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AUTOR DRAMÁTICO Y CERILLERO Los periódicos de Londres nos cuentan que el conocido autor dramático Percival M Sykes, reducido a la miseria, tiene que vender cerillas ¡por- la calle para medio ayudarse a subsistir. L o peor es que le han descubierto porque los acreedores de otrc tiempo, o acaso los proveedores de cerillas, se han querellado contra él por deuda, y lo mejor, que ante la promesa de una obra nueva que yace, a falta de copia, entre los papelo 7? í y Venció y El viejo Perkins- -buenos éxitos de sü época de auge- los ingleses de M r Sykes, apiadados le su paisano, han consentido en esnerar hasta octubre. Por lo visto, estas habas de los escritores miserables se cuecen en todas partes. Míster Sykes, como cualquiera de nosotros, se dejó engreír por los aplausos, creyóse que todo el monte era Orégano y dio en el mal pensamiento de ajustar las necesidades de su v i d a a la Cuantía de unas liquidaciones que tomó como renta segura y vitalicia. S i n duda, se mudó de casa, y buscó sitio m á s céntrico de acuerdo con la importancia de su nueva profesión; compró muebles nuevos para el despacho, y un automóvil, y una pianola, y un fonógrafo, y un aparato de radio; se inscribió como socio en varios Círculos, y dio en el hábito- de tomarse un whiskey and soda, como aperitivo, otro como digestivo, otro en la merienda y otro a guisa de hipnótico; total: un mínimum d e seis wkiskeys diarios, y así, mientras le subía la presión arterial, y el cuerpo se le acostumbraba a lo bueno iba descendiendo su l i quidación de autor, porque -1 público le volvía la espalda, acaso porque míster Sykesno sabía repetirse y. presentar con diferente vestidura siempre la misma obra, que es una de las recetas infalibles para enriquecer a un dramaturgo. N o supo, esta astilla de Shakespeare, que el dinero del teatro suele ser como los dineros del sacristán, que vienen y se van cantando, v que entre los que se dedican al arte, pintores, escultores, literatos, autor o actor ele dramas, compositor, o tenor, o torero, los menos, los elegidos, los geniales o los favorecidos por lá fortuna- -tah raro es tener suerte corno tener talento, y las dos cosas a la vez, más raro todavía- -son los que triunfan, y los más van muriendo envueltos en una engañosa ilusión de gloria mucho m á s terrible todavía que la miseria absoluta y verdadera. Í S e l a u t o r d e E n fin, Jos acreedores de míster Sykes esperarán hasta octubre: seguid el ejemplo, queridos ingleses; míster Sykes es casi seguro que ios dejará esperar un poco más, mientras él a su vez, espera, que es la gran ciencia de la vida: esperar, esperar el triunfo o la muerte, que, al fin y a la postre, todo es vencer. FELIPE SASSONE MASCARA EXÓTICA E l an Porto- Riche o el teatro de amor N o suelen estar traducidos siempre los mejores autores franceses a nuestra lengua vernácula. P o r razones que no vamos a desentrañar ni estudiar ahora, generalmente el teatro francés exportado no es el mejor ni el m á s interesante. Porto- Riche es uno de los dramaturgos franceses en los que menos han parado mientes nuestros traductores y los de otros países; y, sin embargo, su teatro, asaz considerable e interesante, bien merece ser vertido a otros idiomas. Pero hasta ahora apenas ha tenido suerte en este sentido. ¿E s por lo poco que ha producido? Quién sabe! L o cierto es que apenas ha salido de Francia. Tampoco Porto- Riche ha sido muy afortunado con la crítica. H a padecido, como pocos autores franceses, la dura diatriba, la cólera ajena, el comentario violento, en lo que se distinguió inadame Henriette Charasson recientemente, que le llamó el Racine j u d í o en sentido despectivo. S u semitismo real o figurado le ha granjeado una amplia e insospechada hostilidad. Y sin embargo, su teatro de amor es cada vez m á s interesante y, siempre se lee o escucha con atención. Jorge de Porto- Riche tiene un peculiar concepto del amor. Para él, el sentimiento del amor radica en el goce eminentemente sensual, carnal; amor es erotismo, voluptuosidad... Concibe el amor como una pasión enfebrecida, corroída de npetu lujuriante. E l amor, para Porto- Riche, es instinto carnal, no exaltación divina ni sentimiento idealista. A m o r es paganía, que no lirismo. L o curioso de Porto- Riche es que en sus comienzos fué un romántico fuertemente influenciado por H u g o un romántico que, aunque apuntaba ya el eterno sensual de después, no hacía columbrar apenas nada del fuerte y áspero erotismo que luego había de caracterizar su producción. S i Curel llevó al teatro francés un teatro de ideas basado en las eternas inquietudes que azotan a la Humanidad entera, PortoRiche, m á s limitado en su acervo temático- -en todos los sentidos de extensión e intensidad- llevó a la escena gala todas las preocupaciones y sentimientos de la más encendida amorosidad. E l poeta, como Verlaine, cantó La tristeza horrible de la carne inmunda, que dijo D A n nunzio, y en su libro de poesías Bonheur manqué, libro que le define y caracteriza de una vez, está la esencia sensualista de todo su teatro, que se diría escrito bajo la dura tensión espiritualista de una especie de ráfaga, de locura afrodisíaca. Porto- Riche recuerda un poco a D A n n u n zío. N o ciertamente en la forma ni en la técnica, sino en el fondo; como él, ha sentido la secreta comezón de todas las inquietudes placenteras y llevó al teatro lo que Prevost introdujo en la novela: una morbosa sensualidad. doliente. Es Enamorada, estrenada en 1891, la obra con que empieza a mostrarnos su ideología, que parece puesia bajo iá advocación Os Proteo. E s también, como si dijéramos, su obra m á s representativa y característica. Técnicamente hablando, Enamorada es una pieza perfectamente lograda y resuelta con la m á s prístina sencillez. Es la obra de la mujer exacerbadamente sensual que todo lo pospone a su fogosidad inaplacable. Casada con un hombre de ciencia cuyo espíritu está enraizado también en una sensualidad agotadora de la que trata de emanciparse para poderse dedicar a sus investigaciones científicas, es feliz en su matrimonio; pero una disputa un día con su marido la colma a ella de despecho ante la actitud del esposo y se entrega al amigo íntimo, un pintor fracasado. Cuando va a acabar la comedia es cuando empieza el drama; un drama íntimo, que ni se ve ni se representa, pero que adivina el público, drama de dolor y sufrimiento de los tres, pues aunque reanudan su existencia de amor, ya no es, ya no será nunca con la gozosa expansión de antes. S u placer llevará siempre, como un estigma indeleble, el recuerdo ponzoñoso, doliente, del pasado pecado. E n Enamorada está íntegro todo el teatro de Porto- Riche; todas sus piezas dramáticas tienen insospechadas concomitancias con la obra citada: Teresa, la heroína de El viejo, es un tipo fraterno de Germana, la ardorosa protagonista de Enamorada. Puede decirse que es l a antítesis de nuestro teatro calderoniano y de los dramas de Echegaray. Los héroes de Porto- Riche no gustan de actitudes enérgicas. Felipe, el marido engañado de Los Malfilatre, prefiere seguir con ella, aun sabiéndose engañado y padecer la afrenta, a sufrir la separación, que para él sería m á s doloroso... Y Daniel, el protagonista de El vendedor de estampas, acaba finalmente perdonando también a Fanny. E n el teatro de Porto- Riche, en fin, está el germen del Cocu magnifique... ¿Teatro muy francés? M u y de estilo exportación, desde luego; teatro del triángulo famoso: marido, esposa, amante... Choca a nuestra psicología, a nuestro temperamento. Y nos hace pensar un poco en las palabras escritas por un inteligente comentarista francés: E l teatro en F ranciá da una idea equivocada del ambiente de París. N i las francesas son heroínas, de Bataille, ni los franceses héroes de Porto- Riche. Las historias de amor o, mejor, las historias de amantes que Porto- Riche nos cuenta en sus comedias en prosa, se disocian un poco de sus obras en verso, donde pierden toda la fuerza emotiva, todo el heroísmo desgarrado de sus producciones m á s características. Entonces Porto- Riche es m á s poeta que dramaturgo, y pierde su producción ese calor de humanidad y esa plasticidad extraordinaria que se advierte a lo largo de su v i brante y apasionada producción teatral. Porto- Riche triunfó por su labor teatral y por su temperamento extraordinario y decidido. P o r su fe en sí mismo y en su obra, que no es otra cosa que sus sensaciones dramatizadas. Vanidoso y optimista a un tiempo, tenía m á s enemigos que admiradores, y aunque siempre es preferible ser envidiado a ser envidioso, su gloria l a conquistó con esfuerzo y fueron muchos los que trataron de hacerla jirones... Pero apenas podían ni con el hombre ni con el dramaturgo. Se cuenta de él una anécdota de su juventud que ya le retraía. U n a vez se encontró con Renán en Ñapóles. N o era aún ni autor dramático y mucho menos académico. Apenas poeta... ¿C ó m o se llama usted? -le preguntó paternalmente Renán. ¡A h! ¡Y o no tengo todavía nombre, s ñ o r -l e contestó jactanciosamente P o r t o Richc. E. E S T E V E Z- O R T E G A t Como no es cosa de exigirle al Gobierno una protección para la ineptitud, bueno será convenir en que tenían razón nuestros abuelos cuando consideraban el arte como ornato para cultivarlo en los ocios que nos dejara el empleo o la carrera, y así, en vez de pintar, o entallar, o esculpir, o componer m ú sica o pergeñar comedias, ir pensando seriamente en trabajar. Porque según se van poniendo las cosas... Claro está que para caer en todo esto no me ha hecho falta el ejemplo de míster Sykes; lo sé por el sabor de mi tabaco, que ya en lamentable metamorfosis ornitológica son canarios las águilas de otrora; lo sé un poco in anima vili, y válgame el eufemismo del latinajo. Pero vo puedo asegurar que no venderé nunca cerillas por esas calles de D i o s preferiré tomármelas disueltas en aguardiente, único remedio desde que no tengo mi revólver, un magnífico Smith y Welson legítimo, calibre 32, que entregué h a r á poco menos de un año, por orden del Sr. Galarza, inolvidable como mi arma y que yo guardaba cuidadosamente porque era la llave de mi prisión. Ahora, para salir de esta, tendré que esperar, á que me liberte ma angina de pecho, o un ataque de uremia, o ana congestión cerebral, o una teja, o un automóvil, o a que me envenene mi Propia prosa leyéndome a mí mismo una de las cotiedias qvtc tengo por estrenar. S e p t i e m b r e 3932. P r e c i o tloscie ritas. 1.700. V i a j e a L o n d r e s v P a r í s agosto 1932. D e gal! 12, M a d r i d EXCURSIÓN A EUROPA CENTRAL talles; V I A J E S S O M M A R I V A P i y Mar- 1 v n i T i r T ¡r r n r ITT T r-