Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. JUEVES ai DE JULIO DE 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 16. avino el Sr. Besteiro. Declaró con firme con- vicción que era conveniente que la discusión política terminara en aquel momento; y como el Sr. M a u r a insistiera, la mayoría! apoyó con violencia el punto de vista del! presidente. Entonces el Sr. Besteiro decla- l ró terminada la interpelación, entre los I aplausos de los gubernamentales, las pro- testas vivas de los conservadores y idica- j les y les fuertes murmullos de las tribunas gados en los bancos de la oposición. D i j o que los organismos socialistas se mueven libremente, y, si bien los ministros tienen adquirido el compromiso de cumplir los acuerdos que aquéllos adopten, no pueden i n fluir, por el contrario, en sus decisiones. Parte de l a Cámara, con sus rumores, dio a entender que entonces la representación en el Gobierno es onerosa para éste y está disminuida y coaccionada. H a y que descontar en el discurso del señor Prieto aquellos períodos fáciles dichos con brío en la palabra y en el ademán, propicios a la ovación ardiente y entusiasmada de la mayoría. Fueron muchos y oportunos, y lograron su fin. Pero todos no consiguieron destruir esta afirmación; que el veto del partido socialista no v a contra el jeíe del E s tado, n i contra el Sr. Lerroux, sino contra l a posibilidad de una dictadura. E l repliegue de los socialistas estaba bien claro. E n el terreno que pisaba entonces el Sr. Prieto se habían de colocar todos los partidos republicanos, y la misma minoría radical, con su asentimiento, lo demostró claramente. Todo lo demás, es decir, cuanto se refiere a l a posición política errónea del Sr. L e rroux, a sus posibles decepciones con las derechas españolas, a la permanencia necesaria de los socialistas en el Poder y a. -Ja indeclinable orientación de izquierdas de la República, tuvo un carácter de propaganda, más propio del mitin que del Parlamento. L a mayoría, entusiasmada, hizo al Sr. P r i e to- -que es objeto constante de sus predilec- ciones- -una ovación cariñosísima. ¿Hablaba el Sr. L e r r o u x bajo alguna sugestión ignorada? Comenzó su contestación al Sr. Prieto en una forma un poco desviada e incolora. E n vez de continuar su ofensiva contra el Gobierno y contra quienes suscribieron el manifiesto socialista, apadrinado ya por los ministros del partido, se colocó en una actitud meramente defensiva, para recoger y contestar los cargos que se le acababan de dirigir. Con satisfacción, quizá no muy congruente con las reservas mentales que el Sr. Prieto puso en sus palabras, recogió las manifestaciones de éste en lo que respecta al asunto del Sr. March. E l Sr. L e r r o u x consiguió hacerse dueño de su ánimo y de su palabra en l a segunda parte de su rectificación. De un modo l u minoso y preciso fijó su postura política, de transigencia y de cordialidad con todos los españoles. Insistió en su creencia de que la masa neutra del país lia perdido su confianza e n l a República. Acertada o equivocadamente, esos elementos atribuyen los trastornos económicos de España a la participación de los socialistas en el Gobierno. Y como muestra de la precipitación con que se produce el Gobierno señaló el proyecto de Reforma A g r a r i a L a última parte de su discurso la dedica a subrayar las explicaciones del partido socialista de que el manifiesto no significa un veto al partido radical y a congratularse de l a posibilidad de la inteligencia y de la coordinación para el esfuerzo común, en el momento en que persona caracterizada diga que peligra la República. Esta última frase fué muy comentada y se creyó que respondía a la conveniencia general para el régimen de impedir una separación radical de las fuerzas que le prestan apoyo. Quizá el repliegue del Sr. L e rroux en la tarde de ayer obedeciera a esa consideración. Muchcte vieron en ella l a clave. DUPLICACIÓN DE VALORES M A R C A S MÍNIMAS L o s aficionados al juego del B R I D G E deben consultar esta sección, escrita para ellos por Sarcobar. Véanse las P A G I N A S D E B R I D G E en el próximo número de Comentarlos y actitudes illanco y üegro E l señor M a u r a declara que Ja presidencia estuvo desconsiderada con él E l Sr. Maura abandonó el Congreso profundamente disgustado. Algunos iperiodistas le dijeron que el haber dado por concluido ei debate sin que le friera dable rectificar, tenía todos los caracteres de una guillotina. ¿Guillotina? -replicó- D i g a n ustedes más bien una grosería. Luego al volver el Sr. Maura a la Cámara para asistir a la sesión nocturna, se expresó en estos términos: -L o ocurrido ha sido una de tantas desconsideraciones que tiene el Sr. Besteiro con; los diputados cuando l a sesión llega a horas avanzadas, tanto más desconsideración cuanto que se trata en este caso de un diputado como yo que interviene cada tres meses y que no hace discursos que duren más de media hora. E l diputado Sr. Ansó, que estaba en el grupo, hizo observar al Sr. M a u r a que el presidente de la Cámara tenía el propósito de que rectificase, si su discurso no duraba más de media hora y con este motivo suspender la sesión de la noche, dado ya lo avanzado de la hora. E l Sr. Maura no se dio por satisfecho cotí la explicación anterior. Los periodistas le dijeron al S r M a u r a que el Sr. Martínez Barrios había dicho que si tenía interés en rectificar podía hacerlo, presentando una proposición inci dental. -E s o ya lo sé- -replicó el Sr. M a u r a- pero no pienso hacerlo, porque ello supondría una polémica con la presidencia, protestas en la mayoría y la verdad yo no quiero guerra ni polémicas. P o r último, refiriéndose el Sr. M a u r a al discurso pronunciado esta tarde por el señor. Prieto, d i j o -H o y se ha trasladado la cabecera del banco azul a la cola. Ese es un discurso sin sofismas y sin camelos. Los discursos d e l o s M a u r a y Azaña señores E l Sr. Maura quiso sacar del debate las consecuencias que apartó de su camino don Alejandro Lerroux. Con su vehemencia característica, el orador habló del divorcio entre el Parlamento y la opinión pública; entre el Gobierno y la calle. L a mayoría se sintió intranquila, sobre todo cuando el Sr. Maura aludió al problema del Estatuto de Cataluña y al pacto acordado entre el presidente del Consejo y la minoría catalana, a principios de este año; acuerdo que consistía, por parte del Gobierno, en conseguir la aprobación del Estatuto, y por parte de la minoría catalana en prestar sus votos al presupuesto general del Estado. Claro es que esta afirmación y la de que el Estatuto repugna a l a conciencia nacional, encontraron vivísimas interrupciones de los catalanes y de los amigos de los catalanes, hasta el punto de que se creyó posible el temido escándalo parlamentario. Mas otra vez el instinto de conservación de la mayoría se sobrepuso a cualquier género de consideraciones. E l señor Maura pudo decir incluso que el Gobierno detenta el Poder y que las oposiciones no tendrán otro camino que el de ponerse en contacto con la opinión pública, por medio de la manifestación y el mitin. Tras una breve intervención del señor Balbontín, para asegurar que el Gobierno no representa a nadie, n i a las izquierdas n i a las derechas, y que el Parlamento, por ser un conglomerado monstruoso, está incapacitado para una obra constructiva, hizo uso de la palabra el presidente del Consejo. De su discurso, en el que reafirmó su posición de absoluta inteligencia con los socialistas frente a las oposiciones republicanas, hay que destacar dos afirmaciones de interés: una de ellas, congruente con el repliegue de que hablábamos antes, consistió en decirle al Sr. L e r r o u x que por parte de los grupos republicanos integrados en la mayoría, o por lo menos, de los amigos que le siguen, no habrá el menor inconveniente para que gobierne el jefe radical. L a otra produjo asombro en los adversarios y desconcierto en los amigos. D i o a entender el Sr. Azaña que la opinión pública no es un fetiche, al que hay que reverenciar siempre. A veces es injusta y está equivocada, y el hombre político hará bien en desentenderse de ella, concepto que a juicio de algunos comentaristas, es de un acusado fascismo. L o s rumores de las oposiciones advirtieron al Sr. Azaña de lo atrevido del concepto, y entonces aclaró que el político está en la obligación de acudir a esa opinión errada, para convencerla y convertirla. Quizá por primera vez en todas sus i n tervenciones parlamentarias el Sr. Azaña abandonó el tono frío y desdeñoso que le es connatural, cuando rechazó la afirmación del Sr. Maura de que existía un pacto con la minoría catalana. D i j o cosas fuertes, duras, con ademán casi agresivo, dirigiéndose al Sr. Maura. Y no hay que decir que la mayoría le aplaudió con el mismo calor de siempre. M u y avanzada ya la hora- -eran cerca de las diez de la noche- -se levantó el señor Maura para rectificar; pero ante la clara fatiga de la Cámara solicitó de la presidencia que el debate no se diera por concluso y se reanudara en la sesión de hoy. No se E l señor C o m p a n y s deseaba i n tervenir y su propósito se ha frustrado E l jefe de la minoría catalana pensaba intervenir en el debate político y así lo manifestó a los periodistas. L a forma, algo violenta, con que la discusión terminó, le i m pidió solicitar l a palabra. -Y o creía, y sigo creyendo- -dijo- qué es conveniente la definición de actitudes de todos los grupos parlamentarios. Esto contribuiría a conseguir un rumbo y una orientación. Lamento, por tanto, que la interpelación haya terminado. E l señor Martínez Barrios opina que el debate tendrá consecuencias A l llegar anoche a la Cámara el ex ministro radical Sr. Martínez Barrios fué interrogado por los periodistas sobre su opinión acerca de la suspensión del debate político por el Sr. Besteiro, sin permitir rectificar aj Sr. Maura:
 // Cambio Nodo4-Sevilla