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sonas que allí se suben. E l tren de ios fantasmas que entra en un r e c i n t o obscuro, donde recorre una trayectoria absurda, que da vueltas en la m á s absoluta obscuridad, entre ruidos, v i siones eléctricas y sensación de telarañas, que rozan ¡os rostros de quienes v a n en el carrito, que no se detiene hasta el final del trayecto. E l leatro, donde, los espectadores que creen entrar en una d i v e r s i ó n se encuentran, c o n t r a su voluntad, en pleno escen a r i o p a r a que los. otros que presencian el espectáculo se rían mucho. Una corriente violenta de aire levanta las f a l d a s de las mujeres, que rápidamente acuden a sujetárselas, mientras el público ríe. Descargas eléctricas al t o c a r una b a r a n d i l l a para presenciar un espectáculo. T o do lo que la lógica condena y el absurdo puede admitir. Y el público llena L u na P a r k a todas horas y la gente va y viene en t o d a s direcciones, sonriendo, sin que j a m á s n a d i e p r o t e s t e por los e f e c tos antihumanos de los aparatos, que están preparados para dar sensaciones negativas, que perjudican indudablemente a la salud, sin una compensación real de sensación L a mayoría del público de L u n a Park lo constituyen las mujeres Ellas se divierten mucho en aquel ambiente loco, que ofrece cada rincón algo que en la vida ordinaria no encuentran. Y los hombres van arrastrados por el deseo fantástico de las neoyorquinas, que sienten la a t r a c c i ó n d e todo aquello que las divierte, las hace reír, las encanta, a pesar de que la mayoría de las veces se ve a las muchachas pálidas, con las manos en la frente, como si quisieran detenerse. el vértigo que las sobrecoge. Y en un rincón sufren los efectos cardiacos de las vueltas Luna Park entre dos luces. imposibles a que se sometieron, y los médicos intervienen con frecuencia para evitar consecuencias inmediatas de paralización de los corazones. Pero... ¡no import a! Luna Park hay que vivirlo, hay que disfrutarlo. Para eso está allí. Todo lo que allí. sucede está fuera del ambiente monótono del trabajo de la oficina, y quiere decir ¡una d i v e r s i ó n! Y eso... en estos momentos de pesimismo, de pánico, de depresión ¡E s tanto... ¡T a n t o Por las noches Luna Park, iluminado, tiene un aspecto muy atractivo. S i no tu. viese todo aquello que atrae precisamente por lo mismo que no debiera atraer, L u n a P a r k sería un lugar delicioso para pasar algunas horas del verano; pero Luna P a r k sin sus absurdos, es como un revólver sin balas o una lámpara eléctrica sin corriente. Y las muchachas de Nueva Y o r k tienen por Luna P a r k un culto muy neoyorquino que vive latente en todas ellas y se va difundiendo por todas las esferas de la ciudad. P o r lo menos una vez un neoyorquino debe haber ido a L u n a P a r k y deberá haberse mareado en sus trenes y en sus columpios atroces para recibir el espaldarazo de buen neoyorquino S i a la pregunta d é ¿E s t u v o usted ya este año en L u n a Park? Se respondiese: -No. U n a mujer de Nueva Y o r k miraría a quien así respondiera con cierta curiosidad, añadiendo entre dientes, muy asombrada: -Pero ¡c ó m o ¿E s posible? N o es concebible v i v i r en Nueva Y o r k en verano y no visitar aquel parque, donde el absurdo impera como un reto a la lógica y a la vida. Todos sufren los efectos negativos de todos los aparatos de L u n a P a r k pero nadie lo confiesa. ¡A l contrario! Todos, al hablar de aquellos trenes exclaman: ¡Qué interesante! ¿v e r d a d Sobre todo l a subida de la primera curva... Aquella primera, curva es la matadora Se dice muy en secreto que ha hecho ya varias víctimas; pero ¡q u é n se a t r e v e r á asegurarlo! ¿Snobismo... ¡Indi f erencia... ¡M o d a l i dad de v i v i r eri. los tiempos modernos? ¡Q u i é n sabe... Ese afán de la gente por creer que se está di virtiendo cuando realmente sufre, tiene una psicología, muy profunda, muy cerca del terreno filosófico, que en estos tiempos de desorientación puede dar un ejemplo de paradoja, para sacar, de él l a consecuencia que se quiera ¡Claro que los políticos americanos también estuvieron en Luna P a r k ¡Y a lo creo... ¡N o faltaba m á s 1 U. n detalle de la iluminación interior de Luna Park. ADELARDO F E R N A N D E Z ARIAS 9