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DIARIO ILUSTRAVIGE- DO. AÑO S) MOCTAVO 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. BC ¿TENDREMOS U N V E RANO FRESCO? Preparémonos a pasar un verano un poco irlo. (Alfonso Berget. DIARIO DO. ILUSTRAO A Ñ O V 1 G E- SIMOCTAV 10 C T S N U M E R O D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A SANIDAD COLONIAL Los mfidicos coloniales han denunciado al Gobierno los deficientes servicios de- lá sanidad en Fernando Póó. F A N AT 1 S M O ...La primera condición para que este p r o y e c t o se realice es creer obstinadamente que se realizara. (Del diario en publicación de Andrés Gide Hemos leído una nota en la Prensa, en l a que los médicos coloniales- censuran ios servicios sanitarios de Guinea. A la censura acompañan unas cifras pavorosas de la en- fermedad del sueño: Nosotros, un poco conocedores de lo que en la Guinea sucede, no hemos de pararnos en lo que, de personal tiene la nota en el ataque. N o creemos achacable a un hombre soio. por muy director que sea, de los deficientes servicios, mejor diríamos desorganizados, servicios de; sa- nidad de la colonia. Descartado esto, nos parece que ya va siendo hora de que los P o deres se ocupen de aspecto tan fundamental para Guinea como es la sanidad. S i n recur r i r a cifras, que puedan aumentar los recelos de. que ya es víctima la colonia, opina- mos que urge organizar la colonia en varios aspectos, empezando por este fundamental. N o hay razón para que todavía no Haya sido dominado el paludismo, que no se haya organizado una verdadera cruzada contra el paludismo. Sospechamos que los elementos con que se cuenta no están adecuadamente acoplados, y que, por tanto, su rendimiento no es eficiente. H a y médicos que podrían prestar un gran servicio y qué están inactivos, o poco menos, por causa ele la desorganización de que hablamos. Mécliccs que van al lugar de su destiño, se encuentran con que no tienen casa; y como no pueden v i v i r a estilo bubí, tienen que replegarse a Santa Isabel, donde no hacen falta. U n a actividad sin rendimiento, sin campo de acción, una experiencia malograda, un s u e d o m a í gastado. L o s médicos, como los soldados; si no despliegan no combaten. N o se pueden dejar sorprender por la invasión. E l médico colonial no debe limitarse a una misión der fensiva. L a ofensiva debe ser la norma del médico colonial. N o es suficiente para la sanidad de una colonia con visitar al enfermo, hay que ir. a evitar l á enfermedad, destruyendo sus causas; conocidísimas. E n G u i nea, conocido el sector de las enfermedades, todo; se reduce a un problema de saneamiento, h i g i e n e aislamiento. A un problema de organización, de acoplamiento, de método en los trabajos, y si fuera posible libre de esa influencia personal que tanto se mezc a y enreda en nuestras cosas, y que no sé por qué se acentúa tanto en nuestra colonia. I n fluencia personal que tiene mediatizada la sanidad, coaccionada la Cámara Agrícola, entorpecida toda gestión de altura, para que la colonia marche sin tanto lastre como la pesa y retarda. E n Guinea hay dos cuestiones eternamente viejas, que en vez de resolverse se agravan: sanidad y braceros. N o son de hoy, son de siempre; no son de un hombre, son de una deficiente organización. Pero ya no es el lamento de un colono, ni la protesta pasajera, aunque razonada, de un periódico. Voces desatendidas por los que. encuentran más cómodo desentenderse que atender. E s e l cuerpo médico colonial el que se asusta del estado sanitario, que, sin compartir inculpaciones, es un hecho que subrayamos. ¿Se irá a una política sanitaria decidida, o será una lamentación m á s desatendida? G. CORROCIIANO E l astrónomo í r a n c é s al anunciarnos un verano con temperaturas bajas, atribuye esa anormalidad a l a reciente. erupción volcánica de Sudamérica. S e g ú n ese sabio, una gran parte de las cenizas despedidas por los v o l canes siguen flotando en la. atmósfera durante mucho tiempo, y absorben, parcialmente IQS. rayos solares. Varios precedentes, entre ellos las erupciones del Krakatoa y del K a t mai, dos volcanes: muy respetables por su magnitud, seguidos de un sensible enfria. miénto- de las altas capas del. aire, parecen abonar aquélla profecía. Pero, ¿tendrá plena confirmación en la realidad? Hasta el presenté, lo que va transcurrido del verano no depone enteramente en favor de esa prévi. sión. Cierto que hemos. tenido días lluviosos, que nos; recordaran, por la frescura del ambiente, la estación otoñal; pero no. es menos verdad; que esos retrocesos del t e r m ó metro nos fueron compensados. con pesadas horas tórridas, de, las cuales se defienden los bienquistos de- la fortuna, instalándose en el campo s e n la playa. Bajando ayer uno, y hoy otro, hemos llegado al último escalón. L a razón, humana parece haber presentado la dimisión de su altísimo cometido. Y a no razona, función que como natural le c o m p e t í a cree. L o que ocurre sería profundamente desconcertante, si no tuviese una sencilla y fácil explicación. L o s hombres niás apartados de la fe, los que de la fe han hecho burla, hoy la recomiendan como clave de todas las soluciones del orden natural y simplemente humano. Nadie descubriría el alcance de la recomendación si no se le pusiese bajo sus ojos. A n d r é s Gide, el conocido economista, tocado de la manía bolchevista, nos dice que, para que el bolchevismo triunfe, la priinera condición es que crea. mos obstinadamente en su triunfo. Y no lo dice tan sólo con el. dogmatismo del visionaria; añade al decirlo la acometividad del sectario. A loa hombres de. fe los reprocha su: falta de fe. ¿P o r qué consideración- -viene a decirles- -los que maAunque la hipótesis de. las cenizas flotan- yores dudas oponen al triunfo del bolchetes que se interponen Como una espesa cor- vismo son precisamente los -creyentes- qt v. condenaban la duda, en cuanto afectaba a tina entre el sol y la tierra rio carezca dé apresto científico, va qué se funda en el prm- sus convicciones religiosas? cipió de gravedad, B. ó. faltarán astrónomos Hasta ahí se ha llegado. L o s que todo l o que la. contradigan, jlá meteorología, es una fiaban a la razón, hoy lo esperan de la fe ciencia que dista muelíó todavía de la maque antaño vilipendiaban, y exigen de los durez. Sus vaticinios vsóri. vacilantes y de vilipendiados lo que fué objeto del vilipencorto vuelo. L a teoría y. la observación condio. ¡Magnífico porvenir el que se abre en cnerilan en afirmar que, dentro de n u c i r o s el sigio xx- -inventor de la palabra caver. conocimientos actuales, la predicción del nícola -a la razón humana! tiempo es una quimera- -escribía í l a m m a H a b r á que decir a los vesánicos por qué rión- L a atmósfera, sin ser impenetrable, están locos- -o se hacen los locos- -y en qué no facilita e l conocimiento de sus vicisitudes. consiste su locura. Todo menos consentir U n gran número de estaciones meteorológique se figuren que nos chupamos el dedo. cas, diseminadas por toda la superficie del E l que cree en una cosa no tiene por qué globo terráqueo, registran a horas fijas la creer en otra. Digo m á s el que en una matemperatura, la presión barométrica, la Imteria es creyente, no debe serlo en otra: piedad y l a dirección y velocidad del viento, Creer y saber son dos operaciones tan disexaminan el estado del cielo y transmiten sus tintas como diferentes son los términos. observaciones al servicio. central, que las Quien cree, no sabe por s í quien sabe, no. ordena y las compara entre sí. L a suma de necesita creer... Quiere decir lo escrito que los resultados consta en una carta, en la cual la creencia tiene su lugar en esfera en que aparecen, en torno de una curva, todas las la razón es incapaz de actuar, y que en la estaciones. Se obtiene así una red de curpropia no hay cabida para ella. vas, que revelan las altas y las depresiones A n d r é s Gide, por lo tanto, subvierte por barométricas, signos del tiempo que va a entero la condición del entendimiento huhacer. mano. Y la subversión obedece a qué, no encontrando su, delirio bolchevista razones A h o r a bien; como, según el astrónomo D u con que justificarse, desnaturaliza el orden claux, no ha habido, seguramente, desde que racional y sé ve forzado a desnaturalizar el mundo es mundo, dos días completament a m b i é n e l Sobrenatural. Faltándole, la rate idénticos, esas observaciones y esos dazón, apela, asla fe como criterio de la n i i s tos son de un valor aleatorio. Por otra ma, y! a fe no lo es, ni es fe la obstinación parte, quién nos asegura que el tiempo no en aceptar cónio cierto lo que, cayendoesté influido por otros fenómenos cósmicos, dentro de l a ó r b i t a racional, carece de funque aquellos aparatos de precisión no regisdamentos racionales. tran, como la posición y la actividad del sol, el movimiento de los planetas, las perSe persigue la. fe en donde debe florecer; turbaciones magnéticas, las auroras boreaics, se pretende imponerla donde no puede arralla variable intensidad luminosa dé las estre- gar. Se. expulsa la razón de donde puede y llas v Ta acción, todavía misteriosa, de la debe desempeñar Su excelso magisterio; -se luna? De ese suelo tan poco firme arrancan condena sin apelación que no ocupe cate- las predicciones de la meteorología, ¿cómo dras no creadas para. ella. U n desquiciafiarnos de ellas? Provisionalmente, lo m á s miento espiritual inexplicable, inoui. etante y prudente es creer que de aqui a mediados arrollador nos avasalla sin remedio. de septiembre, el d r i l y el ventilador son N o nos forjemos ilusiones. Nos hallamos más. útiles que el paño y la salamandra. bajo el cetro orninoso del fanatismo. r MANUEL B U E N O VÍCTOR. PRADERA.