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PAR 1 S- C 1 NEMA Tumultes, film populista. Henos ante Po imlista. Se dice a s í populista. U n a palabra nueva puesta en circulación para servir a un concepto viejo. Procede de l a literatura experimental. Existe un teatro Populista balbuciente a ú n y existe una novela populista que tiene ya en P a r í s su premio todos los años. A h o r a bien, aparte de la aplicación sorprendente de l a palabra, no hay detrás de ello nada inaudito. E s a literatura populista es lo que hasta la invención de esta palabra hubo de llamarse literatura popular sencillamente. Esa postura nueva de la literatura popular es obra del ritmo del tiempo. E n cierto modo se trata de una reacción que tiene su origen en lo que se denomina arte proletario. Y el arte proletario no es sino una nueva servidumbre de- la forma, porque ésta no tiene posibilidad de vivir con independencia. Sirvió primero en los palacios de los príncipes, y ahora parece determinada a servir a la revolución social. Pero en ninguno de los dos casos pasa de ser cosa adjetiva. E n cuanto a la literatura no tiene nada que agradecer ni a los príncipes azules ni a los dictadores rojos. Los unos han servido y los otros aspiran a servirse de. ella como de un funcionario inferior, temporal y lamentablemente remunerado. Cuando produce ideas se las apropian ios qué las han menester para gobernar. Y cuando deja de producirlas o no es capaz de ello sucumbe. E n todo caso, ninguna beüleza nueva de la forma puede superar a la ya lograda. Y basta de divagaciones en torno al po pulismo, que no es ésta la razón de ellos. Sírvame de excusa que la película de que aquí se trata es acaso la primera expresión de la literatura populista en el cinematógrafo. Tumultes es eso. Literatura. Literatura popular. Pero de la mejor. N o quiere esto decir ni mucho fteriós que exista una desproporción literatizanfe entre el diálogo y los sucesos. No. A l reyes. E n Tumultes antes que sobrar faltan: las palabras. L o cual no contradice su condición de película con literatura. L o que ocurre es que pertenece a esa excelente calidad de las m á s próximas al teatro que a la linterna mágica. Y a sé yo que tan gran virtud es generalmente interpretada con arreglo a un concepto de la cinematografía contrario a este que yo me permito sustentar. Pero se equivocan. E l cinematógrafo, o es una nueva exteriorización del teatro o no es nada. M e parece perfectamente lícito afirmar que donde terminan las posibilidades de expresión el primero es donde debe dar principio el segundo. Unos ejemplos a c l a r a r á n esta afirmación. Joan Crawford y su marido, Douglas Fairbanks, júnior han llegado a Londres en maje de vacaciones. Su primera visita fué para el Drury Lañe Theatre, donde se representa Cavalcade obra de Noel Catvard, de quien son huéspedes durante su estancia en la capital inglesa. He aquí a la popular pareja de la pantalla yanqui al descender del tren en la estación de Waterloo. Foto Orfis- Kevstone. 1 Primer ejemplo: Ben- Hur, constante punto de referencia. Su teatralidad, su formidable teatralidad es lo que justifica el enorme éxito con el que ha recorrido el mundo. L a famosa carrera de carros, que fué el instante de mayor emoción, no es sino una magnífica escena de teatro imposible de representar por los viejos modos directos. Es decir, que el teatro puede llegar en una representación de Ben- Hur hasta los puestos del circo. Pues bien, allí principió el valor substantivo de l a acción cinematográfica. Esto es evidente. Otro ejemplo: Tumultes. L a escena final de Tumultes es é s t a U n hombre acaba de jugarse la vida y la libertad por una mujer. P o r- una. de esas mujeres a las que llamamos genéricamente una mala mujer Y a otras veces lo arriesgó todo por ella. Pero nunca hubo de experimentar el terrible dolor de aquel momento. Mientras aguarda a que la Polieia le reintegre a la cárcel ve cómo aquella mujer sube hacia su nido- -un nido en el que amamanta a todos los cuervos de los pecados capitales- abrazada a- otro hombre. E l sin ventura les ve cada vez más arriba, detrás de los vidrios de las ventanas de cada rellano de la escalera. S u cara permanece inexpresiva. Pero los ojos del infeliz son dos amargos manantiales de lágrimas. Cuando los eleva, parece que al mismo tiempo que se sumerge en la voluptuosidad de su hondo dolor, busca en el cielo un refugio inesperado. E s pues, el mismo caso de Ben- Hur. Aquí el drama posible, dentro de las l i m i taciones teatrales, se quedaría en el primer peldaño de la escalera y en la primera lágrima. Y el cine lo toma en tales puntos y lo eleva y ofrece el ahondamiento de la emoción. É s decir, que en cierto modo sigue a la vida, que es lo mismo que decir a la realidad sin limitaciones. Tumultes ofrece a la tentación del comentario la particularidad de que en E s p a ñ a no se representará, o no se proyectará, que todo es uno y lo mismo. Igual que ocurre con M ádchen in uniform, de que ya les hablaré a ustedes otro día. ¿P i e r d e n algo los españoles con que sea así? P o r mi parte, no me determino a opinar en este punto. Desde luego, la moral de nuestra latitud es incompatible con ambas películas. Los mismos carteles de P a r í s que en cuanto a esta circunstancia son, por lo común, poco, expresivos, previenen que se trata de films no recomendables para entretener a los señoritos. A h o r a bien; como pieza de orientación cinematográfica- -y ya queda dicho que aludo a Tumultes, porque de Mádchen in unifprm otro día hablaremos- -es sencillamente formidable y ejemplar. E n ninguna otra han llegado los realizadores a vivificar una figura de mujer de manera tan terminante. Todo ha contribuído a esta formidable realidad. L a interpretación de madcmoiselle Florelle, de una verdad casi dolorosa, y el cuplé que sirve de ánima al film, y que ahora empieza a hacerse popular en los bulevares. Sobre la música del compositor alemán E Hollaender, ha escrito Jean B o y e r unas palabras francesas tan exactas y tan sugerentes como las misma imágenes de. la pelicula. N o puede trazarse el retrato de la mujer central de este drama populista ni con más cínica crueldad ni m á s sobriamente. Y he aquí otra aportación inevitable del teatro. S i n los leves versos de la canción no sería Tumultes lo que es. Otro valor substantivo del film: Charles Boyer. Y o no conozco la versión alemana que interpreta E m i l J a n n i n g pero, desde luego, no es posible que supere a la francesa. Charles Boyer es, ni m á s ni menos, que la gran inicial del cinematógrafo francés. Es decir, el esperado primer a o i
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