglesia y. del Estado 110 fué recibida con grandes hostilidades, seguramente porque ei progreso de los tiempos ha enseñado que la separación dignifica a la Iglesia más que perjudicarla. Las reformas militares fueron acogidas con beneplácito; pero hoy el ambiente no es el mismo de los primeros meses. N u e v a s referencias a la última crisis E l Sr. Azaña ha omitido, no por malicia, no por necesidades de la defensa propia, I ciertas cosas, y una es la de que todos los j que hablaron en el Consejo de la Alianza j Republicana, todos, incluso los representantes de Acción Republicana, se mostraron opuestos a la continuación de los socialistas en el Poder, y- dijeron que habían oído esta; opinión al Sr. Azaña. L o que dijimos, el Sr. Martínez B a r r i o s y yo fué que, caso de continuar los socialistas, no deberían seguir desempeñando las mismas carteras. Y el Sr. Azaña recordará! que cuando nos reunimos para decidir si aquella crisis habría de ser de fondo, o pre- cisamente formularia, yo me pronuncié p o r! que fuera de fondo, y no podía fundarme para elfo más que en aquellas palabras. Después el Sr. Azaña constituyó el G o- bierno que le pareció conveniente y el par- j tido radical pasó a la oposición. S i el partido j radical fuese estimado cordialmente y para los hombres de corazón esta palabra tiene I su valor, habría que reconocer que ha p r o- cedido debidamente. El P R E S I D E N T E D E L CONSEJO: L o he. reconocido así. E l Sr. L E R R O U X Se ha ocupado e l señor Azaña del discurso de Zaragoza, des- cendiendp a detalles, entre ellos el de la Acádemia General Militar. Y o no tengo la pre- tensión de contender con su señoría en estas cuestiones militares en la que es t a n competente, pero debo decir que el asunto no tiene la trascendencia que le ha dado. Pero yo tengo en esto criterio propio. i Las reformas de carácter general nos han parecido muy bien; pero es sabido que éstas producen heridas y es clara la actitud del Gobierno de dejar al sucesivo la misión de cerrar estas heridas. Y o sé que hay Cuerpos que son opuestos- a esa Academia General M i l i t a r pero estimo que- ésta es conveniente para la unión de todas las A r m a s Recuerda el pasado en que el orador i n gresó en la Academia General Militar de Toledo. Sabe el Sr. Azaña- -dice- -que soy hombre que acepta todas las responsabilidades, y si el día de mañana me viera obligado a rec- tificar ante el pueblo de Zaragoza sobre el tema de la Academia General, lo haría. 1 ¿P o r qué la r e t i r a d a d e los Crucifijos? L a participación de ex monárquicos én el G o b i e r n o DUPLICACIÓN DE VALORES. -M A R C A S M Í N I M A S -L o s aficionados al juego del b r i d g e deben c o n s u l t a r e s t a s e c c i ó n e s c r i t a p a r a ellos por S a r c o b a r -V é a n s e las P A G I N A S D E B R I D G E e n el próximo númer o de B L A N C O Y NEGRO. QTUÍEJV M E J O R PAGA CADIZ. -TELEFONO 21- 10 Estima que hay reformas que al aplicarse pueden ser perniciosas. ¿Qué necesidad hay- -pregunta- -después de acordada la separación de la Iglesia y del Estado, la expulsión de los Jesuítas y la confiscación de sus bienes y después de los castigos aplicados a las dignidades de la Iglesia de arrancar los Crucifijos de ciertos establecimientos? (Grandes rumores en la mayoría, que se prolojv gan largo rato. Muchos de los que producen esos rumo res no podrán alegar una vida laica como la de mi hogar, pero reconozco que se puede ser laico y creyente. Y o lo que censuro soa
 // Cambio Nodo4-Sevilla